¡Lo terrible no es la llegada de la muerte, sino el adiós a la vida!¹

¡Lo terrible no es la llegada de la muerte, sino el adiós a la vida!¹

«Alguien me arrastra.
      La pena me arranca lágrimas que dejan surcos blancos.
      ¡Por favor!, suplico. Y, al abrir la boca, los dientes se clavan en el suelo y pierdo la mandíbula. Manos, orejas se desprenden de mi cuerpo como terrones secos. Es como si fuera desarmándome a cada paso. No hay dolor, pero siguen arrastrándome. Huelo un aliento espantoso y no necesito adivinar de quién es. Ella me suelta y apunta hacia mí con un dedo mugroso, uñas más negras que la noche de la Muerte.
      Tenía muchos sueños por cumplir, pienso. No es justo.
      
Mi pecho se abre y el corazón se me cae como una manzana podrida.
      La Muerte ríe. Tanto, que el universo —o donde fuese que estoy— retumba como el rugir de una tormenta.
      Una tormenta que ahora se apaga, más y más en la Noche infinita».

El secreto de Morfeo.

Víctor Coviello.

¹ Maurice Maeterlinck.

La revuelta.

La revuelta.

«Apareció el toro, pero no con espíritu agresivo; ramoneaba tranquilamente a lo largo del camino, moviéndose con la mayor naturalidad. Por lo visto Joquito no quería luchar; sólo pedía libertad para correr a su gusto y para comer lo que le pareciera.
Pero los perros estaban de caza, y en viendo al toro comenzaron a ladrar de nuevo. Con graves ojos, Joquito se volvió a ellos, y en señal de que los menospreciaba, tornó a ramonear. Los perros se envalentonaron, y uno de ellos llevó su atrevimiento hasta morderle una pata. Joquito giró violentamente y en rápida embestida atacó a sus perseguidores. El animal había perdido otra vez la cabeza».

-El funeral

Juan Bosch.

Singularidades.

Singularidades.

«Es posible que por los caminos reales del Cibao no pase otro animal como aquél. Andaba, y nadie veía sus pezuñas menudas en tierra: las llevaba siempre ocultas en el oro del polvo. Su cola ondulaba como río, sin salir de cauce, y era elegante aun llevándola amarrada en trenzas con una cinta azul. Su pescuezo brillante estaba siempre arqueado. Su piel… Lucero: ¡cómo brillaba tu piel al sol!
Tenía en la frente, como clavada en su pelo negruzco, una mancha blanca. Poco más abajo, y a los lados, los ojos le reventaban llenos de luz».

-Lucero

Juan Bosch.

Valor y pasión.

Valor y pasión.

«Yeyo era muy firme hablando. El juez preguntó:
—¿Estaba usted enamorado de la joven?
—Me gustaba —dijo resueltamente.
—Yo le pregunto a usted si estaba enamorado.
—Eso de enamorarse no es asina, señor. A uno le gusta lo bonito, pero enamorarse viene de adentro y asigún las condiciones de la mujer. Tal ve andaba por enamorarme… No se lo puedo asegurar, pero si el señor me lo permite le diré que lo que pasó hubiera pasao manque ella hubiera sido vieja y fea».

-Todo un hombre

Juan Bosch.

Minientrada

Aquí, mira, ven…

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Atolina lo sabía

Atolina, con las uñas, rascaba la pared como buscando un tesoro o qué sé yo.
Atolina no se apartaba de aquella pared. Con la lánguida esperanza de encontrar algo, no sé qué.
Atolina mira la blancuzca pared, con los ojos rojos, hinchados de ni siquiera parpadear; en la espectiva de sabrá qué diablos.
Atolina ríe a la pared. Ahogada, jala aire y vuelve a reír. Llora, ahora llora; tan mutilante, que duele. —¡Qué carajo!, —Grito y la toco—.
Atolina gira la cabeza y se levanta. Temblorosa, sacude sus manos, me mira, da vuelta y se va.
Me acerco a la pared, la miro, la rasco, busco. Río y lloro, sí, ahora también lloro. Me quiero ir, no puedo. Que alguien me ayude; no hay nadie más aquí. Grito, pero es mudo.
Atolina nunca me dijo, que en la pared se escondía el diablo.

Marco de Mendoza

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Hasta en las mejores familias.

Hasta en las mejores familias.

• SERIALES •

Murder among the Mormons.
T.1 E.3

Mark Hoffman:

—Desde que tengo memoria, siempre me gustó impresionar a los demás con mis engaños. Engañarlos me daba una sensación de poder y superioridad.
Cuando tenía 12 años, comencé a coleccionar monedas. Poco después, descubrí maneras de engañar a otros coleccionistas al alterar monedas para que lucieran más atractivas. A los 14, ya había desarrollado una técnica de falsificación que me parecía indetectable.
En fin, un día, estas monedas llegaron al Departamento del Tesoro, y dijeron que eran genuinas. Para mí, si el Departamento del Tesoro declaraba que eran genuinas, por definición, eran genuinas.
No se trata de qué es genuino y qué no, sino de qué cree la gente que es genuino.

Shannon Flynn (antiguo colega de Mark Hoffmann):

—Mark dijo algo que hará pensar a todos. Básicamente dijo que, si algo parece ser verdad y se acepta como verdad, se vuelve verdad.
¿Entonces todos vivimos en una gran mentira?

Voz en off:

—¿Podria explicarme por qué era tan bueno en lo que hacía, probablemente el mejor?

Shannon Flynn (antiguo colega de Mark Hoffmann):

—Te pido un favor. No me hagas responder eso. Que alguien más lo haga.
No quiero convertirlo en un héroe. ¡Porque fue fantástico! Nadie ha estado siquiera cerca de hacer lo que él hizo. La profundidad del conocimiento y comprensión y su capacidad autodidacta, no tienen precedentes. Su habilidad para engañar a la gente, no tiene igual.
Debí haber sospechado de él. Todos debimos haber sospechado de él, pero no fue así.
La gente simplemente no quiere saber…