
«VeÃa a Gianni desesperado por decirme algo que o era muy embarazoso o era muy extraordinario. Entonces ocurrió, sacó del bolsillo una cajetilla de cigarros y dentro de ella extrajo una bolsita de tela.
—¿Quieres? —me preguntó.
—¿Qué cosa?
—Algo que ayuda a oÃr el jazz…
—Mariguana.
Yo debà saltar en mi asiento, porque me dijo, sonriendo otra vez con su sonrisa sana:
—No te asustes, que no mata.
—No me asusta —Ya la he fumado, mentÃ.
—¿De veras? ¿Y qué efecto produce?
—A mà me dio mareos y vómitos.
—Pues no has fumado mariguana, porque la mariguana ni da mareos ni vómitos. Es exactamente como la bebida, sólo que no hay despertar malo al dÃa siguiente. ¿De veras que no quieres?
—No —me mantuve ahÃ.
—Bueno, ¿entonces no te importa que yo la fume?
—No —le dije, muy blasé—. No me importa.
En realidad estaba muerto de miedo.
—Puedes fumarla —le dije.
Lo encendió y comenzó a fumar. Yo no sentÃa olor ni nada por el estilo. Puede ser que hubiera sido el miedo o la sorpresa, porque insistÃ, muy ingenuamente, en preguntarle:
—¿Es mariguana de veras?
Me miró. Se sonrió con su sonrisa doblada. Me dijo, simplemente:
—Mi nombre es Gianni, no Zanni.
Zanni, en italiano, quiere decir bufón, cómico, payaso».
-Jazz
Guillermo Cabrera Infante.

