«Los viejos se han hincado, sollozando. Yo alargo la mano y rozo con los dedos el rostro de porcelana de mi amiga. Siento el frío de esas facciones dibujadas, de la muñeca-reina que preside los fastos de esta cámara real de la muerte. Porcelana, pasta y algodón. “Amilamia no olbida a su amigito y me buscas aquí como te lo divujo.» Aparto los dedos del falso cadáver. Mis huellas digitales quedan sobre la tez de la muñeca. Y la náusea se insinúa en mi estómago, depósito del humo de los cirios y la peste del ásaro en el cuarto encerrado. Doy la espalda al túmulo de Amilamia. La mano de la señora toca mi brazo. Sus ojos desorbitados no hacen temblar la voz apagada: —No vuelva, señor. Si de veras la quiso, no vuelva más. Toco la mano de la madre de Amilamia, veo con los ojos mareados la cabeza del viejo, hundida entre sus rodillas, y salgo del aposento a la escalera, a la sala, al patio, a la calle».
Aromas. Son tan diversos,
contrastantes y evocadores, que a veces tienen la fuerza suficiente para
llevarnos a un sitio en el pasado o provocarnos sensaciones luminosas y también
malamente, desagradables. Pero hoy quiero hablar solo de las sensaciones placenteras
que nos provoca oler, sentir.
Hay muchas maneras de evocar recuerdos, pero sin duda, a mí los aromas me llevan de inmediato a momentos y personas. Cuando adolescente, recuerdo que solía usar una colonia fresca y con esencia de romero. Ahora todos los días de camino al trabajo, cruzo junto a una casa que en gran parte de su jardín tiene romero. Me detengo por un momento, inhalo, y de inmediato ese devenir de momentos, de instantes; todos repletos de felicidad. Así huelo yo al romero.
Seguramente todos tenemos una esencia que nos rememora algo, un lugar, una o varias personas, una situación particular, a la familia; por ejemplo, mi madre me solía preguntar por qué iba tanto a aquel sitio de pizzas a la leña. —Pareciera que estoy en casa de los abuelos, le decía yo.
A veces llegaba dormido en el
auto, y el aroma a pan recién horneado me despertaba. Aquel aroma del horno
agitando sus brazas era saber que mis abuelos estaban cerca. Ahora cada que
percibo ese aroma, ellos vuelven e instintivamente sonrío. El abuelo había construido
ese horno a petición de mí abuela. Era fantástico llegar y comer de ese pan
tibio, esponjoso y aromático. Pero era aún mejor cuando juntos, entre los
primos y mis abuelos, hacíamos el pan, lo decorábamos y lo metíamos al horno y
luego, esperábamos sentados en el balcón con una taza de té de limón. Otro aroma
poderoso.
Ahora, faltan pocos días para
navidad y yo solo espero ese aroma tan característico del ponche y de las
nochebuenas, porque me recuerda a la familia. Reunidos en torno a una mesa, en
espera de compartir risas, sueños y esperanzas.
También esta ese aroma dulce
hasta empalagar de la profesora de física en la preparatoria, siempre que lo
percibo, recuerdo el martirio de sus clases llenas de este almizcle que a mí,
me provocaba las náuseas, y a mis compañeros risas incansables al ver mi rostro
torturado. Hasta que un día la profesora misma se dio cuenta de ello y solo
cambio a otro 1% menos dulce. Eso fue razón suficiente para que mi
enamoramiento tácito no prosperara.
Hay aromas para todos los recuerdos. Aromas que entrelazan abrazos, felicidad, besos y costumbres. Yo estoy seguro de que entre el día a día, entre tanto y todo, hay un aroma que les recuerda lo feliz que fueron, lo dichosos que se sintieron o lo risible de una anécdota, y ojalá que en medio de todo eso, siempre podamos inhalar y sonreír.
Los lugres que habitamos nos dejan una huella imborrable, penetrable.
Son sitios que guardan recuerdos, experiencias y también uno que otro malestar
por olvidar.
Recorremos lugares con aprecio; maravillando la vista, llenando la mente y el corazón de recuerdos. Somos animales de costumbres y solemos acostumbrarnos fácilmente a aquellos sitios de beneplácito, donde, como bien dice la canción: ‘uno vuelve siempre…’
“[…] Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida. Y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas. Por eso muchacho, no partas ahora soñando el regreso, que el amor es simple
y a las cosas simples, las devora el tiempo…”
Comp. Julio C. Isella / Armando Tejeda.
Llena de razón la lírica de esta canción que, ya sea en voz de Mercedes Sosa o Chavela Vargas, no es sino poesía, en melodía que trastoca.
Cada espacio en nuestro tiempo guarda un lugar especial, del modo que
sea. Un lugar real o incluso, un lugar fantástico.
¿Cuál es su lugar favorito, ese al que volverían siempre, para amar la
vida?
La música es alegría. Es el modo en que el ser humano tiene
de expresar pasiones, dolor, felicidad o sueños. Y es en la música, donde
encontramos también un escape de todo.
Mi abuela solía decir que con muy poco se puede ser feliz, y ella pasaba mucho tiempo escuchando música. Recuerdo aquel ‘Perhaps, perhaps‘ sonando a diario en aquella sinfonola que habitaba la sala de su casa. Esos eran días felices, ver a la abuela cantar, y sonreír.
Cantamos para aliviar el alma, el espíritu. Cantamos para
llenarnos de felicidad o incluso, para expulsarnos un punzante dolor.
Atribuimos a la música un poder curativo que sí tiene, pero que poco valoramos.
Musicalizar la vida es un auténtico método para irradiar felicidad. Las mañanitas al cumplir un año más, las coplas escolares moviendo el esqueleto, los modernos acordes en el baile de graduación. Todo es música, y benditos somos por tenerla.
Una copa de vino, un whisky en las rocas. Una tarde lluviosa
y una manta entre las piernas. Un libro para escapar o un poema para el alma y
de fondo, música, alegrándonos el alma.
¡Con qué poco se puede ser feliz! La abuela tenía razón, sobre todo cuando entre la cocina, mientras se preparaba el café de la tarde, le oíamos entonar ‘Hit the road Jack‘ y no es que supiera inglés, ella sabia que solo se trataba de ser feliz.
—’Esa felicidad se debe compartir’. Nos dijo siempre. Por ello, aquí una pequeña selección de temas que, a experiencia propia, siempre nos hacen sonreír y bailar:
• FEELING GOOD (Nina Simone) • CAN’T STOP THE FEELING (Justin T.) • SWEET DREAMS (Eurythmics) • TRY EVERYTHING (Shakira) • UPTOWN FUNK (Mark R./Bruno Mars) • DO IT (Tuxedo) • ROCK WITH YOU (Michael Jackson) • A LITTLE PRAY 4U (Aretha Franklin) • LIVIN’ La vida loca (Ricky Martin) • I WILL SURVIVE (Gloria Gaynor)
Tuberculosis amigdalar profunda. Como una escrófula. Peor aún: como un ganglio gigante lleno de triunfantes bacilos de Koch. Mi familia se nego en redondo a aceptar el diagnóstico; la tuberculosis solo es para la gente pobre, como Lidia nuestra nana, que se murió de eso, en paz descanse. Pero el abuelo no. Un cáncer, enfisema. O la vejez, simplemente. Hay tantas causas por la cuales uno ya no puede respirar. Y el abuelo se fue apagando, poco a poco, sin que supiéramos muy bien porqué. Solo él conoce el motivo. Pero yo me imagino a veces que cuando dos se aman en secreto, hay besos tan improbables que dejan una marca profunda.
Recuerdo como de niño, nos reuníamos unos 12 o 15 vecinos de la cuadra donde vivía y nuestro juego más recurrente siempre fue: “Policías y ladrones”. -¡Era fantástico! decía Sergio. Y es que él siempre quería ser “ladrón”; y yo por el contrario, siempre buscaba ser el policía, (desde entonces ese gusto por tener el control). Afortunadamente Sergio hoy es todo, menos aquel ladrón de nuestras quimeras y yo, lejos de aquel policía enérgico y gritón, estoy acá, perdido y encontrado entre letras y ficciones.
Esa dualidad entre el bien hacer y el mal discrepante, es una constante no solo en la vida real, lo es también en la ficción. Y es que el juego no nos era suficiente. Nos tumbábamos sobre la alfombra de casa y veíamos películas y series policíacas buscando ideas que pudiéramos aplicar al juego.
Hoy inevitablemente, hemos crecido, pero seguimos recordando aquellos días y encontrándonos en cada serie policíaca que vemos en televisión; y aunque ya no emulemos esos personajes, nos divierte pensar quienes podríamos ser en estas series de ahora.
He aquí algunas de las series policíacas, con las que, a usanza del pasado, podemos deleitar al niño que disfrutamos ser, siendo adultos: