Monolitos.

Monolitos.

«Enemigos o no, los pueblos respetaban al anciano Amaliwak por su sapiencia, su entendimiento de todo y su buen consejo, los años vividos en este mundo, su poder de haber alzado, allá arriba en la cresta de aquella montaña, tres monolitos de piedra que todos, cuando tronaba, llamaban los Tambores de Amaliwak. No era Amaliwak un dios cabal; pero era un hombre que sabía; que sabía de muchas cosas cuyo conocimiento era negado al común de los mortales: que acaso dialogara, alguna vez, con la Gran-Serpiente-Generadora, que, acostada sobre los montes, había engendrado los dioses terribles que rigen el destino de los hombres, dándoles el Bien con el hermoso pico del tucán, semejante al Arco Iris, y el Mal, con la serpiente coral, cuya cabeza diminuta y fina ocultaba el más terrible de los venenos».

-Los advertidos

Alejo Carpentier.

Sapiencia.

Sapiencia.

Mientras Dorothy miraba con gran interés la extraña cara pintada del espantapájaros, se
sorprendió al ver que uno de los ojos le hacía
un lento guiño. Al principio creyó haberse
equivocado, pues ningún espantapájaros de
Kansas puede hacer guiños, pero a poco el
muñeco la saludó amistosamente con un
movimiento de cabeza. La niña descendió
entonces de la cerca y fue hacia él, mientras
que Toto daba vueltas alrededor del poste
ladrando sin cesar.
—Buenos días —dijo el Espantapájaros con voz
algo ronca.
—¿Hablaste? —preguntó la niña, muy extrañada.
—Claro. ¿Cómo estás?
—Muy bien, gracias —repuso cortésmente Dorothy—. ¿Y cómo estás tú?
—No muy bien —sonrió el Espantapájaros—; es
muy aburrido estar colgado aquí noche y día
para espantar a los pájaros.
—¿No puedes bajar?
—No, porque tengo el poste metido en la espalda. Si me hicieras el favor de sacar esta
madera, te lo agradeceré muchísimo.
Dorothy levantó los brazos y retiró el muñeco del poste, pues, como estaba relleno de paja, no
pesaba casi nada.
—Muchísimas gracias —le agradeció el Espantapájaros cuando ella lo hubo colocado
sobre el suelo—. Me siento como un hombre nuevo.

-El maravilloso mago de Oz.
(De cómo salvó Dorothy al Espantapájaros).

Lyman Frank Baum.