Minientrada

Agrietar.

• MINIFICCIÓN •

El lobo de mica.

Miguel Maldonado

Los lobos de mica envidian a los lobos de pelo, envidian que ellos puedan saltar, correr delirantes hacia el campo sin sufrir una sola rotura. Si los lobos de mica se deciden a morder, saben que en ello les iría la vida, siempre se rompen a media furia. ¡Ay! los lobos de mica, qué terrible resquebrajarse al dar el golpe, tener la furia quebradiza. No poder seguir una huella bajo la lluvia sin que el cuerpo de sal se desvanezca. Pero los consuela un trágico orgullo: su mordida es la más sincera, deben elegir en qué dentellada vale la pena morirse, es la mordida más justa que hay entre las especies lobinas.

Los actos ordinarios.

Los actos ordinarios.

«—Querida, no te sorprendas si no logras entender cómo están las cosas. Seguro que eres muy buena en tu trabajo, pero aquí la historia es distinta, porque los crímenes en serie se rigen por otras reglas, y eso también vale para las víctimas. No han hecho nada para convertirse en tales. Su única culpa, por lo común, es que sencillamente se encontraban en el lugar erróneo en el momento equivocado. O que para salir de casa ese día se han vestido de un color en particular en vez de otro. O, como en el caso que nos ocupa, tienen la culpa de ser niñas, caucásicas, y de tener entre siete y trece años… No te enfades, pero tú no puedes saber esas cosas. No es nada personal…

—¿Tienes hijos?

—No, ¿por qué? ¿Qué tiene eso que ver?

—Porque cuando encuentres a los padres de la sexta niña tendrás que explicarles la «razón» por la que su preciosa hija ha sido tratada de ese modo».

-LOBOS

Donato Carrisi.