Minientrada

Agrietar.

• MINIFICCIÓN •

El lobo de mica.

Miguel Maldonado

Los lobos de mica envidian a los lobos de pelo, envidian que ellos puedan saltar, correr delirantes hacia el campo sin sufrir una sola rotura. Si los lobos de mica se deciden a morder, saben que en ello les iría la vida, siempre se rompen a media furia. ¡Ay! los lobos de mica, qué terrible resquebrajarse al dar el golpe, tener la furia quebradiza. No poder seguir una huella bajo la lluvia sin que el cuerpo de sal se desvanezca. Pero los consuela un trágico orgullo: su mordida es la más sincera, deben elegir en qué dentellada vale la pena morirse, es la mordida más justa que hay entre las especies lobinas.

Mordida Sincera.

Mordida Sincera.

«Un día la loba se enamoró de un joven que había sido soldado y segaba el heno con ella en las tierras del notario; pero lo que se llama enamorarse; sentir que las carnes le ardían bajo el fustán del corpiño, y sentir, mirándolo a los ojos, la sed que se siente en las horas calientes de junio en el fondo de las llanuras».

La Loba.

Giovanni Verga.

Trágico Orgullo.

Trágico Orgullo.

«Es cierto que ni a él ni a ella les gustaba salir durante el día. «Ese sol agresivo hace daño, ¿no ven cómo les pone negritos y raquíticos a los campesinos?», solía decir la tía, no sin un dejo de desprecio. El color blanco leche de su piel, así como el amarillento verdoso de la de su marido, sería resultado de esa común aversión a la luz solar».

Licantropía.

Rubén Bareiro Saguier.

Furia Quebradiza.

Furia Quebradiza.

«Si descubren una bruja –una anciana cuyos quesos maduran cuando los quesos de sus vecinos se resisten u otra vieja a quien su gato negro, ¡que siniestro!, sigue todo el tiempo– la desnudan y buscan la marca, el pezón supernumerario que amamanta a su familia. Lo encuentran pronto. Después, la lapidan».

El hombre lobo.

Angela Carter.