Desperado.

Desperado.

«—A ver: ¡Trabajo! ¡Trabajo! ¿Pero qué ofrece usted a cambio?
El hombre suplicante era todo ojos.
¡Mi tiempo! ¡El sudor de mi frente!
—No es suficiente, eso lo ofrecen todos… a ver qué más ofrece.
El hombre en busca de trabajo temblaba como un pequeño pájaro en medio de la nieve, pero sacó fuerzas de su necesidad y adoptando un gesto de dignidad, respondió:
—Tengo dos pulmones, puedo ofrecer uno a quien me dé trabajo.
—Bueno… eso ya es otra cosa… a ver, estudiaremos su caso… ahora a esperar la carta, la recibirá en breve, y apártese que hay mucha gente a la que debo atender. ¡Que pase el siguiente!
Este tipo de cosas hizo que las oficinas de empleo pronto se convirtieran en un lugar insalubre. Densas nubes de moscardones merodeaban constantemente entre las bolsas en las que se guardaban visceras, ojos, piernas… de todos aquellos que buscaban trabajo».

-Oficina de empleo
Julia Otxoa.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s