Hasta que el sol se escape con la luna.

Hasta que el sol se escape con la luna.

«En aquel tiempo Hildegarde era una mujer de treinta y cinco años, con un hijo, Roscoe, de catorce. En los primeros días de su matrimonio Benjamín había sentido adoración por ella. Pero, con los años su cabellera color miel se volvió castaña, vulgar, y el esmalte azul de sus ojos adquirió el aspecto de la loza barata. Además, y por encima de todo, Hildegarde había ido moderando sus costumbres, demasiado plácida, demasiado satisfecha, demasiado anémica en sus manifestaciones de entusiasmo: sus gustos eran demasiado sobrios. Cuando eran novios ella era la que arrastraba a Benjamín a bailes y cenas; pero ahora era al contrario. Hildegarde lo acompañaba siempre en sociedad, pero sin entusiasmo, consumida ya por esa sempiterna inercia que da miedo y que viene a vivir un día con nosotros y se queda a nuestro lado hasta el final».

-El extraño caso de Benjamin Button

F. Scott Fitzgerald.

Hasta que el cielo se caiga por nosotros.

Hasta que el cielo se caiga por nosotros.

«La fuerza de sus mentiras procedía de su sinceridad y de la simple y absoluta confianza en que la persona a quien quería debía quererla a su vez. Josephine nunca se avergonzaba ni se quejaba de nada. No tenía miedo. Ahora estaba a solas con un hombre, un mundo en el que se había movido con seguridad desde que tenía ocho años. No planeaba nada; se dejaba llevar, y la vida irresistible que había en ella hacía el resto. Sólo cuando se nos ha ido la juventud, y la experiencia nos ha dotado de una especie de coraje de pacotilla, solemos darnos cuenta de lo simples que son las cosas».

-La primera herida

F. Scott Fitzgerald

Déjame amarte en vida.

Déjame amarte en vida.

«Era una noche oscura, aunque desde el fondo de la calle llegaba el resplandor borroso de la Sexta Avenida. A aquella luz, los dos que habían sido amantes se miraron por última vez, y vieron en sus caras trágicas que entre los dos no reunían la juventud ni la fuerza suficientes para impedir la separación eterna. Entonces Sloane se perdió calle abajo y Anson golpeó el brazo de un taxista medio dormido».

-El joven rico

F. Scott Fitzgerald.

Minientrada

Y entonces, ¿qué somos?

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Fuímos

Fuímos novios sin ser novios, como en la antesala de un palacio.
Nos besábamos el alma porqué no las bocas, imposible.
Traficábamos los sueños entre líneas interruptas, sin complejo.
Comíamos el maná de nuestro éxtasis en marabuntas de placer, bebí tu manantial.
Apresurábamos al tiempo, como el único culpable de esta tonta asincronía.
Desojamos margaritas y en el vilo, volvíamos al recuento de cada paso no acordado.
Éramos como lo que todos quieren y que nadie encuentra, un microscopio en el cielo.
Ganamos descontento y orgullo, como vaho invernal, innecesario, complicado.
Encontramos la medalla del hastío, válvula mortal en cada tándem inconstante. Más salvos ocurrimos.
Fuímos llanto, río salado que en tus labios se perdía.
Fuímos todo o casi todo.
Porque si algo nunca fuímos, fue por desmotivo o quizá por miedo.
Y sí, al final nos ganó el miedo; nunca fuímos, no pudimos, no quisimos, no alcanzamos. Tontos catacaldos porque nada fuímos. En vano sortilegio. Cobardes temerosos, inconclusos.

Marco de Mendoza

🍸

Cuando el futuro nos alcance.

Cuando el futuro nos alcance.

• SERIALES •

TRIBUS DE EUROPA
T.1 E.5

Varvara (Melika Foroutan):
—Eres mi propiedad, Kiano, mi juguete, ¿por qué te dejaría ir?

Kiano (Emilio Sakraya):
—Porque quiero ser libre

Varvara (Melika Foroutan):
—Solo la muerte libera a los Cuervos

Kiano (Emilio Sakraya):
—Quiero convertirme en uno

Varvara (Melika Foroutan):
—¿Qué distingue a un cuervo?

Kiano (Emilio Sakraya):
—Fuerza, honor…

Varvara (Melika Foroutan)
—¿Fuerza, honor?

Kiano (Emilio Sakraya):
—Y la disposición a matar.

Varvara (Melika Foroutan):
—Bien.
Pero, ¿qué le falta, Bozies?

Bozies (Varios):
—La disposición a morir

Varvara (Melika Foroutan):
—¿Tienen miedo de morir, Bozies?

Bozies (Varios):
—¡No, Lord Varvara!

Varvara (Melika Foroutan):
—Pero tú sí, Kiano. Tú tienes miedo de morir.

Crear.

Crear.

• MINIFICCIÓN •

La caja de cerillas.

Genaro Estrada

Yo me siento orgulloso con mi caja de cerillas, que guardo celosamente en un bolsillo de mi chaqueta.
Cuando saco mi caja de cerillas, siento que soy un minúsculo Jehová, a cuya voluntad se hace la luz en toda mi alcoba, que un minuto antes estaba en tinieblas, como el mismo mundo, hace muchísimos años.

Un bicho arrinconado.

Un bicho arrinconado.

«Era tal la naturaleza de su labio superior, leporino, que el beso de este con sus fosas nasales le hacía creer que ambos cumplían un papel igual de importante en su existencia. Después su madre insistió en pagar una operación para él y, sin poder objetar le fue arrebatado ese pequeño vínculo encarnado entre el respirar y el contacto con su boca se sintió ofuscado por mucho tiempo, pero solo contaba con diez años de edad. A partir de eso debió reconfigurar su visión del mundo y otorgarle a sus labios una personalidad autónoma que nuevamente tuviera cabida en lo cotidiano».

La precaria verdad de un hombre y su labio.

Isabel Hion.

El revés del Bien.

El revés del Bien.

«Eugenia se cubría el rostro con las manos. Lloraba. A don Cosme se le hizo un nudo en la boca del estómago. ¿Cómo era posible? Vio ese cuerpo pequeño, magullado, sucio por el sudor y por la sangre. Los golpes no sólo eran de su violador, seguramente también eran de la turba, que la había castigado por dejarse mancillar. Quería tirar se al suelo, decirle: “Mi pobre niña”, limpiarle las heridas con sus besos, pasarle la lengua por la piel como otras veces».

La turba.

Hernán Arturo Ruiz.

Una exclamación permitida.

Una exclamación permitida.

«Comienzas a marchar ajeno a tus pasos, entre la gente eufórica por la navidad, por otro año venidero. Te extraña que se festeje el paso del tiempo por que en el fondo tú te sientes atrapado en un eterno presente. Crees que la vida pasa en un instante y que vivir es recordarla solamente».

Ocre sobre el presente.

Muamar Kadafy.