«Pasaron años y más años. Los chicos y las chicas crecieron mirándose estúpidamente extrañados: el amor había huido de la tierra. Un día, una chica que no había visto nunca una flor, se encontró con la última flor que nacía en este mundo. Y corrió a decir a las gentes que se moría la última flor. Solo un chico le hizo caso, un chico al que encontró por casualidad».
La pesca había ido bien. Aquel día con el mar agitado, la red estaba llena de peces muertos de todo tipo. Manuel llegó a casa y pidió a su mujer un pescado a la plancha. Luego, una tormenta. Fue todo, al día siguiente el médico diagnosticó escombroidosis. Manuel no volvió a pescar. Manuel no volvió.
«—Todo lo que usted me dice ahora es muy triste, señor Abad; pero una cosa me consuela, y es que allá arriba, en el paraíso de las estrellas, seré todavía el Delfín… Sé que el buen Dios es mi primo y que sabrá tratarme como corresponde a la altura de mi rango. Luego añade, volviéndose hacia su madre: —¡Que me traigan mis más bellos vestidos, mi jubón de armiño blanco y mis escarpines de terciopelo! Quiero hacerme fuerte ante los ángeles y entrar en el paraíso vestido de Delfín. Por tercera vez, el capellán se inclina hacia el pequeño Delfín y le habla nuevamente en voz baja… En medio de su discurso, el niño le interrumpe con cólera: —¿¡Pero entonces, grita, esto de ser Delfín, no sirve absolutamente para nada!? … Y, sin querer atender a nada más, el pequeño Delfín se vuelve hacia la muralla, y llora amargamente».
Quiero darle las gracias a la muerte cuando venga, pues ahora el plazo se vencerá demasiado pronto como para que me sienta capaz de seguir esperando. Sólo tres cortos días de otoño más y sucederá. ¡Qué ansioso estoy de que llegue el último instante, el último de todos! ¿No debería ser un instante de dicha y de indecible dulzura? ¿Un instante de máxima sensualidad?
Tres cortos días de otoño y la muerte entrará aquí, en mi habitación. ¿Cómo se comportará? ¿Me tratará como a un gusano? ¿Me agarrará del cuello y me estrangulará? ¿O meterá su mano en mi cerebro? Sin embargo, ¡yo me la imagino grande y bella, de una majestuosidad salvaje!».
«Cuando los cortejos fúnebres que pasaban cerca del corredor se hicieron muy frecuentes, la maestra nos obligó a permanecer todo el día en el salón oscuro y frío de la escuela.
Los indios cargaban a los muertos en unos féretros toscos; y muchas veces los brazos del cadáver sobresalían por los bordes. Nosotros los contemplábamos hasta que el cortejo se perdía en la esquina. Las mujeres iban llorando a gritos; cantaban en falsete el aya-taki, el canto de los muertos; sus voces agudas repercutían en las paredes de la escuela, cubrían el cielo, parecían apretarnos sobre el pecho».
Estás muerto cuando deja de atraerte el placer, cuando ya no piensas más que en evitar el aburrimiento y no te importa que tu vida sea más ausencia (de dolor, de pasión, de entusiasmo) de contenido
«Soy un dios atado a este mundo. Aquí abajo nada es gratuito, todo tiene su precio. A cambio de nuestros cuerpos, necesitamos aire y alimento. Al final, la Vida misma no es más que un préstamo. Tú mismo, al morir, tendrás que devolver ese cuerpo que te fue dado cuando empezaste a existir».