Todo se desvanece rápidamente.

Todo se desvanece rápidamente.

«Axel asintió, sonriendo interiormente ante la tentativa de su mujer para tranquilizarle. La entonación con que ella había pronunciado la palabra “todavía” revelaba su propio conocimiento del próximo fin. De hecho, restaba una escasa docena de flores de los cientos que habían crecido en el jardín, y en su mayor parte eran tan sólo capullos. Solamente tres o cuatro habían alcanzado la plenitud. Cuando caminaban hacia el lago, Axel trataba de decidir si debía arrancar primero las flores desarrolladas o dejarlas para el final».

El jardín del tiempo,
James Graham Ballard.

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Obviar.

Obviar.

• MINIFICCIÓN •

La velocidad de lo efímero.

Rosa Delia Guerrero

Sólo era cuestión de tiempo, su vida se había convertido en un caos vertiginoso, atrapado en lo cotidiano. Un día Hong Kong, otro Nueva York y luego, quizá París. Envuelto en la soledad de los días escurridos de prisa sobre las manecillas del reloj. Todo ocurría a tal velocidad que parecía no suceder. Vivía en una ficción, tejida en forma de laberinto, sin imaginarlo lo atrapó por siempre.
Una mañana, o ¿era el atardecer?, subió a un tren. Sentado en la quietud de un compartimiento vacío, viajaba a gran velocidad. Nunca se detuvo a mirar el sol.
La muerte apareció puntual a la cita, ataviada con un vestido de seda negro, lo sedujo poco a poco.
Él la confundió con la rutina y la abrazó.