¡Lo terrible no es la llegada de la muerte, sino el adiós a la vida!¹

¡Lo terrible no es la llegada de la muerte, sino el adiós a la vida!¹

«Alguien me arrastra.
      La pena me arranca lágrimas que dejan surcos blancos.
      ¡Por favor!, suplico. Y, al abrir la boca, los dientes se clavan en el suelo y pierdo la mandíbula. Manos, orejas se desprenden de mi cuerpo como terrones secos. Es como si fuera desarmándome a cada paso. No hay dolor, pero siguen arrastrándome. Huelo un aliento espantoso y no necesito adivinar de quién es. Ella me suelta y apunta hacia mí con un dedo mugroso, uñas más negras que la noche de la Muerte.
      Tenía muchos sueños por cumplir, pienso. No es justo.
      
Mi pecho se abre y el corazón se me cae como una manzana podrida.
      La Muerte ríe. Tanto, que el universo —o donde fuese que estoy— retumba como el rugir de una tormenta.
      Una tormenta que ahora se apaga, más y más en la Noche infinita».

El secreto de Morfeo.

Víctor Coviello.

¹ Maurice Maeterlinck.

Cautivo.

Cautivo.

«La vida se convirtió en algo realmente duro para ellos. No les quitaban los cepos y no les dejaban salir al aire libre. Les tiraban masa sin cocer, como a los perros, y les bajaban agua en una jarra. Hedor en el pozo, calor, humedad. Kostylin enfermó definitivamente, estaba hinchado y le dolían los huesos; lo único que hacía era quejarse o dormir. Y Zhilin, desanimado, veía que las cosas pintaban mal. Y no sabía cómo salir de allí. Empezó a excavar, pero no había dónde tirar la tierra; el amo lo vio y le amenazó con matarlo».

-El prisionero del Caucaso.

León Tolstói.

Minientrada

El futuro que ya es hoy.

• MINIFICCIÓN •

Hambruna.

Miguel Ángel Molina

El hambre asola a mi país. He sobrevivido un tiempo hirviendo libros y cinturones de cuero, pero las reservas se acabaron. Hace días que Nessy no maúlla y anoche fue la última vez que ladró Zar. Esta mañana engullí las sopas de letras de unos autodefinidos y para comer he devorado el bodegón de mi extinta colección de pintura. Anochece y mi imaginación se agota. Escribo esta carta para que se sepa cuánto hemos penado. Es breve porque he aprovechado algunas palabras superfluas para engañar a mi estómago. Malditas sean las guerras y l_s gobern_ntes q__ nos mat_n d_ h_mbr_.