JUKEBOX.

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• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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La música es alegría. Es el modo en que el ser humano tiene de expresar pasiones, dolor, felicidad o sueños. Y es en la música, donde encontramos también un escape de todo.

Mi abuela solía decir que con muy poco se puede ser feliz, y ella pasaba mucho tiempo escuchando música. Recuerdo aquel ‘Perhaps, perhaps‘ sonando a diario en aquella sinfonola que habitaba la sala de su casa. Esos eran días felices, ver a la abuela cantar, y sonreír.

Cantamos para aliviar el alma, el espíritu. Cantamos para llenarnos de felicidad o incluso, para expulsarnos un punzante dolor. Atribuimos a la música un poder curativo que sí tiene, pero que poco valoramos.

Musicalizar la vida es un auténtico método para irradiar felicidad. Las mañanitas al cumplir un año más, las coplas escolares moviendo el esqueleto, los modernos acordes en el baile de graduación. Todo es música, y benditos somos por tenerla.

Una copa de vino, un whisky en las rocas. Una tarde lluviosa y una manta entre las piernas. Un libro para escapar o un poema para el alma y de fondo, música, alegrándonos el alma.

¡Con qué poco se puede ser feliz! La abuela tenía razón, sobre todo cuando entre la cocina, mientras se preparaba el café de la tarde, le oíamos entonar ‘Hit the road Jack‘ y no es que supiera inglés, ella sabia que solo se trataba de ser feliz.

—’Esa felicidad se debe compartir’. Nos dijo siempre. Por ello, aquí una pequeña selección de temas que, a experiencia propia, siempre nos hacen sonreír y bailar:

• FEELING GOOD (Nina Simone)
• CAN’T STOP THE FEELING (Justin T.)
• SWEET DREAMS (Eurythmics)
• TRY EVERYTHING (Shakira)
• UPTOWN FUNK (Mark R./Bruno Mars)
• DO IT (Tuxedo)
• ROCK WITH YOU (Michael Jackson)
• A LITTLE PRAY 4U (Aretha Franklin)
• LIVIN’ La vida loca (Ricky Martin)
• I WILL SURVIVE (Gloria Gaynor)

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Minientrada

Agrietar.

• MINIFICCIÓN •

El lobo de mica.

Miguel Maldonado

Los lobos de mica envidian a los lobos de pelo, envidian que ellos puedan saltar, correr delirantes hacia el campo sin sufrir una sola rotura. Si los lobos de mica se deciden a morder, saben que en ello les iría la vida, siempre se rompen a media furia. ¡Ay! los lobos de mica, qué terrible resquebrajarse al dar el golpe, tener la furia quebradiza. No poder seguir una huella bajo la lluvia sin que el cuerpo de sal se desvanezca. Pero los consuela un trágico orgullo: su mordida es la más sincera, deben elegir en qué dentellada vale la pena morirse, es la mordida más justa que hay entre las especies lobinas.

Un día sin lobos.

Un día sin lobos.

Fernando Vicente

Drácula
Bram Stoker
Por un instante mi corazón se detuvo por completo, e intenté gritar, sólo que estaba completamente paralizada. Entonces me dijo con una especie de susurro cortante e intenso, señalando a Jonathan mientras hablaba: »¡Silencio! Si haces el más mínimo ruido, le cogeré y le aplastaré el cerebro delante de tus propios ojos». Yo estaba espantada y demasiado desconcertada para decir o hacer nada. Con una sonrisa burlona, él colocó una mano sobre mi hombro y, agarrándome fuerte, desnudó mi garganta con la otra, diciendo mientras lo hacía: »Primero, un pequeño refrigerio para recompensar mis esfuerzos. No hará falta que te resistas, ¡no es la primera ni la segunda vez que tus venas apaciguan mi sed!».
Pero mis sentimientos se tornaron repulsión y terror cuando vi todo su cuerpo emerger lentamente por la ventana y empezar a descender reptando por el muro del castillo, cabeza abajo sobre aquel terrible abismo, con su capa ondulando a su alrededor como unas enormes alas. Al principio no pude creer lo que veían mis ojos. Pensé que se trataba de un engaño provocado por la luz de la luna, algún efecto óptico de las sombras; pero continué observando, y no podía ser ninguna ilusión. Vi los dedos de manos y pies agarrar las esquinas de las piedras, desprovistas de mortero tras el desgaste de los años, y así, sirviéndose de todo saliente e irregularidad, descender a velocidad considerable, igual que un lagarto recorre una pared.
En el claro de la luna, frente a mí, había tres mujeres jóvenes; damas, a juzgar por sus vestidos y modales. En el preciso instante en que las vi, pensé que debía de estar soñando, pues aunque tenían la luna a sus espaldas no arrojaban sombra alguna sobre el suelo. Se acercaron a mí y me observaron un rato, y luego murmuraron entre sí. Dos eran morenas, y tenían altas narices aquilinas, como la del Conde, y enormes ojos oscuros y penetrantes, que parecían casi rojos en contraste con la palidez amarillenta de la luna. La otra era de tez clara, y tan hermosa como pueda serlo una mujer, con grandes, ondulantes masas de pelo dorado y ojos como pálidos zafiros. Por alguna razón su rostro me resultó familiar, y me pareció reconocerlo en relación a algún temor soñado, pero en aquel momento no conseguí recordar cuándo ni dónde.
Mordida Sincera.

Mordida Sincera.

«Un día la loba se enamoró de un joven que había sido soldado y segaba el heno con ella en las tierras del notario; pero lo que se llama enamorarse; sentir que las carnes le ardían bajo el fustán del corpiño, y sentir, mirándolo a los ojos, la sed que se siente en las horas calientes de junio en el fondo de las llanuras».

La Loba.

Giovanni Verga.

Trágico Orgullo.

Trágico Orgullo.

«Es cierto que ni a él ni a ella les gustaba salir durante el día. «Ese sol agresivo hace daño, ¿no ven cómo les pone negritos y raquíticos a los campesinos?», solía decir la tía, no sin un dejo de desprecio. El color blanco leche de su piel, así como el amarillento verdoso de la de su marido, sería resultado de esa común aversión a la luz solar».

Licantropía.

Rubén Bareiro Saguier.

Furia Quebradiza.

Furia Quebradiza.

«Si descubren una bruja –una anciana cuyos quesos maduran cuando los quesos de sus vecinos se resisten u otra vieja a quien su gato negro, ¡que siniestro!, sigue todo el tiempo– la desnudan y buscan la marca, el pezón supernumerario que amamanta a su familia. Lo encuentran pronto. Después, la lapidan».

El hombre lobo.

Angela Carter.

Amar a muerte.

Amar a muerte.

• MINIFICCIÓN •

TUBERCULOSIS

PAOLA TENA

Tuberculosis amigdalar profunda. Como una escrófula. Peor aún: como un ganglio gigante lleno de triunfantes bacilos de Koch. Mi familia se nego en redondo a aceptar el diagnóstico; la tuberculosis solo es para la gente pobre, como Lidia nuestra nana, que se murió de eso, en paz descanse. Pero el abuelo no. Un cáncer, enfisema. O la vejez, simplemente. Hay tantas causas por la cuales uno ya no puede respirar. Y el abuelo se fue apagando, poco a poco, sin que supiéramos muy bien porqué. Solo él conoce el motivo. Pero yo me imagino a veces que cuando dos se aman en secreto, hay besos tan improbables que dejan una marca profunda.