Spinola.

Spinola.

• MINIFICCIÓN •

Refugio.

Cynthia Spinola

Refugio se levantó por la mañana y, aunque los pies le pesaban, no olvidó rezar. Se puso de rodillas, repasó las líneas aprendidas de la retórica que embelesa el relato místico. Dirigió la vista hacia la pared; el retrato de su padre muerto la retaba con la mirada, recuerdos.

—¿Qué haces, Refugio? —se reprochó—. Repara esos ojos, reconoce la sensación, el renuente latido, el apremio del tiempo, el recuento de una vida con recelo. Esa revuelta que existe en tu mente no podrá reanimar tu corazón. Repite tus días con diferencia, rehúsa la fuerza gastada, reconstrucción de una realidad fuera de la cama. Rema hasta nuevas orillas, recorre con tus dedos los restos de una resistencia resentida, rebeldes remedios. Re-evolución, hora de re-componer el tono, la sílaba, de re-escribir estas líneas, de recobrar el alma resguardada bajo faldas largas. Re-inventarse, ¡Refugio, re-inventarse!, reír de la redondez.

Abrasar.

Abrasar.

• MINIFICCIÓN •

Canto de fuego.

José Manuel Ortiz Soto

A través de la cortina de fuego y humo entreví una sirena al otro lado del pasillo. No me pregunté qué estaba haciendo allí. Escupiendo chorros de agua con la manguera, me abrí paso entre las llamas. Cristales que estallaban por un lado, muros que chirriaban por el otro y el techo a nada de venirse abajo,conformaban el demencial coro de muerte. «Tienes que llegar», repetía en mi cabeza una voz que yo aceptaba como mía. «Tengo que llegar» , repetía un yo autómata, cada vez más cerca del objetivo.— ¡Adónde chingados vas, Javier! ¿Acaso estás loco? ¡Ya no hay tiempo para rescatar a nadie! ¡Vuelve acá!—gritaban detrás de mí otras voces. Jamás pasó por mi cabeza la idea de regresar.

I’m stuck here in this hellhole on my own.¹

I’m stuck here in this hellhole on my own.¹

«Mientras me debatía en ese suelo que se tornaba más blando y quemante a cada paso, más de fuego; mientras la potencia del astro, adversario impiadoso, castigaba la cáscara frágil de mi piel, ardiéndomela, ampulándomela, pensé, supe que mi existencia no me pertenecía, que era dependiente por entero de la de mis mayores, y que ellos, al igual que yo, mínimos e indefensos, me pensaban como una prolongación de sí mismos; se pensaban en mí. Yo era el resto de aliento que le transmitían a él: único posible dador de la vida. Ignoro en qué momento comencé a que la vastedad del espacio se poblaba de rivales, apostadas miradas».

Tema del rescate.

Agustín Monsreal.

¹ In flames you burn, Dream Evil.

Quiahuitl.

Quiahuitl.

«La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de somnolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje».

Federico García Lorca

Tlaloc

Tlaloc
Andrés Ríos
Tlaloc
Gianluca Rolli
Tlaloc – God of Rain
Danae Alba
Tlaloque
José Manuel Tello
Kinich Ahau.

Kinich Ahau.

«—Soy un Alacrán. Un hijo de Síina’an Yaach que fue arrancado del nido junto con otros para que en un juego de pelota se decidiera el destino de toda una ciudad.
—Todo guerrero que es elegido para recrear la creación de Tsiík Kaaj, las tierras salvajes, en el pok ta pok debería sentirse orgulloso. Ha sido escogido como guardián de su pueblo, defensor de las tradiciones y servidor de la verdad.
—Eso lo dices tú porque nunca has estado golpeando un caucho duro con la cadera durante horas. Yo sólo soy un sobreviviente. No estoy obligado a defender a nadie si no hay un precio de por medio. No sirvo ni ideales efímeros, ni a dioses, ni reyes o naciones».

El alacrán.

Paulo César Ramírez Villaseñor.

Elcicihuilztli.

Elcicihuilztli.

«La aldea vacía, salvo utensilios abandonados. Y figuras humanas con ojos vacíos. Todos sus habitantes, o lo que quedaba de ellos, estaban ahí, de pie e inmóviles, personas que habían muerto por los Suqra que habían perdido el control, robado sus cuerpos, así que sus almas no estarían tranquilas, no disfrutarían de la paz. Estaban atados a ese lugar: hombres fuertes y sanos, mujeres que habían sido alegres alguna vez, y lo peor: niños. Niños quietos como estatuas».

El canto de Killari.

Ernesto F. Montemayor.

Ah Puch.

Ah Puch.

«Tezcatlipoca no se esperaba eso, estaba tan sorprendido como Huitz. “Los seres de este mundo son muy interesantes”, pensó. Caminó lento hacía los amantes y Huitz enfurecido tomó su arma y quiso asesinarlo pero su cuerpo se detuvo, estaba paralizado. El jaguar tomó forma de hombre y su tobillo de hueso resaltaba de entre su piel. Huitz supo de quién se trataba y lo injurió».

El guerrero águila y el jaguar nocturno.

Rubén Caballero Petrova.