Cosa de semántica.

Cosa de semántica.

«He visto lo que les ha pasado a algunos amigos —decía Rutherford— y he decidido que a mí no me pase lo mismo. No es tan difícil: si eliges una mujer con sentido común y le hablas claro, y te comportas como Dios manda, y juegas limpio, entonces es un matrimonio de verdad. Pero si desde el principio consientes tonterías, entonces es un vulgar apaño: antes de que pasen cinco años el marido corta por lo sano, o ella lo engaña, y se repite el desastre de siempre.
—¡Exacto! —asintió entusiasmado el individuo que lo acompañaba—. Hamilton, chico, tienes toda la tazón».

-𝐋𝐚 𝐛𝐨𝐝𝐚
𝐅. 𝐒𝐜𝐨𝐭𝐭 𝐅𝐢𝐭𝐳𝐠𝐞𝐫𝐚𝐥𝐝

Hasta que el sol se escape con la luna.

Hasta que el sol se escape con la luna.

«En aquel tiempo Hildegarde era una mujer de treinta y cinco años, con un hijo, Roscoe, de catorce. En los primeros días de su matrimonio Benjamín había sentido adoración por ella. Pero, con los años su cabellera color miel se volvió castaña, vulgar, y el esmalte azul de sus ojos adquirió el aspecto de la loza barata. Además, y por encima de todo, Hildegarde había ido moderando sus costumbres, demasiado plácida, demasiado satisfecha, demasiado anémica en sus manifestaciones de entusiasmo: sus gustos eran demasiado sobrios. Cuando eran novios ella era la que arrastraba a Benjamín a bailes y cenas; pero ahora era al contrario. Hildegarde lo acompañaba siempre en sociedad, pero sin entusiasmo, consumida ya por esa sempiterna inercia que da miedo y que viene a vivir un día con nosotros y se queda a nuestro lado hasta el final».

-El extraño caso de Benjamin Button

F. Scott Fitzgerald.

Hasta que el cielo se caiga por nosotros.

Hasta que el cielo se caiga por nosotros.

«La fuerza de sus mentiras procedía de su sinceridad y de la simple y absoluta confianza en que la persona a quien quería debía quererla a su vez. Josephine nunca se avergonzaba ni se quejaba de nada. No tenía miedo. Ahora estaba a solas con un hombre, un mundo en el que se había movido con seguridad desde que tenía ocho años. No planeaba nada; se dejaba llevar, y la vida irresistible que había en ella hacía el resto. Sólo cuando se nos ha ido la juventud, y la experiencia nos ha dotado de una especie de coraje de pacotilla, solemos darnos cuenta de lo simples que son las cosas».

-La primera herida

F. Scott Fitzgerald

Déjame amarte en vida.

Déjame amarte en vida.

«Era una noche oscura, aunque desde el fondo de la calle llegaba el resplandor borroso de la Sexta Avenida. A aquella luz, los dos que habían sido amantes se miraron por última vez, y vieron en sus caras trágicas que entre los dos no reunían la juventud ni la fuerza suficientes para impedir la separación eterna. Entonces Sloane se perdió calle abajo y Anson golpeó el brazo de un taxista medio dormido».

-El joven rico

F. Scott Fitzgerald.