Spinola.

Spinola.

• MINIFICCIÓN •

Refugio.

Cynthia Spinola

Refugio se levantó por la mañana y, aunque los pies le pesaban, no olvidó rezar. Se puso de rodillas, repasó las líneas aprendidas de la retórica que embelesa el relato místico. Dirigió la vista hacia la pared; el retrato de su padre muerto la retaba con la mirada, recuerdos.

—¿Qué haces, Refugio? —se reprochó—. Repara esos ojos, reconoce la sensación, el renuente latido, el apremio del tiempo, el recuento de una vida con recelo. Esa revuelta que existe en tu mente no podrá reanimar tu corazón. Repite tus días con diferencia, rehúsa la fuerza gastada, reconstrucción de una realidad fuera de la cama. Rema hasta nuevas orillas, recorre con tus dedos los restos de una resistencia resentida, rebeldes remedios. Re-evolución, hora de re-componer el tono, la sílaba, de re-escribir estas líneas, de recobrar el alma resguardada bajo faldas largas. Re-inventarse, ¡Refugio, re-inventarse!, reír de la redondez.

Monolitos.

Monolitos.

«Enemigos o no, los pueblos respetaban al anciano Amaliwak por su sapiencia, su entendimiento de todo y su buen consejo, los años vividos en este mundo, su poder de haber alzado, allá arriba en la cresta de aquella montaña, tres monolitos de piedra que todos, cuando tronaba, llamaban los Tambores de Amaliwak. No era Amaliwak un dios cabal; pero era un hombre que sabía; que sabía de muchas cosas cuyo conocimiento era negado al común de los mortales: que acaso dialogara, alguna vez, con la Gran-Serpiente-Generadora, que, acostada sobre los montes, había engendrado los dioses terribles que rigen el destino de los hombres, dándoles el Bien con el hermoso pico del tucán, semejante al Arco Iris, y el Mal, con la serpiente coral, cuya cabeza diminuta y fina ocultaba el más terrible de los venenos».

-Los advertidos

Alejo Carpentier.

Michel Foucault, –breves– notas sobre la locura.

Michel Foucault, –breves– notas sobre la locura.

• PLUMA INVITADA •

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La historia personal de Michel Foucault (1926-1984) es indivisible de su obra, como su suéter de cuello de tortuga, sus lentes y su mirada penetrante. Mucho se dice de la obra de los autores –sobre todo de los más connotados–, pero poco sobre sus vidas y lo mucho que eso incide en la construcción de sus enunciaciones teóricas, explicaciones y búsqueda de problemas.

Temáticas recurrentes y la significación de la locura.

El poder, el saber –el conocimiento– y la subjetividad son los temas recurrentes en la obra de Foucault, pero será la locura el tema que le dará trascendencia en el campo de la psiquiatría y que tendrá implicaciones tanto en los tratamientos médicos modernos, como en la designación de los términos para tratar los padecimientos mentales.

La locura no está enunciada en la sociedad moderna, por lo tanto, en palabras de Michel Foucault, quien padece alguna enfermedad mental es perseguido, segregado y considerado como alguien que no encaja y al que debe obligársele a pertenecer a la sociedad.

Discursivamente, el loco no existe, está por fuera de la estructura de la sociedad moderna y es marginado desde las palabras, hasta las enunciaciones y representaciones simbólicas. El enfermo mental o loco, es todo aquello de lo que no se puede hablar y se simula que no existe.

Cuando las palabras no enuncian algo, por ejemplo, la locura, los individuos de una sociedad actúan como si eso de lo que no quieren hablar no fuera parte de la realidad. Por ello, el enfermo mental es confinado, se significa y enuncia poco, de ahí que las enfermedades mentales no se nombren o no se empleen cotidianamente con la terminología clínica y se empleen eufemismos o palabras que disfrazan el padecimiento.Este acercamiento de Foucault será polémico a lo largo de su trayectoria y como estructuralista, vio en la significación de los discursos la trascendencia de los hechos, de ahí que la locura o, particularmente el loco, no tengan lugar en la sociedad ni en los discursos; las palabras para referirse y hablar de la locura desaparecen y quedan confinadas a las enfermedades, a los padecimientos y a la vigilancia, el castigo y la marginación.

Mario Zaragoza Ramírez.

Ergo.

Ergo.

«[… ] creo que si un hombre viviera su vida de manera total y completa, si diera forma a todo sentimiento, expresión a todo pensamiento, realidad a todo sueño…, creo que el mundo recibiría tal empujón de alegría que olvidaríamos todas las enfermedades del medievalismo y regresaríamos al ideal heleno; puede que incluso a algo más delicado, más rico que el ideal heleno. Pero hasta el más valiente de nosotros tiene miedo de sí mismo. La mutilación del salvaje encuentra su trágica supervivencia en la autorrenuncia que desfigura nuestra vida. Se nos castiga por nuestras negativas. Todos los impulsos que nos esforzamos por estrangular se multiplican en la mente y nos envenenan. Que el cuerpo peque una vez, y se habrá librado de su pecado, porque la acción es un modo de purificación. Después no queda nada, excepto el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de un remordimiento. La única manera de librarse de la tentación es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma, anhelando lo que ella misma se ha prohibido, deseando lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo suceden en el cerebro. Es también en el cerebro, y sólo en el cerebro, donde se cometen los grandes pecados. Usted, señor Gray, usted mismo, todavía con las rosas rojas de la juventud y las blancas de la infancia, ha tenido pasiones que le han hecho asustarse, pensamientos que le han llenado de terror, sueños y momentos de vigilia cuyo simple recuerdo puede teñirle las mejillas de verguenza…».

-El retrato de Dorian Gray

Oscar Wilde.

IMPLOSIVO.

IMPLOSIVO.

DESCANSAMOS LOS MARTES •

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NACER

Cruza el umbral. Cadencioso, escandaloso.
Viene al compás de sonidos de guerra, y de un tajo, la luz le encuentra, le absorta.
Brillos de luz, atenta mirada. Latidos sonoros.
Palpita ansiedad; dos almas, es su encuentro, es pasión. Es llanto.
Todo viene, o va, no sé.
Grita confusión, explicación.
Vibra en sentimiento poderoso, inusual.
Los bordes del camino allanaron su dolorosa llegada.
Más no por esto es conmiseración, es gloria. La dicha es grande y es suya.
Ha nacido, es nacer.
Todos lloran, todos gritan. Es felicidad que explota, es bendito, poderoso.
No es inmune y lo parece; pero es fuerte, y ha nacido. Es nacer.

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Prosternación.

Prosternación.

«En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.
Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje».

-Las ruinas circulares

Jorge Luis Borges.

Tácito suceder.

Tácito suceder.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Mar inmensidad
Colección privada 2017

DULCE VIDA

Y ahí donde todo es claro, donde todo brilla más, estamos.
Parecemos hojas secas al viento, reblandecidas y arrebatadas.
Corremos casi impecables, perennes, ávidos.
Vida le dicen, y no es más que el fulgor atrevido de un instante
que nos mueve, incesante y voluble.
Persiste, mas no siempre. Fluye inconstante, persuasiva; impulsiva al paso persistente y temeroso de perderse.
Cambia, comparte, emociona. No es sino una atrevida selectiva. Amada concupiscencia necesaria, oportuna. Creadora de si misma y ambigua natural.
Versal y poderosa, emana de un instante y perece por igual, sin prerrogativa, ni aspaviento.
Mira con destello y sonríe patidifusa. Espera. Es contemplación, es acto rebeldía, firme al tiempo más no eterna. Apología a la inmensidad.
Vida le dicen, y es brillo, y es nada, y es todo.

Marco Mendoza.

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