Bésame la boca.

Bésame la boca.

«Winner le quita la blusa a Clotilde. Después la agarra del cuello y la tumba en la cama. Le aprieta los huesos del omóplato y del tórax, donde se apoyan unos senos pequeños y empinados; palpa las costillas conspicuas. El cuerpo de Clotilde a veces recuerda el de un lagarto, si un lagarto tuviera la piel tan fina.
—Levanta la cabeza —dice Winner después de desnudar a Clotilde. Con la lengua siente los músculos abdominales de la mujer, tensos debajo de la piel. Recorre con la mano la musculatura ondulada de ese vientre que le parece, excitantemente, una tabla de lavar ropa.
—Bésame la boca —dice ella.
—Muéstrame tu lengua».

-Romance negro 

Rubem Fonseca

7 placeres capitales.

7 placeres capitales.

«Si las acciones humanas pueden ser nobles, vergonzosas o indiferentes,
lo mismo ocurre con los placeres correspondientes. Hay placeres que derivan de actividades nobles, y otros de vergonzoso origen».
Aristóteles

El placer de hacer.

El placer de hacer.

«Veía a Gianni desesperado por decirme algo que o era muy embarazoso o era muy extraordinario. Entonces ocurrió, sacó del bolsillo una cajetilla de cigarros y dentro de ella extrajo una bolsita de tela.
—¿Quieres? —me preguntó.
—¿Qué cosa?
—Algo que ayuda a oír el jazz…
—Mariguana.
Yo debí saltar en mi asiento, porque me dijo, sonriendo otra vez con su sonrisa sana:
—No te asustes, que no mata.
—No me asusta —Ya la he fumado, mentí.
—¿De veras? ¿Y qué efecto produce?
—A mí me dio mareos y vómitos.
—Pues no has fumado mariguana, porque la mariguana ni da mareos ni vómitos. Es exactamente como la bebida, sólo que no hay despertar malo al día siguiente. ¿De veras que no quieres?
—No —me mantuve ahí.
—Bueno, ¿entonces no te importa que yo la fume?
—No —le dije, muy blasé—. No me importa.
En realidad estaba muerto de miedo.
—Puedes fumarla —le dije.
Lo encendió y comenzó a fumar. Yo no sentía olor ni nada por el estilo. Puede ser que hubiera sido el miedo o la sorpresa, porque insistí, muy ingenuamente, en preguntarle:
—¿Es mariguana de veras?
Me miró. Se sonrió con su sonrisa doblada. Me dijo, simplemente:
—Mi nombre es Gianni, no Zanni.
Zanni, en italiano, quiere decir bufón, cómico, payaso».

-Jazz

Guillermo Cabrera Infante.

El placer de ser.

El placer de ser.

Había entrado en el convento por imposición de la familia: querían verla amparada en el seno de Dios. Obedeció.
Pero empezó a cansarse de vivir sólo entre mujeres. Mujeres, mujeres, mujeres. Escogió a una amiga como confidente. Le dijo que no aguantaba más. La amiga le aconsejó: —Mortifica el cuerpo.
Comenzó a dormir en la losa fría. Y se fustigaba con el cilicio. De nada servía. Le daban fuertes gripes, quedaba toda arañada. Un día, a la hora del almuerzo, empezó a llorar. No le explicó la razón a nadie. Ni ella sabía por qué lloraba. Y de ahí en adelante vivía llorando. A pesar de comer poco, engordaba. Y tenía ojeras moradas. Su voz, cuando cantaba en la iglesia, era de contralto.
Se confesó con el padre. Él le mandó que siguiera mortificándose. Ella continuó.
Hasta que le dijo al padre en el confesionario:
—¡No aguanto más, juro que ya no aguanto más! Él le dijo meditativo: —Es mejor no casarse. Pero es mejor casarse que arder.

-Mejor que arder

Clarice Lispector.