Florecer.

Florecer.

• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •

BIG FISH

Tim Burton
( 2003)

🎞 📽

Sandra Bloom (Jessica Lange)

—¡¿Narcisos?!

Edward Bloom (Ewan McGregor)

—Son tus flores favoritas

Sandra Bloom (Jessica Lange)

—¿Cómo has podido encontrar tantas?

Edward Bloom (Ewan McGregor)

—He llamado a todas las floristas de cinco estados; les dije que era la única manera de que mi esposa se casara conmigo.

Sandra Bloom (Jessica Lange)

—¡Ni siquiera me conoces!

Edward Bloom (Ewan McGregor)

—Tengo el resto de mi vida para conocerte.

Flores en Prosa.

Flores en Prosa.

«Dichosos aquellos que son capaces de entender el lenguaje de las flores y de las cosas mudas».

Charles Baudelaire.

Concierto Floral

Thorns and Roses
Naska Artwhelve

Indesicion
Stephan Duquesnoy

Flor
Salvador Delgado

Peonies and Doves
Jeszika Le Vye

Narciso de Manojo
Macoto Murayama

Sin título (de la floración, una dispersión de flores y otras cosas)
Edwin Parker

Flor Fractal
María Oriza

Meditación (En el balcón)
Vojtěch Preissig

La unión de la esperanza y la tristeza
Gail Potocki

Todo se desvanece rápidamente.

Todo se desvanece rápidamente.

«Axel asintió, sonriendo interiormente ante la tentativa de su mujer para tranquilizarle. La entonación con que ella había pronunciado la palabra “todavía” revelaba su propio conocimiento del próximo fin. De hecho, restaba una escasa docena de flores de los cientos que habían crecido en el jardín, y en su mayor parte eran tan sólo capullos. Solamente tres o cuatro habían alcanzado la plenitud. Cuando caminaban hacia el lago, Axel trataba de decidir si debía arrancar primero las flores desarrolladas o dejarlas para el final».

El jardín del tiempo,
James Graham Ballard.

El amor había huido de la tierra.

El amor había huido de la tierra.

«Pasaron años y más años. Los chicos y las chicas crecieron mirándose estúpidamente extrañados: el amor había huido de la tierra. Un día, una chica que no había visto nunca una flor, se encontró con la última flor que nacía en este mundo. Y corrió a decir a las gentes que se moría la última flor. Solo un chico le hizo caso, un chico al que encontró por casualidad».

La última flor, James Thurber.

Eterna sonrisa a flor de labios.

Eterna sonrisa a flor de labios.

«¡Cuánto había esperado aquel momento! Lo que ahora sentía no tenía ningún punto de contacto con nada de lo que había sentido anteriormente: era algo único, maravilloso. Algo así como una perla perfecta puesta junto a otra de notoria imperfección…¿Cómo podría ella describir su felicidad?Imposible. Era como un sueño del que aún no había despertado del todo. Había tenido valor para luchar contra los acontecimientos y ahora, de repente, se daba cuenta de que su lucha había terminado. Y no era sólo esto, sino que ahora sabía que aquella lucha le iba a producir unos frutos inmediatos, que había alcanzado la meta que se había fijado hacía mucho tiempo. Sentía que formaba parte de aquella habitación, de “su” habitación, del gran ramo de anémonas que la adornaba, de la blanca cortina que se agitaba a impulsos de la ligera brisa, de los espejos, de las mullidas alfombras. Que formaba parte del glorioso tañido de campanas que era la vida, que ella misma era una partícula de la vida, de la luz…».

Esta flor, Katherine Mansfield.

Básicos instintos.

Básicos instintos.

«Vivían y trabajaban en una casa tambaleante, estrecha como la aguja de una iglesia, con frágiles balcones rebosantes de buganvilla. Aunque no tenía un cartel que lo dijera, se llamaba Champs-Elysées. La madame, una inválida con aspecto de solterona asmática, la administraba desde una habitación del primer piso en la que permanecía encerrada, acunándose en una mecedora y bebiendo de diez a veinte Coca-Colas diarias. En conjunto, había ocho chicas trabajando para ella; aparte de Ottilie, ninguna de ellas contaba menos de treinta años. Por la noche, cuando las chicas se reunían en el porche para charlar y agitar abanicos de papel que aleteaban en el aire como polillas delirantes, Ottilie parecía una niña deliciosamente soñadora, rodeada por sus hermanas, mayores y más feas.»

-Una casa de flores

Truman Capote.