Te remuerden los días.

Te remuerden los días.

«Lo paralizaba la posibilidad de voltear y no encontrar nada; de estar consciente de que había escuchado y visto algo que no existía, y, entonces, confirmar algún tipo de enfermedad que se manifestaba en su mente y no en su cuerpo. Sin embargo, el frío permanecía atroz, pero sin atravesarle la piel. La voz volvió a intervenir desde la ventana:
—La enfermedad que temes no está en mí ni en ti, sino en quienes no escuchan sus sueños, en quienes se aferran a una sola visión e identidad, en quienes detienen los pasos de su destino.
—¿Eres acaso una proyección de mis pensamientos? —se atrevió por fin a contestar, pero sin mirarlo, mirarse, todavía.
—Si fuera tan sólo una proyección de tus pensamientos no podría decirte algo que no habías pensado. No. Soy la proyección de la voz que no te habías atrevido a explorar. Soy tu necesidad de darle nombre a las imágenes que llegan a ti de noche, desde los mundos que palpitan en tu ingenio y pensamiento».

Ojo de agua y fantasma.

Iliana Vargas.

Cierra las puertas de tu rostro.

Cierra las puertas de tu rostro.

«Yo quedé mudo. ¿Cómo un ojo puede estar persiguiendo la vida de otra persona sin estar físicamente detrás de ella? Mi cliente era un perturbado mental, sin duda. Pero con la mente abierta que da la juventud y la necesidad de conservar a los primeros pacientes, yo intenté no mostrar mi incredulidad y acerté en decirle con una seguridad asombrosa:
—No se preocupe, daremos con el orígen de su problema».

El oculista.

Cecilia Eudave.

Lúgubre manía de vivir.

Lúgubre manía de vivir.

«Solamente hoy me doy cuenta de que he vivido años en medio de un pueblo que desde hace cuatro milenios se devora a sí mismo. Nuestra hermanita murió justamente en el momento en que mi hermano se hacía cargo de la familia. ¿No habrá mezclado su carne con nuestros alimentos para que la comiéramos sin saber que lo hacíamos?».

El diario de un loco.

Lu Xun.