Recuerdos de guerra.

Recuerdos de guerra.

«No era el mismo uniforme que había llevado en la guerra entre los estados. En realidad, no había sido general en esa guerra. Probablemente había sido soldado raso; no recordaba lo que había sido; de hecho, no se acordaba para nada de esa guerra. Era como sus pies, que ahora colgaban marchitos al final de él, sin que los sintiera, cubiertos con la manta azul grisáceo que Sally Poker había tejido cuando era una niña. No recordaba la guerra entre Estados Unidos y España en la que había perdido un hijo; ni siquiera se acordaba de su hijo. Le traía sin cuidado la historia porque esperaba no volver a verla jamás. En su cerebro, la historia estaba relacionada con procesiones, y la vida, con desfiles, y a él le gustaban los desfiles. La gente siempre le preguntaba si recordaba esto o aquello; una monótona y negra procesión de preguntas sobre el pasado. Había un solo acontecimiento del pasado que tenía alguna relevancia para él y del que le interesaba hablar: había ocurrido doce años atrás, cuando recibió el uniforme de general y acudió al estreno.»

-Encuentro tardío con el enemigo

Flannerey O´Connor

Crímen en el frente.

Crímen en el frente.

«—¡Llévenselo y amárrenlo un rato, para que padezca, y luego fusílenlo!
—¡Mírame, coronel! —pidió él—. Ya no valgo nada. No tardaré en morirme solito, derrengado de viejo. ¡No me mates…!
—¡Llévenselo! —volvió a decir la voz de adentro.
—…Ya he pagado, coronel. He pagado muchas veces. Todo me lo quitaron. Me castigaron de muchos modos. Me he pasado cosa de cuarenta años escondido como un apestado, siempre con el pálpito de que en cualquier rato me matarían. No merezco morir así, coronel. Déjame que, al menos, el Señor me perdone. ¡No me mates! ¡Diles que no me maten!
Estaba allí, como si lo hubieran golpeado, sacudiendo su sombrero contra la tierra. Gritando.
En seguida la voz de allá adentro dijo:
—Amárrenlo y denle algo de beber hasta que se emborrache para que no le duelan los tiros».

-¡Diles que no me maten!

Juan Rulfo.

Recuerdos bélicos.

Recuerdos bélicos.

«La estampa física del alemán que le estaba hablando ya sobre los detalles de su trabajo, resucitaba el inmediato pasado, su pasado de soldado francés, de desesperado combatiente en la batalla de Flandes, con la cartuchera vacía, el fusil inútil al hombro, el casco despedazado, las botas destrozadas y llenas de fango, la chaqueta desgarrada, rendido de sueño y de hambre, fugitivo por los bosques y los caminos, mientras arriba en la límpida atmósfera del cielo cruzaban los aviones alemanes, dejando caer incansablemente una lluvia de fuego. Recordó a los compañeros caídos, a aquel muchacho enloquecido que levantaba los brazos entre la floresta, al paso de los bombarderos, gritando que se le matara para no ver la derrota de su patria, ya los soldados llegando, transidos de fatiga, a las grandes barcazas que los esperaban en Dunkerque».

-Victoria al atardecer

Hernando Téllez.

Marcial.

Marcial.

SE DICE QUE… 💭

“Guerra ha de haber mientras tengamos que defendernos de la maldad de un poder destructor que nos devoraría a todos; pero yo no amo la espada porque tiene filo, ni la flecha porque vuela, ni al guerrero porque ha ganado la gloria. Sólo amo lo que ellos defienden […]”

LAS DOS TORRES

J.R.R. Tolkien

… 💭

Abortargar.

Abortargar.

• MINIFICCIÓN •

Del alquimista.

Eliseo Diego

Saben positivamente, los que de tales cosas entienden, que en la ciudad de Aquisgrán, y a fines de la Edad Media, un judío alquimista halló el secreto de no envejecerse. Fortalecido por su pócima, que le permitiría vivir en todo vigor ciento cincuenta años más que el común de los hombres, dedicó la plenitud de sus días a buscar el secreto de no morirse. Dicen que lo halló, y que desde entonces, oculto en su oscura covacha, tropezado de telarañas y surcado de grueso sudor, busca aquel veneno poderoso sobre todos que le permita, al desgraciado, morirse.

Elige tu veneno.

Elige tu veneno.

«Detrás de cada cosa, de cada acto, de cada intención hay un símbolo oculto.».

Armonía Somers.

Jaime Baldrige

Jugando con Arsénico

En la mañana Trotsky
Jaime Baldrige

Pietá
Jaime Baldrige

Movimiento Perpetuo
Jaime Baldrige

Patrón de Monstruosidad
Jaime Baldrige

Órbitas en Rápida Decadencia
Jaime Baldrige

El veneno es veneno aunque venga en píldoras doradas.

El veneno es veneno aunque venga en píldoras doradas.

«No hay duda, sin embargo, de que el veneno que usaba era la estricnina. En uno de los hermosos anillos que tanto lo enorgullecían, y que le servían para ostentar el fino modelado de sus manos marfileñas, acostumbraba llevar cristales de la nux vomita india, un veneno –nos dice uno de sus biógrafos– ‘casi insípido, y capaz de una disolución casi infinita’. Sus asesinatos, dice De Quincey, fueron más de los que se dieron a conocer judicialmente».

Pluma, lápiz y veneno,
Oscar Wilde.

El miedo es un veneno que se convierte en costumbre.

El miedo es un veneno que se convierte en costumbre.

«Según doña Amparo, esa serpiente era nada más y nada menos que la cincóatl, una víbora que se mete a las casas de las mujeres que amamantan a sus hijos para robarles la leche. El animal visita por las noches a las madres y suelta un veneno o hedor que las adormece para poder quitarles el líquido hasta dejarlas sin nada. En su pueblo se dice que incluso han visto casos en que la cincóatl deja que los niños jueguen con su cola mientras ella bebe la leche».

La cincóatl, Itzel Espinosa Fuentes.

Poco veneno, si mata.

Poco veneno, si mata.

«—La nicotina sí mata.
La voz de mujer venía suavemente al aire, se deslizaba de un balcón al otro, al suyo, y Emiliano la oía, sorprendido, en medio de los golpes lejanos del mar.
—Hay que darla con cuidado, mezclarla suavemente con algún trago, tal vez champaña».

Lola, o los cómplices involuntarios,
Emilio Carballido.