
«Cuando le dije que había comprado los boletos, pensó que era una extravagancia; pero el dinero ya se había gastado y ella no permitiría que un arrepentimiento le echara a perder el placer de asistir a la función».
De nieve a lodo.
Joseph H. Cole.

«Cuando le dije que había comprado los boletos, pensó que era una extravagancia; pero el dinero ya se había gastado y ella no permitiría que un arrepentimiento le echara a perder el placer de asistir a la función».
De nieve a lodo.
Joseph H. Cole.

«Hay muchas cosas que necesitan reparación ahora. Hay muchas cosas que están a punto de derrumbarse. Henrik, por ejemplo, siempre pensó que era culpa de la mujer, porque a uno le daba la impresión de que una de las cosas que a ella más le gustaban de Morten era que no fuera suficientemente bueno. A Morten no debía de resultarle fácil estar casado con una persona que siempre estaba buscándole el horizonte a cualquier cosa».
Sacrificio Mutuo.
Dorthe Nors.

«»Vete tú, mi parte yo ya la tengo». Ay, Stine, ¡amorío! Créeme que de eso no se muere naides, ni siquiera cuando termina mal. No, no, Stine, un amorío no es gran cosa, un amorío en realidad no es ná. Pero, cuando se mete aquí —y señaló el corazón—, entonces se vuelve algo, entonces se vuelve asqueroso».
Güija con la Stasi.
Sarah Khan.
AFORISMOS
«El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable».
Jaime Sabines

Anna volvió a encender la lámpara y, de nuevo, contemplando la imagen, se sintió atraída por la expresión de aquellos ojos. ¿Ella también, por tanto, había sufrido realmente por él? ¿Ella también, al darse cuenta de no ser amada, había sentido aquel vacío angustioso?
—¿Sí? ¿Sí? —Anna, ahogada por el llanto, le preguntó a la imagen.
Y entonces le pareció que aquellos ojos buenos, apasionados, la compadecían a su vez, se apiadaban de aquel abandono, del sacrificio no retribuido, del amor que quedaba encerrado en su pecho, como un tesoro en un cofre, del cual su marido tenía las llaves, que —avaro— no utilizaría jamás.
-Con otros ojos
Luigi Pirandello
• MINIFICCIÓN •
Soy un Adán que sueña con el paraíso, pero siempre me despierto con las costillas intactas.
• MINIFICCIÓN •
Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte.
• MINIFICCIÓN •
Había escrito cien veces: Te quiero. Escribió con trazo firme, caligráfico. Con esa paciencia y minuciosidad que ponen los náufragos en todo lo que emprenden, intuyendo que, probablemente, cuanto les queda es todo un pasado por delante. Escribió un «te quiero» por hoja, una botella por papel, un mensaje por botella: cien botellas en total. La respuesta llegó dos meses después arrastrada por las olas hasta la orilla, dentro de otra botella. El mensaje era claro, conciso, breve y letal: No insistas, decía.
• MINIFICCIÓN •
Para implorarle que vuelva a casa se ha cortado una oreja y se la ha hecho llegar con una nota escrita a mano: «Si no es contigo, no merece la pena escuchar el canto de los pájaros». Como no ha conseguido ablandar su corazón, se ha cortado una mano y se la ha enviado, con otro mensaje: «Puedo vivir sin manos, pero no podría hacerlo sin ti». Por fin, unos días después ha llegado la esperada respuesta. Era una cajita. Dentro solo estaban sus ojos y una nota que decía: «No quiero volver a verte nunca más».