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Helar.

• MINIFICCIÓN •

Montañeros.

Óscar Sipán

Mi padre desapareció hace veinte años, en la ascensión al Nanga Parbat. He sentido emoción, vértigo y furia al encontrarlo en una grieta de la cara norte, sin una arruga, más joven que yo. Creo que voy a matarle.

Como perdonando al viento.

Como perdonando al viento.

«Este verano hemos tenido que ir juntos a la playa. Nunca olvidaré su cara cuando, en el garage de la casa, le tendí las llaves del coche, como si tal cosa, como siempre, como si todavía estuviésemos viviendo dentro de ese siempre que se había agotado. Por un momento pensé que iba a derrumbarse de pura gratitud, pero enseguida se recompuso, buscó en la americana sus gafas de sol, ajustó asiento y espejos, dejó a manos sus chicles y sus puritos y arrancó el motor».

Vamos allá.

Carlos Castán.

Ahora ya caminas lento.

Ahora ya caminas lento.

«Hubo un verano que pintó el poste de amarillo chillón. Aquel invierno lo cubrió de hisopos de algodón para darle abrigo y le dio al poste retoños, clavando por el patio seis estaquitas con sus correspondientes travesaños de palo. Tendió cordel entre el poste y los palos y fijó con cinta adhesiva cartas de perdón, reconocimientos de culpa, súplicas para ser comprendido, todo escrito con una letra desquiciada sobre tarjetas de cartulina».

Palos.

George Saunders.

Hoy tengo que decirte papá.

Hoy tengo que decirte papá.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Puerta del ser: Abre tu ser, despierta / aprende a ser también, labra tu cara / trabaja tus facciones, ten un rostro / para mirar mi rostro y que te mire / para mirar la vida hasta la muerte.

Piedra de sol. Octavio Paz.

El Heredero

Quisiera el cielo que el canto que / me inspira / siempre sus ojos con amor lo vean, / y de todos los versos de mi lira / estos dignos de su nombre sean. ¹
Podrá nublarse el soleternamente; / podrá secarse en un instante el mar; / podrá romperse el eje de la tierra / como un débil cristal. / ¡Todo sucederá! Podrá la muerte / cubrirme con su fúnebre crespón; / pero jamás en mí podrá apagarse / la llama de tu amor. ²

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¹ Mi Padre, Juan De Dios Peza.

² Amor eterno, Gustavo Adolfo Bécquer.

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Narcisismo Superlativo.

Narcisismo Superlativo.

• SERIALES •

Dead to me

Lorna Harding (Valerie Mahaffey):

No dejo de pensar en eso. No respondí. No dejó un mensaje, pero sé que me necesitaba. Una madre sabe. Y yo no estuve ahí.

Jen Harding (Christina Appelgate):

¿Dónde estabas?

Lorna Harding (Valerie Mahaffey):

Es posible que… Tomara un potente somnífero.

Jen Harding (Christina Appelgate):

Bien. Mira, Lorna, no puedes castigarte por eso. Ted no murió por eso.

Lorna Harding (Valerie Mahaffey):

¿No?

Jen Harding (Christina Appelgate):

No.

Lorna Harding (Valerie Mahaffey):

Si una mariposa bate sus alas en Japón, ¿no causa un huracán en Florida?

Jen Harding (Christina Appelgate):

Francamente, no sé de qué hablas.

Lorna Harding (Valerie Mahaffey):

Perdí el hilo, pero yo soy la mariposa.

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Eso que ocultamos.

• MINIFICCIÓN •

Las relaciones

Patricia García Roldán

—No sé —Murmura Manuela compungida mientras mira a su marido en el lado derecho de la cama—. Creo que necesito más espacio.
—¡Pero, querida! —Le espeta él— ¿Y por qué no se lo dices al tipo que tienes a tu lado izquierdo?
—Pues viéndolo así —le contesta Manuela ofendida—, ¡dile a tu secretaria que se arrime un poco más al borde se la cama!

Eso que observamos.

Eso que observamos.

«Dichosos aquellos que son capaces de entender el lenguaje de las flores y de las cosas mudas».
Charles Baudelaire

Eso que sentimos.

Eso que sentimos.

«Yo entonces corrí, literalmente corrí a su encuentro. Usted me dio la mano y en su tacto reconocí la existencia serena, acosada, presente, de nuestras cosas subordinadas y comunes. Usted me dio la mano y yo musité: ‘Hoy y la alegría’, así, desordenadamente, ‘hoy y la alegría’, sin vacilar, sin pensar en rehusarla, sin alejarme obsesivamente, sin hacer nada, sin hacer absolutamente nada.
Usted había apoyado su mano en mi nuca y había alcanzado a decirme: ‘No sea tan muchacho. Quienes lo merecemos somos usted y yo. Usted y yo merecemos este amor en que siempre le perteneceré, en que siempre me pertenecerá. ¡Vamos, si parece un chico! Claro que sufre. Yo también. Yo también sufro’. Sí, usted también sufría. Pero estaba verdaderamente convencida de su resolución, de su ánimo, de su firmeza. Y ésta —su firmeza— acabó por perdernos. O salvarnos».

-Hoy y la alegría

Mario Benedetti.