Acritud.

Acritud.

«Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo alcé en brazos, pero, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la mano. Al punto se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi cuerpo; una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Sacando del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras sujetaba al pobre animal por el pescuezo y, deliberadamente, le hice saltar un ojo. Enrojezco, me abraso, tiemblo mientras escribo tan condenable atrocidad.

-El gato negro

Edgar Allan Poe.

IMPLOSIVO.

IMPLOSIVO.

DESCANSAMOS LOS MARTES •

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NACER

Cruza el umbral. Cadencioso, escandaloso.
Viene al compás de sonidos de guerra, y de un tajo, la luz le encuentra, le absorta.
Brillos de luz, atenta mirada. Latidos sonoros.
Palpita ansiedad; dos almas, es su encuentro, es pasión. Es llanto.
Todo viene, o va, no sé.
Grita confusión, explicación.
Vibra en sentimiento poderoso, inusual.
Los bordes del camino allanaron su dolorosa llegada.
Más no por esto es conmiseración, es gloria. La dicha es grande y es suya.
Ha nacido, es nacer.
Todos lloran, todos gritan. Es felicidad que explota, es bendito, poderoso.
No es inmune y lo parece; pero es fuerte, y ha nacido. Es nacer.

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Patidifuso.

Patidifuso.

• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •

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LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS.

1989

«—Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana. Y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, los negocios, la ingeniería, son carreras nobles y necesarias para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romance, el amor, son cosas por las cuales vivimos.»

JOHN KEATING
ROBIN WILLIAMS

Bon voyage, le vie.

Bon voyage, le vie.

«Las calles me pertenecen, pero no hay casas; fueron desde la niñez destruidas. Sus habitantes vagan por el aire en busca de alojamiento.»

MARC CHAGALL.

Bataille de fleurs
1967
Marc Chagall
Le pont bleu
1968
Marc Chagall
Lune rousse au Cap de’Antibes.
1969
Marc Chagall
Pretérito.

Pretérito.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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ENCALLAR
Marco Mendoza
Colección privada 2014

Los lugres que habitamos nos dejan una huella imborrable, penetrable. Son sitios que guardan recuerdos, experiencias y también uno que otro malestar por olvidar.

Recorremos lugares con aprecio; maravillando la vista, llenando la mente y el corazón de recuerdos. Somos animales de costumbres y solemos acostumbrarnos fácilmente a aquellos sitios de beneplácito, donde, como bien dice la canción: ‘uno vuelve siempre…’

“[…] Uno vuelve siempre
a los viejos sitios
donde amó la vida.
Y entonces comprende
cómo están de ausentes
las cosas queridas.
Por eso muchacho, no partas ahora
soñando el regreso,
que el amor es simple

y a las cosas simples, las devora el tiempo…”

Comp. Julio C. Isella / Armando Tejeda.

Llena de razón la lírica de esta canción que, ya sea en voz de Mercedes Sosa o Chavela Vargas, no es sino poesía, en melodía que trastoca.

Cada espacio en nuestro tiempo guarda un lugar especial, del modo que sea. Un lugar real o incluso, un lugar fantástico.

¿Cuál es su lugar favorito, ese al que volverían siempre, para amar la vida?

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ESPERANZAS
Marco Mendoza
Colección privada 2019

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Bravata.

Bravata.

• MINIFICCIÓN •

IMPACIENCIA

FERNANDO MORANTE

Era nuestro sueño, estar siempre juntos. No separarnos jamás. Sin embargo he de decirte que desde que paso aquello, tu actitud me disgusta. La veo del todo inconveniente y algo indecorosa. Sin ir más lejos, la semana pasada rompiste los frenos de mi coche, hace dos días echaste lejía en mi botella de agua y hoy has aflojado los tornillos de la barandilla del balcón. Es cierto, te prometí estar siempre juntos, pero yo no tengo la culpa de que tú fallecieras primero. No seas impaciente.

Rabiar.

Rabiar.

«Lina sueña con amaneceres verdes y noches estrelladas. Pero, a las ocho de la mañana, a las ocho en punto, el viejo del segundo piso comienza a lanzar, desde su ventana, colillas encendidas y exabruptos. A esta hora se oye el gato desperezarse con un agónico maullar y en la cocina empieza el trajín de cacerolas y pucheros.
Por eso, hoy, después de que Paco se fuera al trabajo, cinco minutos antes de las ocho de la mañana, cinco minutos antes de caer la primera colilla encendida en ese pequeño patio estrecho y sombrío, Lina desconectó la cuarteada goma naranja de la cocina y ha arrastrado, ella que es tan poquita cosa, el tanque de gas hasta la oscura chimenea, después ha abierto la espita para que salga el gas y por fin, abrazando a la nena contra su pecho, corre por la calle sin mirar atrás».

-El patio.
Concha Ballinas.

Artificios.

Artificios.

-Una cosa quiero pedirle antes que nos trabemos. Que en este encuentro ponga todo su coraje y toda su maña, como en aquel otro de hace siete años, cuando mató a mi hermano.
Acaso por primera vez en su diálogo, Martín Fierro oyó el odio. Su sangre lo sintió como un acicate. Se entreveraron y el acero filoso rayó y marcó la cara del negro.
Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música… Desde su catre, Recabarren vio el fin. Una embestida y el negro reculó, perdió pie, amagó un hachazo a la cara y se tendió en una puñalada profunda, que penetró en el vientre. Después vino otra que el pulpero no alcanzó a precisar y Fierro no se levantó.
Inmóvil, el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre.

-El fin

Jorge Luis Borges.

Prosternación.

Prosternación.

«En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.
Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje».

-Las ruinas circulares

Jorge Luis Borges.