Cosa de la fogosidad.

Cosa de la fogosidad.

«El corcho saltó en el momento preciso en que entraba la madre con cinco copas de champán en una bandeja. ¿Qué se festeja?, dijo la abuela. Un casamiento, dijo la madre. ¡Un casamiento! La abuela, muy emocionada, juntó las palmas a la altura del pecho. ¿Vos sos la novia?, le dijo a Griselda. Sí, abuela, dijo Griselda. Ay, hija, daría cualquier cosa por estar en tu lugar. Griselda se rió. No te rías, hija, vos todavía ni te imaginás lo que es estar entre los brazos de un hombre que te hace volar por… ¡Por favor!, dijo el padre, hacé callar a tu madre y brindemos de una vez. Llenó las copas. ¡Leo!, llamó la madre. Le dio una copa a Griselda y otra a la abuela que ahora explicaba lo que es sentir las manos de tu hombre en las partes más prohibidas de… ¡Por favor, mamá!, la interrumpió la madre, tranquilizate un poco que tenemos que brindar».

-𝐀𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐛𝐨𝐝𝐚
𝐋𝐢𝐥𝐢𝐚𝐧𝐚 𝐇𝐞𝐤𝐞𝐫

Cosa de un afán.

Cosa de un afán.

«Se dio cuenta con gran tristeza y desencanto que aquel hermoso juego de liberación la había cansado y que no quería saber ya ni de la boda, ni de José Juan, ni de nada. Empezó a sentir disgusto cuando oía que llegaba, lo cual hacía varias veces durante el día, con el pretexto de consultarle alguna cosa. Comenzó a chocarle su voz, el leve beso que le daba al despedirse por las noches, los labios fríos y húmedos, su conversación: «la casa, las cortinas, las alfombras, la casa, los muebles, las cortinas…» Ella no podía más, ya no le importaba salvarse o padecer toda la vida. Sólo quería descansar de aquella tremenda fatiga, de ir todo el día de un lado a otro, de hablar con cien gentes, de opinar, de escoger cosas, de oír la voz de José Juan… Quería quedarse en su cuarto sola, sin ver a nadie, ni siquiera a su madre y a Clara, estar sola, cerrar los ojos, olvidar todo, no oír ni una palabra, nada, “la casa, los muebles, las alfombras, la ropa blanca, las cortinas, la casa, la modista, la vajilla…”».

-𝐋𝐚 𝐜𝐞𝐥𝐝𝐚
𝐀𝐦𝐩𝐚𝐫𝐨 𝐃𝐚́𝐯𝐢𝐥𝐚