Lillo.

Lillo.

«—Una noche se me apareció, en sueños, Nuestro Señor, y me ordenó que me fuera por el mundo para que mi castigo, confundiendo a los incrédulos, sirviese de ejemplo a los malos hijos.
Los padres y las madres clavaron en los rostros confusos de sus juveniles retoños una mirada que parecía decir:
—¿Han oído? ¡Esto es para ustedes! ¿Olvidarán la leccioncita?».

El vagabundo.

Baldomero Lillo.

¡Lo terrible no es la llegada de la muerte, sino el adiós a la vida!¹

¡Lo terrible no es la llegada de la muerte, sino el adiós a la vida!¹

«Alguien me arrastra.
      La pena me arranca lágrimas que dejan surcos blancos.
      ¡Por favor!, suplico. Y, al abrir la boca, los dientes se clavan en el suelo y pierdo la mandíbula. Manos, orejas se desprenden de mi cuerpo como terrones secos. Es como si fuera desarmándome a cada paso. No hay dolor, pero siguen arrastrándome. Huelo un aliento espantoso y no necesito adivinar de quién es. Ella me suelta y apunta hacia mí con un dedo mugroso, uñas más negras que la noche de la Muerte.
      Tenía muchos sueños por cumplir, pienso. No es justo.
      
Mi pecho se abre y el corazón se me cae como una manzana podrida.
      La Muerte ríe. Tanto, que el universo —o donde fuese que estoy— retumba como el rugir de una tormenta.
      Una tormenta que ahora se apaga, más y más en la Noche infinita».

El secreto de Morfeo.

Víctor Coviello.

¹ Maurice Maeterlinck.

Minientrada

Krae.

• MINIFICCIÓN •

Exposición Arriesgada.

Judas Krae

El museo anunció la próxima apertura de una exposición arriesgada. «Traiga sus propios monstruos», rezaban las invitaciones que recibieron en sus buzones los habitantes de la ciudad. Al principio venció el desconcierto, la reserva y el escepticismo. Pero a medida que el día del estreno se aproximaba, fueron llegando, a cuentagotas, los hijos de los pederastas, las mujeres maltratadas, los hermanos de los caníbales, las madres de los parricidas.
Uno a uno, tocaron con sus nudillos fríos la puerta trasera del museo, susurrando con voz queda y trémula, para deshacerse de sus monstruos y sus martirios.