Insultos Antiguos II.

Insultos Antiguos II.

Malquisto

Se trata del antiguo pasivo del verbo querer, el cual derivó al sustantivo malquista, ‘antipatía’, y a los adverbios bienquisto y malquisto, con el significado de ‘bien amado y mal amado, bien visto o mal visto, bien reputado o mal reputado’. Se usa para personas que por su mala leche no son aceptadas o admitidas en ningún círculo de amistad porque nadie las soporta; aquellas que disfrutan hablando más de la cuenta desde la inconsciencia del daño que causan sin motivo ni razón. En tiempos de Cervantes malquistar era tanto como enemistar o mirar a alguien con malos ojos.

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El hombre más malo del mundo no aparece registrado en la historia universal de la infamia, pero cada cual tiene su versión de lo ocurrido. En todo caso, el hombre más malo del mundo no pudo más con sus oprobios y los fariseos tampoco aguantaron a tan malquisto vendedor. En un beso se le fue la vida. Era el último beso”.

Judas no pudo más.
Carlos Sánchez Torrealba.

Mnemosina.

Mnemosina.

«Hari creía, en lo profundo de su corazón que Isella jamás había mirado a alguien sin tratar de ver cuál sería la mejor forma de manipular a esa persona de acuerdo a sus fines. De modo que, sabiendo lo que se esperaba de él, simplemente bajó los ojos y asintió».

Mnemónico.

Sandra Bayona.

Meletea.

Meletea.

«Podrían hablar largo y tendido de sus cosas. Él, por sobre todo, temía el uso literal de esta última expresión, “tendido”: para empezar: ¿de qué iban a hablar cuando no tenían ya nada para decirse?, y para terminar: de cada oportunidad en que estuvieron separados y ella le propuso conversar largo y tendido, había nacido uno de los niños».

Wnderschön.

Patricia Suárez.

Ave rapaz.

Ave rapaz.

• MINIFICCIÓN •

VORAZ

LORENZO RUBIO

“¿Es que no tuviste bastante con la bronca de ayer?”. Él encuentra la reprimenda entre las sábanas, la dobla palabra por palabra y se la traga. Debajo de la cama ve un “Me la pagarás”. Lo ingiere, sin masticar. Abre el cajón de la mesita de ella. Allí su esposa acumula los insultos que recibe. Los devora empezando por los más hirientes. En la cocina, entre las sartenes saca otro puño de amenazas y se las come también. Engulle las pullas escondidas bajo los muebles. Y, cuando ya se ha tragado todos sus reproches, llama arrepentido a su mujer para implorarle que vuelva a casa.