Vituperio.

Vituperio.

«El director se sentó en la silla del estrado y los demás en los pupitres y el director los miró a todos con los ojos negros y todos lo miraron a él con su cara morena y su camisa azul y su corbata morada. El director dijo que nadie se moría de hambre y que todo el mundo pasaba trabajo y los maestros se enojaron y uno dijo que ponchaba boletos en un camión después de dar dos turnos y otra que trabajaba de noche en una lonchería de Santa María la Redonda y otra que tenía una miscelánea puesta con sus ahorros y sólo había venido por solidaridad. Durán les dijo que iban a perder la antigüedad, las pensiones y de repente hasta los puestos y les pidió que no se expusieran. Todos se levantaron y salieron y Salvador vio que ya eran las seis y media y corrió a la calle, cruzó corriendo entre el tráfico y abordó un camión».

-El costo de la vida

Carlos Fuentes.

Muestrario en la propia piel.

Muestrario en la propia piel.

«Vi a Gamaliel con otra cara, con cara de no reconocerse a sí mismo, y entonces la vanidad de mujer se me subió a la cabeza, me creí domadora de jotos o no sé qué y empecé a sentirme de veras lujuriosa, de veras lesbiana, mordí a Gamaliel en una oreja, le saque sangre y si no se acaba la música por Dios que nos ponemos a darle de verdad enfrente de todo el mundo».

El alimento del artista.

Enrique Serna.

Todo trauma es un drama.

Todo trauma es un drama.

«El papel de víctima te quedaba bien cuando tenías dieciocho años, no ahora que vas a cumplir cuarenta. A esa edad los traumas ya hicieron costra. Y además es muy temprano para que me acuses de haberte desgraciado la vida. Eso  anima la conversación a las dos de la mañana, pero suena muy falso cuando ni siquiera te has tomado tu primera cuba».

La última visita.

Enrique Serna.

Pueblos mágicos.

Pueblos mágicos.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

«Por fin amaneció. Avanzó la aurora como una flor de fuego y retrocedió lentamente la oscuridad. El cielo se aclaró y la abrumadora belleza del paisaje surgió ante sus ojos como un mundo recién nacido».

Isabel Allende.

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Guanajuato, México.
Colección privada 2016. Marco Mendoza
Mazamitla, Jal., México
Colección privada 2015. Marco Mendoza
Zacatecas, México
Colección Privada 2009. Marco Mendoza
Tequila, Jal. México
Colección privada 2018. Marco Mendoza
El Chico, Hidalgo. México
Colección privada 2010. Marco Mendoza
Tapalpa, Jal. México
Colección privada 2015. Marco Mendoza
Tlaquepaque, Jal. México
Colección privada 2019. Marco Mendoza
Real del Monte, Hidalgo. México
Colección privada 2010. Marco Mendoza
Arandas, Jal. México
Colección privada 2019. Marco Mendoza
León, Gto., México
Colección privada 2016. Marco Mendoza

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Hay algo maldito en la tierra.

Hay algo maldito en la tierra.

«Era ya un profesor. Resistiendo penurias, con los pantalones remendados en las sentaderas y con el intestino acostumbrado a no pedir imposibles, había terminado sus estudios en la Escuela Normal. Y su título no era un simple cartón que se quedara colgado en una pared de su alcoba. Entre los andamiajes de su psicología, aquel título era como un puntual de circunspección, que enderezaba todas sus intenciones de muchacho limpio. Intenciones, muchas intenciones que a la luz del sol, le convertían el cerebro en algo así como un colmenar; y que por las noches, cuando paseaba solo, le llenaban el pecho como de luciérnagas».

Patada sublime.

Jorge Ferretis.

Son verdades las heridas.

Son verdades las heridas.

«—¿Sabes cómo haría yo pa’que las gentes valiéramos más?
—¿Cómo?
—Pos si yo juera’l dueño de México, mandaría qu’en los abastos se mataran gentes, y que vendieran sus carnes ¡muncho caras!, como a cinco pesos la libra, hasta que nos gustara comernos.
—¿Y eso pa’qué? —preguntó el tata, mirándolo fijamente.
—Pos ansina ¿no se te afigura que ya no se desperdiciarían gentes? ¿A que en ninguna parte has mirao que se desperdicie un chivo?
—Hombre, pos no…».

Hombres en tempestad.

Jorge Ferretis.