Premura.

Premura.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Me urges todo el tiempo
A la mañana cuando todo me hace falta.
Como ese café que aguarda.
Me urges.
Me urges todo el tiempo.
Al mediodía cuando todo es calma,
cuando todo en mi alma te reclama.
Me urges.
Me urges todo el tiempo.
Al atardecer en que en sol se pone,
como anticipando que no estás,
como gritándole al viento: ¡Ven!
Me urges.
Me urges todo el tiempo.
Más allá de cada noche
en que mi piel busca tu rose,
en que mis ojos no te encuentran,
ni mis labios tienen goce.
Me urges.
Me urges todo el tiempo.
Como un sueño anticipado
donde buscarte y encontrarte, me es urgente.

MARCO DE MENDOZA

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Añoranzas.

Añoranzas.

DESCANSAMOS LOS MARTES

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Aromas. Son tan diversos, contrastantes y evocadores, que a veces tienen la fuerza suficiente para llevarnos a un sitio en el pasado o provocarnos sensaciones luminosas y también malamente, desagradables. Pero hoy quiero hablar solo de las sensaciones placenteras que nos provoca oler, sentir.

Hay muchas maneras de evocar recuerdos, pero sin duda, a mí los aromas me llevan de inmediato a momentos y personas. Cuando adolescente, recuerdo que solía usar una colonia fresca y con esencia de romero. Ahora todos los días de camino al trabajo, cruzo junto a una casa que en gran parte de su jardín tiene romero. Me detengo por un momento, inhalo, y de inmediato ese devenir de momentos, de instantes; todos repletos de felicidad. Así huelo yo al romero.

Seguramente todos tenemos una esencia que nos rememora algo, un lugar, una o varias personas, una situación particular, a la familia; por ejemplo, mi madre me solía preguntar por qué iba tanto a aquel sitio de pizzas a la leña. —Pareciera que estoy en casa de los abuelos, le decía yo.

A veces llegaba dormido en el auto, y el aroma a pan recién horneado me despertaba. Aquel aroma del horno agitando sus brazas era saber que mis abuelos estaban cerca. Ahora cada que percibo ese aroma, ellos vuelven e instintivamente sonrío. El abuelo había construido ese horno a petición de mí abuela. Era fantástico llegar y comer de ese pan tibio, esponjoso y aromático. Pero era aún mejor cuando juntos, entre los primos y mis abuelos, hacíamos el pan, lo decorábamos y lo metíamos al horno y luego, esperábamos sentados en el balcón con una taza de té de limón. Otro aroma poderoso.

Ahora, faltan pocos días para navidad y yo solo espero ese aroma tan característico del ponche y de las nochebuenas, porque me recuerda a la familia. Reunidos en torno a una mesa, en espera de compartir risas, sueños y esperanzas.

También esta ese aroma dulce hasta empalagar de la profesora de física en la preparatoria, siempre que lo percibo, recuerdo el martirio de sus clases llenas de este almizcle que a mí, me provocaba las náuseas, y a mis compañeros risas incansables al ver mi rostro torturado. Hasta que un día la profesora misma se dio cuenta de ello y solo cambio a otro 1% menos dulce. Eso fue razón suficiente para que mi enamoramiento tácito no prosperara.

Hay aromas para todos los recuerdos. Aromas que entrelazan abrazos, felicidad, besos y costumbres. Yo estoy seguro de que entre el día a día, entre tanto y todo, hay un aroma que les recuerda lo feliz que fueron, lo dichosos que se sintieron o lo risible de una anécdota, y ojalá que en medio de todo eso, siempre podamos inhalar y sonreír.

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Amar a muerte.

Amar a muerte.

• MINIFICCIÓN •

TUBERCULOSIS

PAOLA TENA

Tuberculosis amigdalar profunda. Como una escrófula. Peor aún: como un ganglio gigante lleno de triunfantes bacilos de Koch. Mi familia se nego en redondo a aceptar el diagnóstico; la tuberculosis solo es para la gente pobre, como Lidia nuestra nana, que se murió de eso, en paz descanse. Pero el abuelo no. Un cáncer, enfisema. O la vejez, simplemente. Hay tantas causas por la cuales uno ya no puede respirar. Y el abuelo se fue apagando, poco a poco, sin que supiéramos muy bien porqué. Solo él conoce el motivo. Pero yo me imagino a veces que cuando dos se aman en secreto, hay besos tan improbables que dejan una marca profunda.

En Buenos términos.

En Buenos términos.

• MINIFICCIÓN •

Pasión adjetiva.

Arantza Portabales Santomé

Vuelven a dejarlos debajo de sus camas. Entonces sí. Follan de manera lasciva y libertina, desordenada, desmandada, en cierta medida frenética, con hambre incontinente, con furia desatada. Follan inflamados, delirando, enardecidos, subyugados, arrebatados, apasionados, arrobados y embelesados. Follan con ardor lujurioso, lúbrico, voluptuoso, impúdico y obsceno. Se follan de manera procaz, licenciosa, casi depravada. Follan apasionada y vertiginosamente, con frenesí y con ardor exacerbado. Follan sin medida y sin control. Y cuando terminan, exhaustos pero satisfechos, recogen sus prejuicios de debajo de la cama, se visten, se despiden con un correcto apretón de manos y abandonan, primero uno y luego el otro, la habitacion del hotel.