• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •
El casto Susano.
Joaquín Pardavé
1954
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«Para entrar en razón con alguien, hace falta que ese alguien tenga cerebro».
Mimí
Silvia Pinal
• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •
«Para entrar en razón con alguien, hace falta que ese alguien tenga cerebro».
Mimí
Silvia Pinal
• MINIFICCIÓN •
Había escrito cien veces: Te quiero. Escribió con trazo firme, caligráfico. Con esa paciencia y minuciosidad que ponen los náufragos en todo lo que emprenden, intuyendo que, probablemente, cuanto les queda es todo un pasado por delante. Escribió un «te quiero» por hoja, una botella por papel, un mensaje por botella: cien botellas en total. La respuesta llegó dos meses después arrastrada por las olas hasta la orilla, dentro de otra botella. El mensaje era claro, conciso, breve y letal: No insistas, decía.







«Mike me contó que le tocaban el pelo y que incluso uno más atrevido había intentado introducirle un dedo en los ojos para tocar el azul. Todo esto me incomodó. Por muy estético que fuera ver a mi hijo asistir descalzo a una escuela pública en un pueblo perdido en la selva, no era posible. Expliqué al niño que nosotros éramos distintos, que la gente de nuestra raza es más delicada por no estar acostumbrada al clima de la región como sus compañeros de escuela, cuya raza se había ido adaptando al medio lentamente a través de los siglos. Pero Mike insistió en ir descalzo a la escuela. Le expliqué que por esa misma razón bebíamos sólo agua hervida, por ejemplo, y preparábamos nuestros alimentos de manera diferente. Con suma paciencia lo convencí de que sus pies no resistirían las asperezas del suelo ni el calor acumulado allí durante el día».
-El güero
José Donoso.

«Acevedo tomó a Juana por la cintura, apretándola. En la calle una bocina atravesó la noche, y la muchacha, aterrada, luchó por desprenderse. Pero sólo un segundo. Después, viendo que un hilillo de luz partía el rostro de Juan como una herida, acarició esa herida. Él con su mano grande y caliente y engrasada, hurgó en el escote de Juana. Ella lo sintió duro y peligroso apretado contra su cuerpo, y tuvo miedo otra vez.
—No, no, por favor…
—Ya, pues, Juana, no sea tonta.
No le dijo tocaya. Se desprendió con violencia y volvió al mesón. Desde allí escuchó cómo Juan orinaba».
-Tocayos
José Donoso.

«Una mañana, tiempo después, desperté con la certeza de que la señora se estaba muriendo. Era domingo, y después del almuerzo salí a caminar bajo los árboles de mi barrio. En un balcón una anciana tomaba el sol con sus rodillas cubiertas por un chal peludo. Una muchacha, en un prado, pintaba de rojo los muebles del jardín, alistándolos para el verano. Había poca gente, y los objetos y los ruidos se dibujaban con precisión en el aire nítido. Pero en alguna parte de la misma ciudad por la que yo caminaba, la señora iba a morir».
-Una señora
José Donoso
• DESCANSAMOS LOS MARTES •
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Marco de Mendoza.
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• SERIALES •
«Hay dos clases de dolor, el dolor que te hace fuerte y el dolor inútil, ese dolor que solo provoca sufrimiento. No tengo paciencia por las cosas inútiles».
House of cards
Frank Underwood.
(Kevin Spacey)