Lo que subraya el desierto.

Lo que subraya el desierto.

«Fue entonces cuando Baegert pudo ver con claridad que él era guaycura. Que el temor por él experimentado ante ese mundo nuevo lo disimulaba muy bien el asombro y sus vaivenes expresivos, entre la crítica implacablemente religiosa y el regodeo imagínico de tonalidades poéticas. Que su estatura intelectual y su vanidad europea le habían impedido verse reflejado en los modelos indígenas: corría también descalzo entre los cerros, comía una hierba aquí u otra más allá, no podía armar un breve discurso, era ágrafo, estaba lleno de temores a los caballos y a los rifles de los soldados del presidio, era mentiroso, piojoso, desentendido de sus hijos, polígamo, etc… ¡Qué espejo tan primitivo y tan moderno!».

Charcos de polvo lunar,
Raúl Antonio Cota.


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Muestrario en la propia piel.

Muestrario en la propia piel.

«Vi a Gamaliel con otra cara, con cara de no reconocerse a sí mismo, y entonces la vanidad de mujer se me subió a la cabeza, me creí domadora de jotos o no sé qué y empecé a sentirme de veras lujuriosa, de veras lesbiana, mordí a Gamaliel en una oreja, le saque sangre y si no se acaba la música por Dios que nos ponemos a darle de verdad enfrente de todo el mundo».

El alimento del artista.

Enrique Serna.