Allá donde hay paz.

Allá donde hay paz.

«El arte no es lo que ves, sino lo que haces que otros vean».
Edgar Degas.

A la orilla
Tomás Sánchez
Inundación
Tomás Sánchez
La meditación de la garza
Tomás Sánchez
El reto
Tomás Sánchez
Perder el paraíso
Tomás Sánchez
Espejismo
Tomás Sánchez
Levitar
Tomás Sanchez
Autorretrato en tarde rosa
Tomás Sánchez
Contempladores de cascada
Tomás Sánchez
Soñar que el río cae
Tomás Sánchez

𝑳𝑬 𝑪𝑶𝑹𝑨𝑮𝑬.

𝑳𝑬 𝑪𝑶𝑹𝑨𝑮𝑬.

—¡No te atrevas a morder a Toto! ¡Deberías avergonzarte! ¡Tan grande y queriendo abusar de un perro tan chiquito!
—No lo mordí —protestó el León, mientras se acariciaba la nariz dolorida.
—No, pero lo intentaste —repuso ella—. No eres otra cosa que un cobarde.
—Ya lo sé —contestó el León, muy avergonzado—.
Siempre lo he sabido. ¿Pero cómo puedo evitarlo?
—No me lo preguntes a mí. ¡Pensar que atacaste a un pobre hombre relleno de paja como el Espantapájaros!
—¿Está relleno de paja? —inquirió el León con gran sorpresa, mientras la observaba levantar al Espantapájaros ponerlo de pie y darle forma de nuevo.
—Claro que sí —dijo Dorothy, todavía enfadada. —¡Por eso cayó tan fácilmente! —exclamó el León—. Me asombró verlo girar así ¿Este otro también está relleno de paja?
—No; está hecho de hojalata —contestó Dorothy, ayudando al Leñador a ponerse de pie.
—Por eso me desafilo las garras. Cuando rasqué esa lata, me estremecí todo. ¿Qué animal es ese que tanto quieres?
—Es Toto, mi perro.
—¿Es de hojalata o está relleno de paja?
—Ninguna de las dos cosas. Es un… un… perro de carne y hueso.

-El maravilloso Mago de Oz
(El León cobarde)

Lyman Frank Baum.

Cordiforme.

Cordiforme.

«Mi cuerpo brillaba tanto al sol que me sentí
orgulloso de él, y ahora no importaba que se me
deslizara el hacha, porque ya no podía
cortarme. El único peligro era que se me
oxidaran las articulaciones. Pero en mi casita
tenía a mano una lata de aceite y siempre me
lubricaba cuando era necesario hacerlo. Sin
embargo, llegó un día en que me olvidé de este
detalle y me sorprendió una lluvia. Antes de
darme plena cuenta del peligro, mis articulaciones se habían herrumbrado y quedé de pie en el bosque hasta que llegaron ustedes a ayudarme. Fue terrible mi sufrimiento, pero durante el año que pasé allí tuve tiempo para
pensar que la pérdida más grande que había
soportado era la carencia de corazón. Mientras
estaba enamorado fui el hombre más feliz de la
tierra; pero el que no tiene corazón no puede
amar, y por eso decidí ir a pedir a Oz que me dé
uno. Si lo hace, volveré a buscar a la niña Munchkin y me casaré con ella.
—Sin embargo —dijo el Espantapájaros—, yo pediré un cerebro en vez de un corazón, pues un
tonto sin sesos no sabría qué hacer con su corazón si lo tuviera.
—Yo prefiero el corazón —replicó el Leñador—,
porque el cerebro no lo hace a uno feliz, y la
felicidad es lo mejor que hay en el mundo».

-El maravilloso Mago de Oz
(El leñador de hojalata)

Lyman Frank Baum.

Sapiencia.

Sapiencia.

Mientras Dorothy miraba con gran interés la extraña cara pintada del espantapájaros, se
sorprendió al ver que uno de los ojos le hacía
un lento guiño. Al principio creyó haberse
equivocado, pues ningún espantapájaros de
Kansas puede hacer guiños, pero a poco el
muñeco la saludó amistosamente con un
movimiento de cabeza. La niña descendió
entonces de la cerca y fue hacia él, mientras
que Toto daba vueltas alrededor del poste
ladrando sin cesar.
—Buenos días —dijo el Espantapájaros con voz
algo ronca.
—¿Hablaste? —preguntó la niña, muy extrañada.
—Claro. ¿Cómo estás?
—Muy bien, gracias —repuso cortésmente Dorothy—. ¿Y cómo estás tú?
—No muy bien —sonrió el Espantapájaros—; es
muy aburrido estar colgado aquí noche y día
para espantar a los pájaros.
—¿No puedes bajar?
—No, porque tengo el poste metido en la espalda. Si me hicieras el favor de sacar esta
madera, te lo agradeceré muchísimo.
Dorothy levantó los brazos y retiró el muñeco del poste, pues, como estaba relleno de paja, no
pesaba casi nada.
—Muchísimas gracias —le agradeció el Espantapájaros cuando ella lo hubo colocado
sobre el suelo—. Me siento como un hombre nuevo.

-El maravilloso mago de Oz.
(De cómo salvó Dorothy al Espantapájaros).

Lyman Frank Baum.

Odisea.

Odisea.

«—¡Cómo! —exclamé—. ¡Estamos prisioneros en una erupción! ¡La fatalidad nos ha lanzado por el camino de las lavas incandescentes, de las rocas ardientes, de las aguas hirviendo y de todas las materias eruptivas! ¡Vamos a ser empujados, expulsados, lanzados, vomitados por los aires con los trozos de roca, las lluvias de cenizas y de escoria, en un turbión de llamas! ¡Y eso es lo mejor que puede ocurrirnos!
—Sí —respondió mi tío, mirándome por encima de sus gafas—, porque es la única probabilidad que tenemos de volver a la superficie de la tierra.
[… ] Yo me preguntaba entonces cuál podría ser aquella montaña y en qué parte del mundo nos expulsaria».

Viaje al centro de la tierra.

Jules Verne.

Expedición.

Expedición.

«Habíamos salido con tiempo nublado, pero estable. No había que temer calores asfixiantes ni lluvias catastróficas. Un tiempo de turistas.
El placer de recorrer a caballo un país desconicido me hacía fácil el comienzo de la aventura. Me entregaba por completo a la felicidad del excursionista, lleno de deseos y de libertad. Empecé a poner de mi parte en el asunto.
“Después de todo —me decía yo—, ¿Qué peligro corro? ¿El de viajar en medio del país más interesante o escalar una montaña muy famosa? O, si se ponían mal las cosas, ¿bajar al fondo de un cráter apagado? En cuanto a las existencia de una galería que comunique con el centro del Globo, no es sino pura imaginación y pura imposibilidad. Por tanto, lo que haya de bueno en esta expedición hay que aprovecharlo sin escatimar.”
Apenas acababa yo estos razonamientos, ya habíamos salido de Reykjawik.
Hans marchaba a la cabeza, con paso rápido, regular y continuo.
[… ] Islandia es una de las mayores islas de Europa, mide 1400 millas de superfície y no tiene mas que sesenta mil habitantes. Los geografos la han dividido en cuatro partes y teníamos que atravesar casi de refilón la que lleva el nombre de país del cuarto del suroeste, Sudvestr Fjordúngr».

Viaje al centro de la tierra.

Jules Verne