Beber de ti.

Beber de ti.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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BEBER AMOR

Bebí tu cuerpo enardecido, ráfaga sutil que esparce veneno como un fuerte brebaje, como candente tequila, como agua de vida. Obsesión bendita que aniquila, que me ata al cuerpo que venero y amo. Soy un ente que te aclama, que perverso bebe de tu boca con ahínco, con deseo; como un ave que clama por un poco de rocío. Beberé tu cuerpo, gota a gota hasta el hastío y comenzaré de nuevo, como un ebrio que sin ti ya tiembla, como un sueño que me salva y me conduce hasta la gloria. Bebí de ti, bebiste, bebimos. Y es un sueño que emana vida aunque esté ausente, aunque a ratos, aunque siempre. Bebámonos y volvamos a empezar, que la vida es breve, que el tiempo no perdona y que tú y yo amor tenemos aunque a ratos nos perdamos.

Marco de Mendoza

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Etílico.

Etílico.

• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •

DRUK

THOMAS VINTERBERG
( 2020 )

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Tommy (Thomas Bo Larsen)

—¿Qué es este delirio?

Martin (Mads Mikkelsen)

—Tranquilos. Solo bebí unos sorbos, me relajé en el escritorio y quise ver el resultado.

—Entonces bebamos algo.

Peter (Lars Ranthe)

—No. Dinos cómo estuvo la clase.

Martin (Mads Mikkelsen)

—Bueno, fue un poco complicado. Tuve algunos desafíos orales.

Nikolaj (Magnus Millang)

—Entonces, básicamente, estamos probando la hipótesis de Skårderud.

Peter (Lars Ranthe)

—Estamos recopilando evidencia.

Nikolaj (Magnus Millang)

—Sí, Exactamente.

Tommy (Thomas Bo Larsen)

—¿Y qué pasa si estuvieras tan ebrio que no pudieras articular palabra?

Martin (Mads Mikkelsen)

—Articulaba sin problema.

Peter (Lars Ranthe)

—No seremos las primeras personas en beber un poco de alcohol en pleno día. Hemingway, por ejemplo, bebía hasta las 20:00 y luego lo dejaba para estar en plena forma para escribir al día siguiente. Y su obra es magistral. Así que, si vamos a hacer esto, digamos que ese será nuestro enfoque.

Peter (Lars Ranthe)

—Creo que es una idea fascinante.

Martin (Mads Mikkelsen)

—A mí también me lo parece.

Neutle Milagroso.

Neutle Milagroso.

«A pesar de que don Canuto les tenía prohibido hacer el «alacrancito», porque, según decía, le salía muy caro el aserrín para andar ocultando sus porquerías, don Lupillo se dispuso a hacer el suyo a manera de despedida. Se echó para atrás para tomar vuelo, y haciendo una extraña parábola en el aire con su tornillo, arrojó al suelo el sobrante de pulque. De inmediato don Canuto se salió del mostrador con la intención de reclamar a don Lupillo lo que acababa de hacer, pero se detuvo al notar el extraño silencio que se había adueñado de su humilde changarro.
En lugar de la figura que generalmente se forma con el sobrante de neutle sobre el aserrín, apareció una figura muy diferente, figura que contrastaba grandemente con lo tradicional, una figura humana con un manto en la cabeza, y que recordaba a primer golpe de vista, la entrañable figura de la virgen».

El milagroso alacrán, Humberto Vallejo.

Pegajoso dulzor blanquecino.

Pegajoso dulzor blanquecino.

«—Creo que les gusta demasiado la cerveza o los cochinos refrescos de ahora. El puro alcohol no las perjudica. La cosa es, compadre, que en estos últimos tiempos se me descomponen todas. Que si el estómago, que si el hígado, que si los reumas, que si la barriga, que el corazón y las fatigas…
A Galdeano cada día de su santo le regalan una muchacha los de su tierra de Jalisco. Añade alguna que otra de su hacienda pulquera. Nemesio es más parco, la legítima no las admite en casa; los hijos sí. Lleva bautizados veintiuno. Galdeano ha perdido la cuenta. Pero desde hace algún tiempo muchas están enfermas.
—En nuestro tiempo las medicinas eran baratas. Ahora es un desmadre.
Beben pulque. Callan. Galdeano vino a hablar de lo que le tiene a pecho».

La vejez, Max Aub.

Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.

Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.

«Y un poco más tarde vi a un ángel durmiendo a la sombra de un árbol cubierto de flores. Me pareció que me miraba también; pero no estoy seguro, porque su rostro estaba escondido por una rama. Ahora, sin embargo, ella se despertó y comenzó a jugar con algunos otros. Alcé mi voz y grité, pero no me escuchó.
¡Supongo que me sentí poderoso como para derramar lágrimas!
Y entonces, de repente, se desvaneció y desapareció, y yo quedé solo en medio de la noche. Me sentí como en un laberinto, dolorido. Entonces oí a la Voz que decía: Si, aun siendo traviesos, le das obsequios a tus hijos, cuánto más su Padre, que está en todas las cosas buenas»

El valle de los niños perdidos, William Hope.