Ciencia Ficción Dura.

Ciencia Ficción Dura.

«Es curioso: Nuestros antepasados se imaginaban como la única especie inteligente. De cualquier manera, el encuentro fue una sorpresa para ambas culturas. Bien mirado, es raro que la nuestra sea la primera visita cara a cara (aunque los fractales no tenga una). La comunicación por radio no es suficiente para llegar a conocer a nadie».

La otra orilla.

Orlando Guzmán.

*Este cuento es una muestra de la ciencia ficción dura que se produce en nuestro país, mezcla entre clases de física, y anécdotas del autor ligados a la poesía de Octavio Paz.

Celestes espejismos.

Celestes espejismos.

«Dicen que mi padre la bautizó rápidamente y que estuvo horas enteras frente a su cunita sin aceptar su muerte. Nadie pudo convencerlo de que debía enterrarla. Llevó su empeño insensato hasta esconderla en aquel pomo de chiles que yo descubrí un día en el ropero, el cual estaba protegido por un envase carmesí de forma tan extraña que el más indiferente se sentía obligado a preguntar de qué se trataba».

Historia de Mariquita.

Guadalupe Dueñas.

Me sumerges al fin de los abismos.

Me sumerges al fin de los abismos.

«La corriente es que un cadáver sólo pese y mortifique; pero está vez, fallecer, significaría una fortuna. Beatriz se felicitó de poseer un cuerpo; ¡que desperdicio si hubiera nacido camaleón o golondrina! Meditó en la torpeza de consumirse entre las sábanas y en el egoísmo con que se escamotea una justa ganancia».

No moriré del todo.

Guadalupe Dueñas.

Cuando tú me detractas…

Cuando tú me detractas…

«El calvario se agrava. Ahora, antes de que amanezca, me dirijo anhelante al primer puesto, al vendedor más cercano; al gacetillero, al pepenador, para revisar meticulosamente cada publicación y comprobar si aún figura mi nombre, aunque sea en el directorio. Con mano temblorosa y ávida, abro las páginas; los dedos se me hacen huéspedes. Con esfuerzo olvido el llanto que me cause ver en algún rincón mi nombre de pila o la inicial perdida del apelativo que ya nadie reconoce».

Yo vendí mi nombre.

Guadalupe Dueñas.

Sueño surrealista.

Sueño surrealista.

«Hoy no pertenezco a ningún grupo; pinto lo que se me ocurre y se acabó. No quiero hablar de mí porque tengo muy arraigada la creencia de que lo que importa es la obra, pero no la persona. No me interesa la polémica ni ninguna actitud, soy sencillamente pacífica, necesito la paz».
Remedios
Varo

Te remuerden los días.

Te remuerden los días.

«Lo paralizaba la posibilidad de voltear y no encontrar nada; de estar consciente de que había escuchado y visto algo que no existía, y, entonces, confirmar algún tipo de enfermedad que se manifestaba en su mente y no en su cuerpo. Sin embargo, el frío permanecía atroz, pero sin atravesarle la piel. La voz volvió a intervenir desde la ventana:
—La enfermedad que temes no está en mí ni en ti, sino en quienes no escuchan sus sueños, en quienes se aferran a una sola visión e identidad, en quienes detienen los pasos de su destino.
—¿Eres acaso una proyección de mis pensamientos? —se atrevió por fin a contestar, pero sin mirarlo, mirarse, todavía.
—Si fuera tan sólo una proyección de tus pensamientos no podría decirte algo que no habías pensado. No. Soy la proyección de la voz que no te habías atrevido a explorar. Soy tu necesidad de darle nombre a las imágenes que llegan a ti de noche, desde los mundos que palpitan en tu ingenio y pensamiento».

Ojo de agua y fantasma.

Iliana Vargas.