Lucha y resistencia.

Lucha y resistencia.

SE DICE QUE… 💭

«El agua no es un muro sólido, no te puede detener. Pero el agua siempre va a donde quiere y al final nada puede oponerse a ella. El agua es paciente. Las gotas de agua pueden erosionar la roca. No lo olvides. Recuerda que eres mitad agua. Si no puedes atravesar un obstáculo, rodéalo. Es lo que hace el agua».

Penélope y las doce criadas

Margaret Atwood

… 💭

Resiliente.

Resiliente.

SE DICE QUE… 💭

«Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez, vence».

Matar a un ruiseñor

Harper Lee

… 💭

Por el porvenir.

Por el porvenir.

SE DICE QUE… 💭

«Ahora tu cuerpo es sacudido por
pesadillas. Ya no eres
el mismo: el que amó,
que se arriesgó.
Ya no eres el mismo, aunque
tal vez mañana todo se desvanezca
como un mal sueño y empieces
de nuevo.
Y el sudor, el frío, sean como un sueño.
No te desanimes. Ahora tiemblas, pero tal vez mañana todo empiece de nuevo».

Te alejarás

La Universidad desconocida

Roberto Bolaño.

… 💭

Vaticinio furtivo.

Vaticinio furtivo.

«Lo mejor sería que se llevara a su papá de este lugar, le dice una de las mujeres al oído. B pide otro tequila. No puedo, dice. La mujer le mete la mano por debajo de la camisa holgada y con dibujos hawaianos. Está comprobando si voy armado, piensa B. Los dedos de la mujer suben por su pecho y se enroscan alrededor de su tetilla izquierda. Se la aprieta. Eh, dice B. ¿No me crees?, dice la mujer. ¿Qué va a pasar?, dice B. Algo malo, dice la mujer. ¿Como cuánto de malo?, dice B. No lo sé, pero yo que tú me largaría. B sonríe y la mira a los ojos por primera vez: vente con nosotros, le dice mientras bebe un trago de tequila. Ni que estuviera loca, dice la mujer».

-Últimos atardeceres en la tierra (Putas asesinas).

Roberto Bolaño

Minientrada

Participio absoluto.

• MINIFICCIÓN •

Antes del fin del mundo.

Javier Vela

Un meteorito había colisionado contra el planeta tierra sin el menor estrépito. Un par de horas mas tarde, sin embargo, todos los noticiarios profetizaban el Apocalipsis. Miles de botiquines de primeros auxilios fueron ávidamente dispensados. El precio del petróleo marco cifras insólitas. Ana pidió permiso en el trabajo para pasar más tiempo con sus hijos. Stefan y su novio se besaron como si se tratase de la última, de la primera vez. La gente comenzo a salir de casa con un raro calambre de entusiasmo. A veces sonreían. A veces simplemente se sentaban sobre un palmo de césped y esperaban a la salida del sol. Lo que llamamos mundo, lejos de extinguirse, giró sobre sí mismo con renovado ímpetu. El meteorito nunca apareció.