Minientrada

Espectro o realidad.

• MINIFICCIÓN •

FREDDY

Marco de Mendoza

Freddy y yo llevamos varias horas en la cocina; esto es un desastre. Hoy es su cumpleaños y hemos decidido celebrar preparando un pastel rebosante de damascos que cortamos del árbol de la abuela. La puerta principal se escucha tronar, es mamá que llega. —Seguro va a enfadarse. —Freddy, ¡limpia, limpia ya! La cara de mamá lo dice todo, cuando me encuentra con la cara bañada en harina y gritándole a Freddy adecentar la cocina ya.
Sin decir nada, pero con su cara de pasmo, mamá me toma de la mano, y tierna, me acaricia el rostro blanquecino al tiempo que me premia con un dulce. —Cómelo, te hará bien; yo lo como con gusto mientras miro a mamá que no deja de mirarme enternecida, cariñosa. —¡Qué amargo, dame agua! —le protesto—. Apenas pasan unos minutos y yo siento la cabeza como si recién despertara de una pesada siesta, —Pero mamá, ¿qué es todo este desastre en la cocina? —cariño, ocurre que tú y Freddy han estado… — Pero, ¿quién es Freddy mamá? —le interrumpo—. —Anda, ayúdame. Vamos a limpiar.

El valor de amar.

El valor de amar.

• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •

LLEVO TU NOMBRE GRABADO.

Liu Kuang-hui

2020

🎬 🎥

Jia-han (Edward Chen)
—Usted fue quien me dijo que viviera el momento.

Padre Oliver Pelletier (Fabio Grangeon)
—No sabía que te gustaban los chicos entonces.

Jia-han (Edward Chen)
—¿Usted puede gustar de chicas, pero yo no puedo gustar de chicos? ¿Su amor es más grande que el mío? ¡Dígame! ¿Cuál es la diferencia entre su amor y el mío? ¡Dígame cuál es la diferencia!

Padre Oliver Pelletier (Fabio Grangeon)
—Si él no te quiere, no lo obligues. Eso también es vivir el momento.

Jia-han (Edward Chen)
—¡Imposible! Siento que él también me quiere.

Padre Oliver Pelletier (Fabio Grangeon)
—«Querer» no siempre implica deseo. La Biblia nos dice que controlemos los deseos. No hagas que los demás vayan al infierno.

Jia-han (Edward Chen)
—Ayúdeme a ir al infierno. Prefiero ir ahora. ¿No es que los homosexuales merecemos ir ahí? Quizás más gente me entendería en el infierno. Facilíteme las cosas y ayúdeme a ir al infierno. Padre. Padre.

Padre Oliver Pelletier (Fabio Grangeon)
—Jia-han. Jia-han…

Jia-han (Edward Chen)
—¡No! ¡Vayase usted a su cielo!

In God we trust(?)

In God we trust(?)

«Entraron en la posada y revolvieron las cosas de la maleta y del saco de viaje de Aksenov. De pronto, el jefe de policía encontró un cuchillo en el saco.
—¿De quién es esto? —exclamó.
Aksenov se horrorizó al ver que habían sacado un cuchillo ensangrentado de sus cosas.
—¿Por qué está manchado de sangre? —preguntó el jefe de policía.
Aksenov apenas pudo balbucir lo siguiente:—Yo… yo no sé… yo… este cu… no es mío… —De madrugada han encontrado al comerciante, degollado en su cama. La pieza donde habéis pernoctado estaba cerrada por dentro y nadie ha entrado en ella, salvo vosotros dos. Este cuchillo ensangrentado estaba entre tus cosas y, además, por tu cara, se ve que eres culpable».

–Dios ve la verdad pero no la dice cuando quiere.

León Tolstói.

Y tú, ¿quién eres?

Y tú, ¿quién eres?

SE DICE QUE… 💭

«Sólo hay dos clases de gente hoy en día sobre la tierra; sólo dos clases de gente nada más, os lo aseguro. Y no precisamente los buenos y los malos pues ya todos saben que los buenos son medio malos y los malos, medio buenos… ¡No!, las dos clases de gente que hay sobre la tierra son: la gente que se yergue y la gente que se inclina».

⚜ Custer y otros poemas

Ella Wheeler Wilcox

… 💭

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Nunca más.

• MINIFICCIÓN •

Estocada final

Marco de Mendoza

Otilia levantó alto su mano, y con fuerza dio una estocada final. Nunca había toreado a un animal así, se caía sin fuerzas, pero no iba a dejarse vencer ante aquella bestia infame y retorcida. Limpió sus lágrimas con dolor; sentía que el cuerpo se le iba resquebrajándo por cada hueso. La respiración agitada y el miedo no se disipaban a pesar de haber terminado ya con aquel suplicio. Luego, tiro el cuchillo sobre el piso ensangrantado y yéndose, se juro que nunca volvería a permitir que otro hombre como aquel, la golpeara una vez más.

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Hoy no.

• MINIFICCIÓN •

Auxilio

Marco de Mendoza

Julio caminó lentamente por la barandilla, había decidido terminar con todo. Su vida era el caos inimaginable que siempre quiso evitar. Tomó las navajas de afeitar, eran una especie de seguridad; por si el salto no fuera suficiente. Tasajeo sus brazos y se lanzó.
El salto lo despertó precipitado junto con el despertador que anunciaba el momento de despertar.
—Mañana, seguro mañana sí —se dijo—.

Música de vida.

Música de vida.

SE DICE QUE… 💭

«Somos un instrumento dotado de muchas cuerdas, pero generalmente nos morimos sin que hayan sido pulsadas todas. Así, nunca sabemos qué música era la que guardábamos. Nos faltó el amor, la amistad, el viaje, el libro, la ciudad capaz de hacernos vibrar la polifonía en nosotros oculta. Dimos siempre la misma nota».

Prosas apátridas

Julio Ramón Ribeyro

… 💭

El precio del placer.

El precio del placer.

«Durante la comida sin gracia, Aránzuru miraba sol y llovizna en la ventana, oyéndola masticar. Luego supo que no estaba equivocado. Un rápido amor en el borde de la cama. Después la mirada, los ojos sin amparo antes de la súplica húmeda:
—Quiero ir a Ibiza, tengo que ir. Y no tengo dinero. Ay, amor, si pudieras ayudarme.
—¿Ibiza? —preguntó él sabiendo que trampeaba—. Ibiza. Vamos juntos.
—Es que yo… La verdad, tengo un compromiso.
Aránzuru dejó la cama, tanto semen perdido, y fue a sentarse al escritorio.
Desnudos los dos, casi ridículos. Ella empezó a vestirse.
—Siempre fuiste una puta y estuve loco por ti, porque nunca tropecé con una puta tan puta. Dime cuánto quieres o quiere tu nuevo macho. Te hago el cheque».

-Maldita primavera

Juan Carlos Onneti.

Faena canina.

Faena canina.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

🍸

Embeleco

Pedrito salió esa mañana en dirección a la escuela. Todos los días pasaba por aquella casona custodiada por un imponente doberman de ojos vivaces y firmes orejas. De lejos, miraba como el can lo seguía con la mirada, sin perderlo ni un instante hasta que inevitablemente, desaparecía al doblar la esquina. Todos los días, Pedro repetía la misma faena, cada día más cerca del enorme zaguán, como con la intención de finalmente, familiarizar con el animal.
Pronto, aunque con temor aún, el muy párvulo estaba ya frente al mamífero aquel, quien apresurado, olfateaba el rededor.
Pedro sonrió, estiró la mano, pero salió corriendo. El perro, sin embargo, se quedó ahí sin moverse, fijando la mirada en la criatura que no paraba de correr. Al día siguiente, Pedrito repitió la acción, ésta vez, sin correr. El doberman no hiso nada, ni siquiera pareció olfatear; se quedó echado muy cerca, pero alerta. Pedro por fin le acarició la cabeza y sonrió satisfecho. La escena se repitió por varios días hasta que, luego de muchas intentonas, ambos ganaran confianza. Pedro ya consideraba a aquel animal su nuevo «mejor amigo». Un día se dió cuenta que aquel enorme zaguán nunca estaba cerrado; empujó con fuerza y se coló por una orilla.
Sonreía emocionado, mientras el perro se mantenía alerta y en igual emoción. Jugaron, corrieron alrededor del patio hasta que Pedro cayó rendido, no podía dar un paso más; nunca había corrido tanto. Ese día era muy noche ya.
En desesperacion, la madre de Pedro describe su ropa y señas particulares a un oficial de policia. Hace 2 días que llora su desaparición.
En tanto «Butcher», lenguetea sus afilados colmillos y limpia grácilmente sus bigotes luego de zanjar el embrollo. Da la vuelta y avanza rechoncho alrededor del patio hasta el zaguán. Listo y atento, para una nueva cría.

Marco de Mendoza.

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