Hinchada de grandes expectativas.

Hinchada de grandes expectativas.

«Adelina se pinchó en el dedo con una zarza, una diminuta gota de sangre de la que le pareció ver escapar algún destello. Algunas noches la vi melancólica, lamiéndose en las manos como un polvo de luna que luego le daba carraspera y la hacía toser, o como ida, la mirada fija en las luces color caramelo de las farolas asediadas por enjambres de insectos enloquecidos. “Esa luz no es como la otra –me decía–. No se puede comer, es amarga y venenosa, me podría matar”».

La comedora de luz.

Juan José Flores.

Tres versiones de mí.

Tres versiones de mí.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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CONOZCA(ME) MÁS

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Se dice de mí. / Se dice que soy fea, / que camino a lo malevo, / que soy chueca y que me muevo / con un aire compadrón, / que parezco un dinosaurio, / mi nariz es puntiaguda, / la figura no me ayuda / y mi boca es un buzón. 🎼🎵🎶

Se dice de mí, Yolanda Rayo.

El Profesor de Matemáticas

No, ni Lazos de amor, ni Fragmentado, no empiecen… It’s me. Y es que… no les he contado de mi vida diurna, de mi otra vocación, porque aunque no lo reconozca abiertamente, desde chiquito mi juego favorito era el de la escuelita, y sí, adivinaron, yo siempre era el maestro. Claro que con los gajes del oficio (y como les ha de ocurrir a todos, menos a los de Google) uno se piensa dedicarse a otra cosa, sobre todo después de uno de los arrebatos de esas personitas que se están formando; pero luego viene a encontrarse con joyas como éstas… Y es que todos tienen una opinión sobre uno, los pequeños, romantizada; los adultos, sobrada, sobria, aburrida y hasta absurda; pero un adolescente, lo que se dice un adolescente, debe tener la opinión más fogueada (incluidas vísceras) de lo que es uno, de cualquier cosa. No les haré el cuento largo, como es mi costumbre, y justo para acercarme más a ustedes –quienes nos leen- les dejo aquí, tres visiones de este profesor de Matemáticas que una vez intentó imitar a Diógenes, y le salió mal.

I Secundaria
II Secundaria
III Secundaria

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¿Quién los retrata a ustedes?

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Luces Infinitas.

Luces Infinitas.

• CAMARITA, ¿ESTÁS AHÍ? •

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Yayoi Kusama

«Todas las cosas son falsas, y cuando ves lo que es falso, puedes ver lo verdadero».

Shaka de Virgo

Infinity Rooms

Brillance of th Souls
Cleaming ligts of the Souls
Fireflies in water
The Souls of millions of light years away
Infinity doots mirrored room

https://instagram.com/yayoikusama

Minientrada

Sancochar.

• MINIFICCIÓN •

Aromas

Manuel Lucas

Cada día descarga los camiones he incinera aquellos cubos que contienen los restos anatómicos. El almacén huele como deben oler las cañerías del infierno. Lleva diez años haciendo lo mismo y mañana será su último día, ni siquiera un gracias por todo. Al menos hoy la rutina se ha visto interrumpida por algo emocionante, el jefe lleva días ausentado y la policía está haciendo algunas preguntas a los empleados. Su olfato lleva tiempo atrofiado por la exposición a los químicos y el mal olor. Esperemos que los agentes no distingan el ligero aroma a cabronazo que desprende la incineradora.

Nuestras íntimas emociones.

Nuestras íntimas emociones.

«La felicidad humana no es producto de los grandes acontecimientos de la vida, sino de las pequeñas vivencias cotidianas».

Benjamin Franklin

Jarek Puczel
Jarek Puczel
Jarek Puczel
Jarek Puczel
Jarek Puczel
Jarek Puczel
Jarek Puczel
Jarek Puczel
Jarek Puczel
Jarek Puczel
Jarek Puczel
Jarek Puczel
Jarek Puczel
Sueños de papel.

Sueños de papel.

«Entonces no había día en que no soñara, en que el sueño no fuera el acoso de gentes como fantasmas, de rostros asediándome, de manos buscando agarrarse a mi cuerpo para estrangularlo en un instante que no llegaba, milagrosamente, que no llegaba jamás. ‘Son cuentos suyos’, decía mamá. Y no eran cuentos míos: eran mis sueños, sueños que al día siguiente elaboraba y reelaboraba para poder decir por las mañanas algo, para poder insistir (‘volví a soñar con el negro’), aunque siempre hallaba la misma respuesta (‘son cuentos suyos, déjese de historias, quién diablos se las estará metiendo en la cabeza’), la respuesta desconsoladora de siempre. Desconsoladora porque quería que me creyeran».

-El lento olvido de tus sueños

Óscar Collazos.

Oscuro fanatismo.

Oscuro fanatismo.

«Entonces recordé, mientras mamá iniciaba las oraciones, que hace algunos años el padre Maldonado había dicho que por la noche iba a comenzar una oscuridad de varios días y que lo único que se debía comprar eran muchas velas y cirios benditos, que sería lo único que daría luz, “no valdrán de nada los bombillos ni luz alguna que venga de la mano del hombre”, Recordé que yo también me había escondido en las faldas de mamá, llorando todo el día. Los hermanos menores —que eran cuatro— lloraban conmigo. “¡Cállense, mocosos, que nada les va a pasar!”, dijo entonces papá. Pero no podíamos entender nada: solo sabíamos que en la noche algo muy terrible pasaría y nos imaginábamos, bueno, por lo menos yo me imaginaba en la oscuridad, oyendo voces de fantasmas, sintiendo manos que me agarraban, lejos de papá, mamá y de todo el mundo, un fantasma encerrado en un cuarto o en el cielo raso».

-El eclipse

Óscar Collazos.

En el nombre del Padre.

En el nombre del Padre.

«’Es un maricón’, y se extendió en la descripción del incidente, su llegada al reclinatorio, el comienzo de la confesión, la soledad de la iglesia, la voz del cura sonando hueca en el fondo y luego su mano apoyada en el muslo de Alberto. Le había agarrado el muslo, sin-ton-ni-son, inesperadamente, le había mandado la mano al sexo, narró mi hermano. Dijo entonces que se había levantado bruscamente del confesionario y le había soltado al cura la única frase que se le ocurrió: ‘¡No sea maricón!’».

-Las causas perdidas

Óscar Collazos.

Pecados sin perdón.

Pecados sin perdón.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Un plato roto

Álvaro caminaba en dirección opuesta a casa; como tantas otras veces, como casi todos los días en que llegar a casa era complicado. Sacó de su maletín una pequeña cajetilla rojinegra. Encendió un cigarrillo de frambuesa; cosa habitual ante su estrés. Caminaba bajo aquellos casi 40 grados. Los zapatos de piel se calentaban y la baqueta parecia un sartén donde se cocinaban sus pies. Nada de eso tenía importancia. El sudor era ya un antagonista y sus labios resecos buscaban su lengua para humedecer un poco su agonía. Álvaro no quería pensar, estaba agotado, su pensamiento y su juicio tenían ya una lucha constante que debía resolver.
Caminó hasta aquella palapa en el parque, donde acostumbraba ir a a diario, se sentó, y luego de terminar su cigarrillo y de beber el café que le quedaba en el termo, emprendió el camino de nuevo.
Llegó a casa y como era de esperarse, Alejandra no estaba. Subió a su habitación; estaba dejando su maletín cuando escuchó la puerta de entrada. Era Alejandra que recién llegaba. Bajó, le pidió algo. Ella respondió que luego. Álvaro sintió que la sangre hervía en su interior. Él, acostumbrado a tener el control, a dirigirlo todo, se sintió anulado. Venía de un pesado día en el trabajo; agotado, fastidiado, confundido. Ella solo había resuelto responder sin pensar mucho. Todo se complicó. El reloj parecía no avanzar, su tic-tac sonaba como un pesado hierro siendo golpeado. El viento se tornó helado, los ojos de Alejandra reflejaron resentimiento y miedo. La respiración agitada se intensificó, los latidos del corazón se volcaron, taquicardias. El sudor volaba agitado, la fuerza, el dolor, llanto, gritos. Un plato roto.
Álvaro reza incado frente a un cristo vejado, pide por si mismo. Se cree arrepentido e implora perdón. Sabe que se equivocó, que nunca quiso hacerlo, pero ya nadie lo escucha. Ni siquiera ese dios al que le reza. Hasta Él se olvido de Álvaro, después de que en aquel ataque de ira, tantas otras veces reprimido, asesinara a Alejandra.

Marco de Mendoza.

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Por el porvenir.

Por el porvenir.

SE DICE QUE… 💭

«Ahora tu cuerpo es sacudido por
pesadillas. Ya no eres
el mismo: el que amó,
que se arriesgó.
Ya no eres el mismo, aunque
tal vez mañana todo se desvanezca
como un mal sueño y empieces
de nuevo.
Y el sudor, el frío, sean como un sueño.
No te desanimes. Ahora tiemblas, pero tal vez mañana todo empiece de nuevo».

Te alejarás

La Universidad desconocida

Roberto Bolaño.

… 💭