Ossudo.

Ossudo.

«Entró en aquel momento el Falso Perpetuo y los cuatro se callaron. El Falso Perpetuo tenía el pelo liso, negro, cara huesuda, la mirada impasible y nunca se reía, igual que el Perpetuo Verdadero, un policía famoso asesinado años atrás. Ninguno de los jugadores sabía qué hacía el Falso Perpetuo, tal vez fuera empleado de banca, o funcionario público, pero su presencia, cuando de vez en cuando aparecía por el bar de Anísio, atemorizaba siempre a los cuatro amigos. Nadie sabía su nombre. Lo de Falso Perpetuo era un mote que le había puesto Anísio, que había conocido al Verdadero».

El juego del muerto.

Rubem Fonseca.

Pesadelo.

Pesadelo.

«Al fin llegaron, los malditos. Y miraban a aquella eterna Viuda, la gran Solitaria que fascinaba a todos, y los hombres y las mujeres no podían resistir y querían aproximarse a ella para amarla muriendo, pero ella con un gesto los mantenía a todos a distancia. Ellos querían amarla con un amor extraño que vibra en la muerte. No se inquietaban por amarla muriendo. El manto de Ella-él era de sufrido color rosa. Pero las mercenarias del sexo en festín intentaban imitarla en vano.
¿Qué hora sería? Nadie podía vivir en el tiempo, el tiempo era indirecto y por su propia naturaleza siempre inalcanzable».

Dónde estuviste anoche.

Clarice Lispector.

Estranho.

Estranho.

«—No llore, mujer. Soy el papá, y no estoy llorando.
Con la ayuda de un pariente el papá lo bañó. El niño permaneció duro sobre la tina, no pudieron sentarlo en el agua. Después la mamá lo vistió, ni era domingo; pantalón azul, camisa blanca, con saco, como un hombrecito. No calzó los viejos zapatos. Lo abrazó tan fuerte, quería ser enterrada con él en el mismo cajón, el hijo tenía miedo a la oscuridad».

Pedrinho.

Dalton Trevisan.

Sací-Pererê.

Sací-Pererê.

• PLUMA INVITADA •

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Es uno de los personajes más famosos de Brasil, tal es así, que posee hasta un día propio: el 31 de octubre.

El Bromista de los dioses.

En el folclore brasileño Sací-Pererê, o simplemente Sací, es una criatura mítica representada por un niño negro con gorro rojo y una pipa que, además, tiene una particularidad, sólo tiene una pierna. Esta minusvalía no le impide ser el mas travieso de todos los personajes infantiles.

Su gorro rojo le da poderes mágicos y se mueve en un remolino de viento lo que hace que sea casi imposible atraparle cuando se divierte con sus travesuras. Sólo hay una forma de capturarlo, si mientras se está trasladando en su remolino se introduce un colador y se agita. Eso sí, hay que quitarle rápidamente su gorro rojo para que pierda sus poderes. También hay una forma de sobornarlo: con cachaça o tabaco para su pipa.

Saci es un auténtico bromista: le encanta espantar caballos, deshacer la cama, despertar a la gente con sus carcajadas, esconder objetos domésticos, derramar la sal en la cocina y gastar todo tipo de bromas. Nunca intenta causar el mal, sólo hacer alguna que otra trastada.

Según la leyenda, por las noches, todos los Sací del mundo se reúnen y planean todas las travesuras que harán al día siguiente.

Los niños brasileños utilizan a menudo la excusa de «Ha sido Saci» cuando son pillados «in fraganti» en plena faena.

Se cree que la leyenda surgió en las tribus indígenas del sur de Brasil y que fue extendiéndose hacia el norte, adoptando características africanas como el color de su piel y el uso de la pipa. Al principio se le dibujaba con dos piernas, pero la leyenda dice que perdió una en una lucha de capoeira.

Como curiosidad, Sací-Pererê es la mascota oficial del club internacional de fútbol de Porto Alegre.

Marco Haurélio.

Causa y efecto.

Causa y efecto.

• MINIFICCIÓN •

Hilos

Adrián Pérez

Se ovilla sobre las baldosas frías y comienza a temblar. Cuando abre los ojos se da cuenta de que su mano ya no cuenta dedos, sino una maraña deforme y roja que poco a poco va carcomiendo el brazo, la clavicula, la columna, el coxis. Todo él se desmorona. Lejos de allí, en un lugar remoto, alguien a empezado a tirar el hilo.

Alucinaciones (?).

Alucinaciones (?).

«Y aquí estoy en el rincón, viendo mi sombra sobre la pared de adobe, con las rodillas y los brazos muy cansados, con mis tiritas de regalos tiradas en el suelo, oyendo cómo roncan mis padres, mientras yo estoy crucificado sólo porque vi las trescientas sesenta y cinco casas de Dios, vi a las Once Mil Vírgenes todas chiquititas, cubiertas de flores sonrosadas, vi al Rey del Mundo que tuvo la atención de hacerme tantos regalos, vi al Hombre, escondido en el cerro con su carabina y que sólo sale para ver los huesos de los muertos Antiguos, que ahora me parece que él mismo los mató, vi a los Apóstoles y si no vi a Judas es porque ya se había huido y vi a san José… ¡Y aunque les pese, los vi y los vi y los vi!… Papá, no apague la vela. ¡Ya la apagó! Papá, no me diga mentiroso, porque los vi, los vi y los vi… por eso ahora estoy crucificado en este rincón oscuro…»

-El mentiroso

Elena Garro.