Vituperio.

Vituperio.

«El director se sentó en la silla del estrado y los demás en los pupitres y el director los miró a todos con los ojos negros y todos lo miraron a él con su cara morena y su camisa azul y su corbata morada. El director dijo que nadie se moría de hambre y que todo el mundo pasaba trabajo y los maestros se enojaron y uno dijo que ponchaba boletos en un camión después de dar dos turnos y otra que trabajaba de noche en una lonchería de Santa María la Redonda y otra que tenía una miscelánea puesta con sus ahorros y sólo había venido por solidaridad. Durán les dijo que iban a perder la antigüedad, las pensiones y de repente hasta los puestos y les pidió que no se expusieran. Todos se levantaron y salieron y Salvador vio que ya eran las seis y media y corrió a la calle, cruzó corriendo entre el tráfico y abordó un camión».

-El costo de la vida

Carlos Fuentes.

Mortaja.

Mortaja.

«Los viejos se han hincado, sollozando.
Yo alargo la mano y rozo con los dedos el rostro de porcelana de mi amiga. Siento el frío de esas facciones dibujadas, de la muñeca-reina que preside los fastos de esta cámara real de la muerte. Porcelana, pasta y algodón. “Amilamia no olbida a su amigito y me buscas aquí como te lo divujo.»
Aparto los dedos del falso cadáver. Mis huellas digitales quedan sobre la tez de la muñeca.
Y la náusea se insinúa en mi estómago, depósito del humo de los cirios y la peste del ásaro en el cuarto encerrado. Doy la espalda al túmulo de Amilamia. La mano de la señora toca mi brazo. Sus ojos desorbitados no hacen temblar la voz apagada:
—No vuelva, señor. Si de veras la quiso, no vuelva más.
Toco la mano de la madre de Amilamia, veo con los ojos mareados la cabeza del viejo, hundida entre sus rodillas, y salgo del aposento a la escalera, a la sala, al patio, a la calle».

-La muñeca reina

Carlos Fuentes.

Ímpetus.

Ímpetus.

DESCANSAMOS LOS MARTES

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VOLÓ

Al vuelo ocurrió.
Distante en la niebla corrió.
Mi delirio no fue suficiente. Emigró.
Como paloma corriente en verano,
que al soplo caliente de un sol incesante, huyó.
Ave cerril sin nido ya fue.
Ominoso letargo de tiempo.
Nepente alivio acuciante me espera; como habitante en desventura que anhela, que ayuda,
porque un simple soplo le diera.
Viento tortuoso lacera, como potente mosto encandila.
Mi mirada eterna siga y en mi camino guíe, su
impetuoso vuelo, que emprender ansía.

Marco de Mendoza.

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Oráculo.

Oráculo.

• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •

APOCALYPTO

MEL GIBSON
( 2006)

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«—¿Me tienes miedo?
—Deberías… todos ustedes que son despreciables.
—¿Quieren saber cómo van a morir?
—El momento sagrado está cerca. Cuídense de la negrura del día. Cuídense del hombre que trae el jaguar. Vean cómo renace del lodo y de la tierra. Porque aquel al que los lleva, cancelará el cielo y borrará la tierra.
Los borrará a ustedes. Y acabará con su mundo. Él está con nosotros ahora. El día será como la noche y el hombre jaguar los guiará a su fin».

Muestrario en la propia piel.

Muestrario en la propia piel.

«Vi a Gamaliel con otra cara, con cara de no reconocerse a sí mismo, y entonces la vanidad de mujer se me subió a la cabeza, me creí domadora de jotos o no sé qué y empecé a sentirme de veras lujuriosa, de veras lesbiana, mordí a Gamaliel en una oreja, le saque sangre y si no se acaba la música por Dios que nos ponemos a darle de verdad enfrente de todo el mundo».

El alimento del artista.

Enrique Serna.

Todo trauma es un drama.

Todo trauma es un drama.

«El papel de víctima te quedaba bien cuando tenías dieciocho años, no ahora que vas a cumplir cuarenta. A esa edad los traumas ya hicieron costra. Y además es muy temprano para que me acuses de haberte desgraciado la vida. Eso  anima la conversación a las dos de la mañana, pero suena muy falso cuando ni siquiera te has tomado tu primera cuba».

La última visita.

Enrique Serna.