Forma terrible de la nada.

Forma terrible de la nada.

«Quizás te convendría reposar en alguna religión. Esto también lo dejo a tu criterio. Yo no puedo recomendarte alguna de ellas porque soy el menos indicado para hacerlo. De todos modos, piénsalo y decídete si hay dentro de ti una voz profunda que lo solicita.

Lo que sí te recomiendo, y lo hago muy ampliamente, es que en lugar de ocuparte en investigaciones amargas, te dediques a observar más bien el pequeño cosmos que te rodea. Registra con cuidado los milagros cotidianos y acoge en tu corazón a la belleza. Recibe sus mensajes inefables y tradúcelos en tu lengua.

Creo que te falta actividad y que todavía no has penetrado en el profundo sentido del trabajo. Deberías buscar alguna ocupación que satisfaga a tus necesidades y que te deje solamente algunas horas libres. Toma esto con la mayor atención, es un consejo que te conviene mucho. Al final de un día laborioso no suele encontrarse uno con noches como esta, que por fortuna estás acabando de pasar profundamente dormido».

El silencio de Dios.

Juan José Arreola.

Cosas de Liosas.

Cosas de Liosas.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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• MINIFICCIÓN •

Peón Rosa.

Alfredo Beltrán León

A Nyx le hubiera encantado portar la corona de la Reina, pero como las medidas y el rango no le daban, decidió contarse otra historia. Así que en vez de avanzar, reculaba.

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Malagueña.

Malagueña.

«Allá en Juchipila a todos mis parientes y a mí nos decían mecos hijos de ésta, mecos hijos de la otra. Eso dejé de oírlo hasta que ingrese en la cárcel. Y de allí salí bien instruído; pero no se me borra el pasado ni el mundo de humillaje en que viví junto con mis hermanos, mis padres y mis abuelos. Tengo plena seguridad de que si algún día regreso a Juchipila me volverán a llamar meco. Así que necesito un documento probatorio para restregárselos en la cara y acusarlos de difamación si vuelven con sus “jijeces”».

El descubridor.

Juan Rulfo.

Endilgamiento.

Endilgamiento.

«Aquella mañana ella quiso ir al camposanto. Como siempre solía preguntar a Crispín, el no nacido, si estaba de acuerdo, lo hizo: “Crispín, le dijo, ¿te parece bien que vayamos? Te prometo que no lloraré. Sólo no sentaremos un ratito a platicar con tu padre y después volveremos; nos servirá a los dos ¿quieres?” Luego, tratando de adivinar en qué lugar podía tener sus manitas aquel hijo suyo: “Te llevaré de la mano todo el tiempo.” Esto le dijo».

La vida no es muy seria en sus cosas.

Juan Rulfo.

Minientrada

Olisquear.

• MINIFICCIÓN •

Una consorte sumamente flexible.

Alfonso Pedraza

Se ahogaba de pasión entre los muslos de ella. La disfrutaba, más, sus nalgas, las que siempre asía al sorber su perfumada entrepierna, habían perdido firmeza. También su pene, esperando una enérgica succión que no llegaba, perdía brío poco a poco.
—No es que no te valore, te adoro, mas, tendré que cambiarte. Buscaré una de esas japonesas que ahora vienen con pelo natural, piel tibia y vagina vibratoria.

Crimen gourmet.

Crimen gourmet.

«No morían pronto. Su agonía se prolongaba interminablemente. Yo pasaba todo ese tiempo encerrado en mi cuarto con la almohada sobre la cabeza, pero aún así los oía. Cuando despertaba a media noche, volvía a escucharlos. Nunca supe si estaban vivos o si sus gritos se habían quedado dentro de mí, en mi cabeza, en mis oídos, fuera y dentro, martillando, desgarrando todo mi ser.
A veces veía cientos de pequeños ojos pegados al cristal goteante de las ventanas. Cientos de ojos redondos y negros. Ojos brillantes, húmedos de llanto, que imploraban misericordia. Pero no había misericordia en aquella casa. Nadie se conmovía ante aquella crueldad. Sus ojos y sus gritos me seguían, y me siguen aún, a todas partes».

-Alta cocina

Amparo Dávila.

Inconfortable.

Inconfortable.

• MINIFICCIÓN •

La princesa Cardenal.

Marco de Mendoza

No eran los cuentos de princesas que me hacían creer que yo podría ser una; era mamá que me los leía cada noche, antes de que papá llegara del trabajo cansado y fastidiado, muy fastidiado; tanto, que necesitaba golpear a mamá, para luego él quedarse dormido en medio del sillón sosteniendo una cerveza. —No es que papá sea malo —decía mi madre, cubriéndose los cardenales—. —Es como en tus cuentos, siempre hay alguien así. —¿Cómo la bruja malvada mamá? —Preguntaba yo—, —Sí, justo así. —Yo prefiero ser princesa, mamá. —Eso debes ser, hija. Una buena y obediente princesa.
Hoy gracias a eso, soy una princesa muy obediente. Lo único malo, es que al igual que mamá, tengo una bruja malvada en casa. Y se queda dormido con una cerveza en la mano justo después de demostrarme… que yo no soy una princesa.