Bábika.

Bábika.

«Siempre había admirado la entereza con la que su madre había asimilado aquellos hechos, el modo en que desde muy niño le había sabido explicar que había veces en que la gente dejaba de ser quien era, como si se apoderara de ellos un espíritu desorientado que les obligaba a actuar de formas que no podían prever y a hacer cosas que jamás harían. Eso era lo que le había ocurrido a la madre de su madre una mañana de febrero en la que, sin motivo aparente, había acabado con su vida y con la de su marido, una mañana en la que la hija afortunadamente se hallaba de visita en casa de su tía. Siempre se había preguntado si había sido una casualidad que ella estuviese en casa de su tía esa mañana, y en lo que hubiera pasado si no hubiese sido así. Tal vez con ella en casa la madre no hubiera perdido el juicio, o tal vez –era lo que él más temía– también se la hubiera cargado a ella y entonces él nunca habría llegado a nacer».

La muñeca de trapo.

Javier Argüello.

Más muñecas

Más muñecas

• PLUMA INVITADA •

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Además de ser un entrenamiento infantil, estos objetos (en apariencia inocuos) constituyen piezas simbólicas y elementos de culto.

Posible etimología.

Aunque el origen de la palabra muñeca resulta incierta según algunas fuentes, la RAE considera que es prerromano. Para Joan Corominas, los dos significados de muñeca («parte del cuerpo donde se articula la mano con el antebrazo» y «juguete infantil») se encuentran emparentados. Según su hipótesis, procede de la palabra muño, «bulto» y el término euskera muno, «colina», que se relaciona con la articulación de la mano y el brazo dado que, al doblarse, forma de una especie de elevación o prominencia.

De acuerdo con el filólogo español, las muñecas como objetos lúdicos, derivan del significado anterior porque juntas forman un montón de tela (las primeras se confeccionaban con este material) o un bulto, que las emparenta con la imagen mencionada.

En cambio, Roque Barcia Martí, autor del Primer Diccionario general etimológico de la lengua española, señala que muñeca proviene de la palabra moña con dos posibles orígenes: el árabe maymún, «hembra del mono», o el latín monnula, «amiguita, compañera». En todo caso, se trata de un objeto sencillo con un origen lingüístico complejo y difícil de desentrañar.

Ana Sofía Ramírez Heatley.

Minientrada

Quimeras.

• MINIFICCIÓN •

Cada cosa en su lugar.

Gustavo Simionato

Aunque digan que no se puede adquirir con dinero, ayer compré una porción de felicidad para microondas. Hay que tener cuidado porque el envase se parece al de fideos chinos instantáneos tan de moda hoy día. Es fácil notar la diferencia entre los fideos y la felicidad, pero al tratarse de productos instantáneos, en la vorágine de consumir pronto, uno puede llevarse un chasco. Y sepan que es tan desmoralizante esperar la felicidad en la mano y descubrir pastas deshidratadas, como prepararse para saborear fideos y encontrarse con una insulsa felicidad, innecesaria cuando nos ruge el estómago de hambre.

Pasa, siempre pasa.

Pasa, siempre pasa.

«Vinieron años muy duros. Cuando no me alcanzaba el dinero para comprar mantequilla, pensaba: “Con treinta mil pesos, salgo de apuros.” Adquirí malos hábitos: andaba de alpargatas todo el tiempo y así entraba en los bancos a pedir prestado. Todas las puertas se me cerraban. Encontraba en la calle a amigos que no había visto en diez años y antes de saludarles, les decía:
—Oye, préstame diez pesos.
Los domingos, invitaba a una docena de personas a comer en mi casa y les decía a todos:
—Traigan un platillo».

-Mis embargos

Jorge Ibargüengoitia.

Tremulante pasión.

Tremulante pasión.

«La conquisté casi por equivocación. Estábamos en una sala, ella y yo solos, hablando de cosas sin importancia, cuando ella me preguntó: “¿Qué zona postal es tal y tal dirección?” Yo no sabía, pero le dije que consultara el directorio telefónico. Pasó un rato, ella salió del cuarto y la oí que me llamaba; fui al lugar en donde estaba el teléfono y la encontré inclinada sobre el directorio: “¿Dónde están las zonas?”, me preguntó. Yo había olvidado la conversación anterior y entendí que me preguntaba por las zonas erógenas. Y le dije dónde estaban».

-Manos muertas

Jorge Ibargüengoitia.

Coercer su deseo.

Coercer su deseo.

«Esto sucedió hace tiempo. Era yo más joven y más bello. Iba por las calles de Madero en los días cercanos a la Navidad, con mis pantalones de dril recién lavados y trescientos pesos en la bolsa. Era un mediodía brillante y esplendoroso. Ella salió de entre la multitud y me puso una mano en el antebrazo. “Jorge”, me dijo. Ah, che la vita é bella! Nos conocemos desde que nos orinábamos en la cama (cada uno por su lado, claro está), pero si nos habíamos visto una docena de veces era mucho. Le puse una mano en la garganta y la besé. Entonces descubrí que a tres metros de distancia, su mamá nos observaba. Me dirigí hacia la mamá, le puse una mano en la garganta y la besé también. Después de eso, nos fuimos los tres muy contentos a tomar café en Sanborns».

-La mujer que no

Jorge Ibargüengoitia.

Reloj, detén el tiempo te pido.

Reloj, detén el tiempo te pido.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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JUVENTUD, DIVINO TESORO

‘La María’ fue hoy al botox, dice que la vejez no tiene porque llegarle ahora, ni nunca. Ella está acostumbrada al que fuere su rostro lozano, ese que aún mira en el espejo como si fuese una fotografía; no se ha dado cuenta que ya no tiene 26. El médico se ha negado a otra cirugía, y por ello se mete botox como cocktail margarita en fiesta de ocación. Ayer la vi. Ya no es ella, por ello sé que no se ha dado cuenta.
Se ha puesto su vestido rojo, ese que parece se ha untado con mantequilla. De brillante satin carmesí y obsceno escote, Los tacones ambar son tan altos, que miedo tengo se rompa un pie, porque a sus 86, ella aún sigue pensando que tiene 26.

Marco de Mendoza

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