Son verdades las heridas.

Son verdades las heridas.

«—¿Sabes cómo haría yo pa’que las gentes valiéramos más?
—¿Cómo?
—Pos si yo juera’l dueño de México, mandaría qu’en los abastos se mataran gentes, y que vendieran sus carnes ¡muncho caras!, como a cinco pesos la libra, hasta que nos gustara comernos.
—¿Y eso pa’qué? —preguntó el tata, mirándolo fijamente.
—Pos ansina ¿no se te afigura que ya no se desperdiciarían gentes? ¿A que en ninguna parte has mirao que se desperdicie un chivo?
—Hombre, pos no…».

Hombres en tempestad.

Jorge Ferretis.