Insultos Antiguos II.

Insultos Antiguos II.

Malquisto

Se trata del antiguo pasivo del verbo querer, el cual derivó al sustantivo malquista, ‘antipatía’, y a los adverbios bienquisto y malquisto, con el significado de ‘bien amado y mal amado, bien visto o mal visto, bien reputado o mal reputado’. Se usa para personas que por su mala leche no son aceptadas o admitidas en ningún círculo de amistad porque nadie las soporta; aquellas que disfrutan hablando más de la cuenta desde la inconsciencia del daño que causan sin motivo ni razón. En tiempos de Cervantes malquistar era tanto como enemistar o mirar a alguien con malos ojos.

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El hombre más malo del mundo no aparece registrado en la historia universal de la infamia, pero cada cual tiene su versión de lo ocurrido. En todo caso, el hombre más malo del mundo no pudo más con sus oprobios y los fariseos tampoco aguantaron a tan malquisto vendedor. En un beso se le fue la vida. Era el último beso”.

Judas no pudo más.
Carlos Sánchez Torrealba.

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Minuciosidades

• MINIFICCIÓN •

Mosca

Sergio Ramírez

Puede identificarse por cuatro franjas longitudinales oscuras sobre el dorso del tórax, mientras el abdomen es de color claro. Pueden vivir de catorce a setenta días, y pasan por cuatro etapas: huevo, larva, pupa y adultez. La hembra adulta coloca entre cinco y seis partidas de huevos, las que varían en un número de setenta y cinco a cien, y las larvas nacen en un periodo de dos a veinticuatro horas. Si todos los huevos de una sola mosca sobrevivieran, y todas las crías también lo hicieran, se llegaría a obtener una población de más de mil millones de moscas en un año, algo que no se cumple debido a que gran cantidad de huevos no llegan a madurar. Lo contrario significaría una catástrofe mundial.

Ímpetu.

Ímpetu.

«Los litigantes le exponían sus casos en altas y claras voces, para que él oyera desde arriba, oculto como permanecía en un entrepiso. Con golpes de un bastón transmitía en clave las respuestas a las consultas y daba sus instrucciones al secretario. Los escritos, títulos y alimentos se los izaban en una canasta de mimbre.
Nunca se hizo cargo de juicios penales pues temía la presencia de la sangre y odiaba a los asesinos, sobre todo a aquellos que ponían saña en mujeres y niños, y fue por eso que sus leyes, siendo ya jefe de Estado, fueron implacables para con los homicidas y para los ladrones, los violadores, los que asaltaban en despoblado y en cuadrilla, para los perjuros y para los que de acción o palabra ofendiesen a sus madres».

-Del amor a la justicia

Sergio Ramírez.

Coraje.

Coraje.

«El 30 de mayo, Humberto Solano se fue a una librería y compró una gran tarjeta perfumada para su madre.
—Para que no diga que no me acuerdo de ella.
[… ]
‘QUE EN ESTE DÍA LAS CAMPANAS DE LA FELICIDAD TENGAN DULCES TAÑIDOS PARA USTED’. Eso estaba en letra de imprenta. ‘Su hijo, Humberto Solano’. Eso estaba a mano y con borrones, como el sobre.
La mujer pasó la plancha por toda la manga y la repasó tres veces en el puño. Se acercó al fuego después y todas sus arrugas aparecieron detalladamente.
La Chabelita olió otra vez la tarjeta y respiró profundo, con placer.
La mujer asentó duro la plancha. Levantó la camisa para verle los quiebres y con la camisa también levantó su voz.
—Con eso no se come.
Se volteó y atizó el fuego.
—Ni con veinte desos papeles comemos».

-La tarjeta

Sergio Ramírez

Desapego.

Desapego.

«El muchacho se fue a montar al viejo modelo recién pintado; abrió la puerta de atrás y se sentó. De repente, aquel «Taxi, bachiller» le agradó. Hacía tres meses llevaba un anillo de grado en el dedo y su familia lo mandaba a estrenar el título a la Universidad: lo matricularon en Derecho porque la gente decía que era «lo más fácil y bonito». Allí estaba, recién metido en una ciudad rara, caliente y extraña, comenzando una carrera por la que no sentía nada, nada. Comparó dos pensamientos y vio que sentía más por la muchacha que quedaba atrás, allá en el pueblo, que por su carrera. Y se abrió el primer botón de la camisa cuando el carro arrancó».

-El cobarde

Sergio Ramírez.

Abrázame.

Abrázame.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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• Necesidad •

Necesito tus piernas donde enrredarme.
Como suave pálpito que me condena a ti, a tu piel condenada.
Necesito me respires, ansiedad y poder. Encendiendo mi alma, que encandila y provoca. Que vivaz me cautives.
Necesito tu piel, seda adictiva que me envuelve y me atrapa, que me vulnera.
Necesito tus manos, alineándose a las mías, como piezas perfectas de un sin fin rompecabezas. Sin cordura, sin pasados, cual eternos sonidos de viento.
Necesito tus labios devorando los míos, devorando humedad; su pasión y desquite.
Necesito de todo y en este mi avío, a ti, mi primaria necesidad, como beligerante deseo, siempre a ti.
Ferviente veneno hiel, que amo y me mata de amor. Porque no es que me muera sin ti, es que vivir sin ti ya no quiero.

MARCO DE MENDOZA

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Heridas.

Heridas.

SE DICE QUE… 💭

«No hay cicatriz, por brutal que parezca, que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella, algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices pues, son las costuras de la memoria, un remate imperfecto que nos sana dañándonos. La forma que el tiempo encuentra de que nunca olvidemos las heridas».

Cicatrices

Piedad Bonette

… 💭

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Segunda Madre.

• MINIFICCIÓN •

Plegaria.

Jorge Luis Borges

Cuando murió mi abuela, quien jamás había dicho malas palabras, todos estábamos tan compungidos, tan tristes, y preocupados, que tratábamos de que la asistiera un doctor más, de la decena que ya le pronosticaba el final, o el tránsito como dicen los sacerdotes y la transmutación, como afirman los brujos. Y la abuela nos trataba de ver con sus luminosos ojos de ciega, sin articular palabra, hasta que de pronto alzó su voz —habitualmente dulce—, para despedirse: “¡Carajo, déjenme morir en paz!” Y murió, si no en santa paz, al menos reconfortada con su última plegaria.

Quesque madre sólo hay una…

Quesque madre sólo hay una…

Maternidad

Lo que viene de adentro, las entrañas que se
retuercen cuando nos vemos en
las otras, en las que ya no están,
en las que callaron, en las que luchan, en las que sueñan, en mi madre, mi hermana, mi
amiga.
La fuerza femenina, el calor que nutre y
quema, el amor que se expande e ilumina.
El amor que se vuelve sol, estrella, luz.
El deseo.

Vientre, Milena Vargas.

Adele nel vientre del madre
Giovanni Vanacore
Vientre
Milena Vargas
Ver Nápoles y Morir
Sam Gregg
Maternidad Tres
Francisco Urquizo
Damnation
MIhail Spil-Haufter