Un bicho arrinconado.

Un bicho arrinconado.

«Era tal la naturaleza de su labio superior, leporino, que el beso de este con sus fosas nasales le hacía creer que ambos cumplían un papel igual de importante en su existencia. Después su madre insistió en pagar una operación para él y, sin poder objetar le fue arrebatado ese pequeño vínculo encarnado entre el respirar y el contacto con su boca se sintió ofuscado por mucho tiempo, pero solo contaba con diez años de edad. A partir de eso debió reconfigurar su visión del mundo y otorgarle a sus labios una personalidad autónoma que nuevamente tuviera cabida en lo cotidiano».

La precaria verdad de un hombre y su labio.

Isabel Hion.

El revés del Bien.

El revés del Bien.

«Eugenia se cubría el rostro con las manos. Lloraba. A don Cosme se le hizo un nudo en la boca del estómago. ¿Cómo era posible? Vio ese cuerpo pequeño, magullado, sucio por el sudor y por la sangre. Los golpes no sólo eran de su violador, seguramente también eran de la turba, que la había castigado por dejarse mancillar. Quería tirar se al suelo, decirle: “Mi pobre niña”, limpiarle las heridas con sus besos, pasarle la lengua por la piel como otras veces».

La turba.

Hernán Arturo Ruiz.

Una exclamación permitida.

Una exclamación permitida.

«Comienzas a marchar ajeno a tus pasos, entre la gente eufórica por la navidad, por otro año venidero. Te extraña que se festeje el paso del tiempo por que en el fondo tú te sientes atrapado en un eterno presente. Crees que la vida pasa en un instante y que vivir es recordarla solamente».

Ocre sobre el presente.

Muamar Kadafy.