Añoranzas.

Añoranzas.

DESCANSAMOS LOS MARTES

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Aromas. Son tan diversos, contrastantes y evocadores, que a veces tienen la fuerza suficiente para llevarnos a un sitio en el pasado o provocarnos sensaciones luminosas y también malamente, desagradables. Pero hoy quiero hablar solo de las sensaciones placenteras que nos provoca oler, sentir.

Hay muchas maneras de evocar recuerdos, pero sin duda, a mí los aromas me llevan de inmediato a momentos y personas. Cuando adolescente, recuerdo que solía usar una colonia fresca y con esencia de romero. Ahora todos los días de camino al trabajo, cruzo junto a una casa que en gran parte de su jardín tiene romero. Me detengo por un momento, inhalo, y de inmediato ese devenir de momentos, de instantes; todos repletos de felicidad. Así huelo yo al romero.

Seguramente todos tenemos una esencia que nos rememora algo, un lugar, una o varias personas, una situación particular, a la familia; por ejemplo, mi madre me solía preguntar por qué iba tanto a aquel sitio de pizzas a la leña. —Pareciera que estoy en casa de los abuelos, le decía yo.

A veces llegaba dormido en el auto, y el aroma a pan recién horneado me despertaba. Aquel aroma del horno agitando sus brazas era saber que mis abuelos estaban cerca. Ahora cada que percibo ese aroma, ellos vuelven e instintivamente sonrío. El abuelo había construido ese horno a petición de mí abuela. Era fantástico llegar y comer de ese pan tibio, esponjoso y aromático. Pero era aún mejor cuando juntos, entre los primos y mis abuelos, hacíamos el pan, lo decorábamos y lo metíamos al horno y luego, esperábamos sentados en el balcón con una taza de té de limón. Otro aroma poderoso.

Ahora, faltan pocos días para navidad y yo solo espero ese aroma tan característico del ponche y de las nochebuenas, porque me recuerda a la familia. Reunidos en torno a una mesa, en espera de compartir risas, sueños y esperanzas.

También esta ese aroma dulce hasta empalagar de la profesora de física en la preparatoria, siempre que lo percibo, recuerdo el martirio de sus clases llenas de este almizcle que a mí, me provocaba las náuseas, y a mis compañeros risas incansables al ver mi rostro torturado. Hasta que un día la profesora misma se dio cuenta de ello y solo cambio a otro 1% menos dulce. Eso fue razón suficiente para que mi enamoramiento tácito no prosperara.

Hay aromas para todos los recuerdos. Aromas que entrelazan abrazos, felicidad, besos y costumbres. Yo estoy seguro de que entre el día a día, entre tanto y todo, hay un aroma que les recuerda lo feliz que fueron, lo dichosos que se sintieron o lo risible de una anécdota, y ojalá que en medio de todo eso, siempre podamos inhalar y sonreír.

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JUKEBOX.

JUKEBOX.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

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La música es alegría. Es el modo en que el ser humano tiene de expresar pasiones, dolor, felicidad o sueños. Y es en la música, donde encontramos también un escape de todo.

Mi abuela solía decir que con muy poco se puede ser feliz, y ella pasaba mucho tiempo escuchando música. Recuerdo aquel ‘Perhaps, perhaps‘ sonando a diario en aquella sinfonola que habitaba la sala de su casa. Esos eran días felices, ver a la abuela cantar, y sonreír.

Cantamos para aliviar el alma, el espíritu. Cantamos para llenarnos de felicidad o incluso, para expulsarnos un punzante dolor. Atribuimos a la música un poder curativo que sí tiene, pero que poco valoramos.

Musicalizar la vida es un auténtico método para irradiar felicidad. Las mañanitas al cumplir un año más, las coplas escolares moviendo el esqueleto, los modernos acordes en el baile de graduación. Todo es música, y benditos somos por tenerla.

Una copa de vino, un whisky en las rocas. Una tarde lluviosa y una manta entre las piernas. Un libro para escapar o un poema para el alma y de fondo, música, alegrándonos el alma.

¡Con qué poco se puede ser feliz! La abuela tenía razón, sobre todo cuando entre la cocina, mientras se preparaba el café de la tarde, le oíamos entonar ‘Hit the road Jack‘ y no es que supiera inglés, ella sabia que solo se trataba de ser feliz.

—’Esa felicidad se debe compartir’. Nos dijo siempre. Por ello, aquí una pequeña selección de temas que, a experiencia propia, siempre nos hacen sonreír y bailar:

• FEELING GOOD (Nina Simone)
• CAN’T STOP THE FEELING (Justin T.)
• SWEET DREAMS (Eurythmics)
• TRY EVERYTHING (Shakira)
• UPTOWN FUNK (Mark R./Bruno Mars)
• DO IT (Tuxedo)
• ROCK WITH YOU (Michael Jackson)
• A LITTLE PRAY 4U (Aretha Franklin)
• LIVIN’ La vida loca (Ricky Martin)
• I WILL SURVIVE (Gloria Gaynor)

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Pensamiento futuro.

Pensamiento futuro.

«El sol había seguido su curso y las mil ventanas del Ministerio de la Verdad, en las que ya no reverberaba la luz, parecían los tétricos huecos de una fortaleza. Winston sintió angustia ante aquella masa piramidal. Era demasiado fuerte para ser asaltada. Ni siquiera un millar de bombascohete podrían abatirla. Volvió a preguntarse para quién escribía el Diario. ¿Para el pasado, para el futuro, para una época imaginaria? Frente a él no veía la muerte, sino algo peor: el aniquilamiento absoluto. El Diario quedaría reducido a cenizas y a él lo vaporizarían. Sólo la Policía del Pensamiento leería lo que él hubiera escrito antes de hacer que esas líneas desaparecieran incluso de la memoria. ¿Cómo iba usted a apelar a la posteridad cuando ni una sola huella suya, ni siquiera una palabra garrapateada en un papel iba a sobrevivir físicamente?

En la telepantalla sonaron las catorce. Winston tenía que marchar dentro de diez minutos. Debía reanudar el trabajo a las catorce y treinta. Qué curioso: las campanadas de la hora lo reanimaron. Era como un fantasma solitario diciendo una verdad que nadie oiría nunca. De todos modos, mientras Winston pronunciara esa verdad, la continuidad no se rompía. La herencia humana no se continuaba porque uno se hiciera oír sino por el hecho de permanecer cuerdo. Volvió a la mesa, mojó en tinta su pluma y escribió:

Para el futuro o para el pasado, para la época en que se pueda pensar libremente, en que los hombres sean distintos unos de otros y no vivan solitarios… Para cuando la verdad exista y lo que se haya hecho no pueda ser deshecho:

Desde esta época de uniformidad, de este tiempo de soledad, la Edad del Gran Hermano, la época del doblepensar… ¡muchas felicidades!»

-1984
George Orwell.
El quién y para qué.

El quién y para qué.

«Callarse es dejar creer que no se juzga ni se desea nada y, en ciertos casos, es no desear nada en efecto. La desesperación, como lo absurdo, juzga y desea todo en general y nada en particular. El silencio la traduce bien. Pero desde el momento en que habla, aunque diga que no, desea y juzga. El rebelde (es decir, el que se vuelve o revuelve contra algo), da media vuelta. Marchaba bajo el látigo del amo y he aquí que hace frente. Opone lo que es preferible a lo que no lo es. Todo valor no implica la rebelión, pero todo movimiento de rebelión invoca tácitamente un valor. ¿Se trata por lo menos de un valor?»

-El hombre rebelde.

Albert Camus.