El veneno es veneno aunque venga en píldoras doradas.

El veneno es veneno aunque venga en píldoras doradas.

«No hay duda, sin embargo, de que el veneno que usaba era la estricnina. En uno de los hermosos anillos que tanto lo enorgullecían, y que le servían para ostentar el fino modelado de sus manos marfileñas, acostumbraba llevar cristales de la nux vomita india, un veneno –nos dice uno de sus biógrafos– ‘casi insípido, y capaz de una disolución casi infinita’. Sus asesinatos, dice De Quincey, fueron más de los que se dieron a conocer judicialmente».

Pluma, lápiz y veneno,
Oscar Wilde.

Lirismo.

Lirismo.

• PLUMAS •

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Audaz, excéntrico, critico, sarcástico y Mexicano.
Carlos Monsiváis no era un escritor cualquiera; era capaz de hablar de todo con un exquisito sabor en la lengua. Hablaba de nosotros, con nosotros. Fue sin duda, un mensajero perfecto del mexicanismo, del folclore y de todo lo que condujera arte.
Nacido un 4 de mayo de 1938 en la Ciudad de México, dedicó su vida a la escritura crónica y ensayista, lo que lo llevó a convertirse en uno de los más prolíficos actores literarios de su época.
Curioso y vivaz. Se involucró incluso en la vida política del México que vivió; apoyando movimientos sociales como el feminismo, la lucha lgbt y movimientos estudiantiles (1968 Mx). Atrayéndole esto, un sinnúmero de detractores.
Amante del arte, se cree llegó a acumular más de 12 mil objetos, entre pinturas, maquetas, juguetes, fotografías y otros objetos que hoy en día son un claro retrato del México que experimentó.
Entre sus obras más destacadas están:
Amor perdido, Escenas de pudor y liviandad, Días de guardar y Aires de familia, entre muchas más. Obras en las que podemos notar su maestría para la crónica y el ensayo.
Su categórico talento lo llevo incluso a incursionar en el séptimo arte en cintas como Caifanes, Un alma pura y Las visitaciones del diablo.
Hablar de Monsiváis es hablar de un México utópico, como ese que le hubiera gustado ver.
Se marchó un 19 de junio de 2010 a los 72 años, debido a una insuficiencia respiratoria derivada de una fibrosis pulmonar; sus lectores, al igual que los 13 gatos con los que vivía, somos fieles testigos del amor incondicional a su país, a las letras, a la defensa incansable de los derechos civiles y a su prosa sarcástica, perspicaz y popular.
Omnipresente cultural de su tiempo, Carlos Monsiváis será recordado no solo por su obra literaria, sino también, por su pasión por la vida y esa lucha constante por demostrarnos, que la locura y el amor, son al final, lo único que nos puede salvar de todo.

«Si nada te garantiza el mañana, el hoy se vuelve inmenso.»
Carlos Monsiváis

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