Por la obligada necesidad.

Por la obligada necesidad.

«—Padre, nos mataron.
—¿A quiénes?
—A nosotros. Al pasar el río. Nos zumbaron las balas hasta que nos mataron a todos.
—¿En dónde?
—Allá, en el Paso del Norte, mientras nos encandilaban las linternas, cuando íbamos cruzando el río.
—¿Y por qué?
—Pos no lo supe, padre. ¿Se acuerda de Estanislado? Él fue el que me encampanó pa irnos pa allá. Estábamos pasando el río cuando nos fusilaron con los máuseres. Me devolví porque él me dijo: “Sácame de aquí, paisano, no me dejes.” Y entonces estaba ya panza arriba, con el cuerpo todo agujerado, sin músculos. Lo arrastré como pude, a tirones, haciéndomele a un lado a las linternas que nos alumbraban buscándonos. Le dije: “Estás vivo”, y él me contestó: ‘Sácame de aquí, paisano’. Y luego me dijo: ‘Me dieron’».

-Paso del Norte

Juan Rulfo.

De impiedad y sin sentido.

De impiedad y sin sentido.

«—Has hecho los deberes. Veo que no me he equivocado al elegirte. Y quieres saber qué es lo que me ha llevado a hacer lo que hice. Eso no va a ser tan fácil. Tendrás que poner de tu parte. Y leer entre líneas, Carlos, siempre hay que leer entre líneas.
Se colocó perpendicular a la mesa, con los dos brazos apoyados mirando hacia mí, y empezó a hablar como si me dictase —Comencemos.
—Solo un montón de imbéciles, oprimidos y débiles puede dejarse matar así. El mundo está dividido entre quienes matan y quienes se dejan matar, entre lobos y ovejas. Me repugna ver a toda esa gente que critica la fuerza, la capacidad y el orgullo mientras se convence de que sus limitaciones son virtudes. La caridad es la debilidad disfrazada de buena intención.
Somos depredadores y lo vamos a seguir siendo. Seguiré matando, ¿saben por qué? Porque ustedes van a permitírmelo gracias a unas normas que hemos hecho gente como yo para protegernos. Hice todo lo que hice porque sé que en unos años estaré fuera de la cárcel. ¿Diez? ¿Doce? Quizá alguno más. Pero después seguiré con mi vida y si, volveré a matar.
Aquello no iba dirigido a mi, o al menos, no sólo a mí. El hijo de puta hablaba en plural. Estaba intentando utilizarme. Quería mandar sus mensajes. Quería seguir haciendo daño y pretendía que yo le sirviese de ayuda. Había elegido a un novato para usarlo como una marioneta».

-Los lobos no piden perdón

Miguel Conde-Lobato.