Son consecuencias.

Son consecuencias.

«Es increíble que el mundo sea tan pequeño. Cuando entras en este negocio nunca imaginas que te tocará matar a un conocido. ¡Jamás! Tú vas, ubicas, procedes y se acabó. No hay más casos. Si es famoso, o si es un pobre diablo; si es un padre de familia ejemplar, o si es una lesbiana de moral dudosa, la suerte está echada y la muerte les llega a todos por igual. Nunca te preguntas qué hizo, ni tampoco por qué alguien lo quiere muerto. Ya te pagaron y no fue por preguntar. Ahora te toca hacer tu parte del contrato. Sin testigos. Sin exhibiciones. Sin escrúpulos. Te contratan para resolver problemas y no para crearlos. Aún recuerdo a la primera mujer que perdió conmigo. Era la hija de un comerciante. Estaba de buen ver; tenía unas caderas ardientes y usaba lencería de encaje negro. Fue una lástima que la bala terminara por arruinar ese delineado perfecto. La pequeña sabía demasiado: encontró a su padre encima de su mejor amiga. Cuando intentó estafarlo, éste pagó el último de sus costosos viajes, claro, sin retorno. Yo tenía treinta años cuando eso sucedió… Dicen que sólo al primer muerto es al que nunca olvidas y todos los demás se vuelven el sueño de una sombra».

-El día de mi suerte.
Atzin Nieto.

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De policías y ladrones.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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Recuerdo como de niño, nos reuníamos unos 12 o 15 vecinos de la cuadra donde vivía y nuestro juego más recurrente siempre fue: Policías y ladrones. -¡Era fantástico! decía Sergio. Y es que él siempre quería ser “ladrón”; y yo por el contrario, siempre buscaba ser el policía, (desde entonces ese gusto por tener el control). Afortunadamente Sergio hoy es todo, menos aquel ladrón de nuestras quimeras y yo, lejos de aquel policía enérgico y gritón, estoy acá, perdido y encontrado entre letras y ficciones.

Esa dualidad entre el bien hacer y el mal discrepante, es una constante no solo en la vida real, lo es también en la ficción. Y es que el juego no nos era suficiente. Nos tumbábamos sobre la alfombra de casa y veíamos películas y series policíacas buscando ideas que pudiéramos aplicar al juego.

Hoy inevitablemente, hemos crecido, pero seguimos recordando aquellos días y encontrándonos en cada serie policíaca que vemos en televisión; y aunque ya no emulemos esos personajes, nos divierte pensar quienes podríamos ser en estas series de ahora.

He aquí algunas de las series policíacas, con las que, a usanza del pasado, podemos deleitar al niño que disfrutamos ser, siendo adultos:

  • La ley y el orden
  • Mentes criminales
  • How to get away with murder
  • C. S. I
  • Medium
  • Hawaii 5.0
  • Dexter
  • White collar
  • Lucifer
  • La casa de papel

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Crimen y Castigo.

• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •

Las cintas de Ted Bundy.

Joe Berlinger
2019

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«He conocido gente que irradia vulnerabilidad. Sus expresiones faciales dicen ‘tengo miedo de ti’. Estas personas invitan al abuso. Esperando a ser heridos… No sabía qué hacía a las personas querer tener amigos. No sabía qué hacía a la gente atraerse la una a la otra. No sabía qué subyace en las interacciones sociales».

Ted Bundy
[Asesino serial]

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Náiriú.

• MINIFICCIÓN •

Disertaciones sobre una escoba.

Jonathan Swift

—En el estilo y la manera de las disertaciones del honorable Robert Boyle.

Este palo que miras yacer solo, abandonado en una esquina, yo lo he conocido en otro estado más floreciente en el bosque. Estaba lleno de savia, lleno de hojas, lleno de ramas, y ahora en vano hace el afanoso arte que el hombre pretende ganarle a la naturaleza, al amarrar un montón de ramas secas a un tronco desnudo; y se le conoce justo por lo contrario a lo que era, como si fuera un árbol volteado de cabeza, las ramas en la tierra, y la raíz mirando al cielo. Cuando la veo, suspiro y me digo: «¡qué parecida a los humanos es una escoba!».

No sangra jugos dulces todavía.

No sangra jugos dulces todavía.

«Al parecer, el principal objetivo en la vida de Thea era hacer desgraciados a sus contemporáneos. Había contado una mentira sobre otra niña, en relación con un niño, y la chiquilla había llorado y casi tuvo una depresión nerviosa. Ted no podía recordar los detalles, aunque sí había comprendido la historia cuando la oyó por primera vez, resumida por Margot. Thea había logrado echarle toda la culpa a la otra niña. Maquiavelo no lo hubiera hecho mejor».

La perfecta señorita.

Patricia Highsmith.

Su boca no estaba madura.

Su boca no estaba madura.

«La única manera de salir de aquel lugar era engañarlos, se dio cuenta Laura, así que empezó a complacerlos, gradualmente. Se le permitiría irse, decían, a condición de que regresara con Eddie. Pero logró sacarle a uno de los doctores una declaración firmada –ella insistió en tenerla por escrito– de que no iba a tener más hijos, lo cual quería decir que tenía derecho a tomar la píldora».

Esos horribles amaneceres.

Patricia Highsmith.

Los ojos repletos de gas neón.

Los ojos repletos de gas neón.

«El matrimonio se celebró en una iglesia en presencia de familia, amigos y vecinos, puede que incluso tuviera a Dios como testigo, ya que, desde luego, Él estaba invitado. Iba toda de blanco, aunque ciertamente no era virgen, dado que estaba embarazada de dos meses y no del hombre con quien se casaba».

La prostituta autorizada o la esposa.

Patricia Highsmith.