Kajal kuxlejal.¹

Kajal kuxlejal.¹

«¡Qué alrededor tan inmenso! Una llanura sin rebaños donde el único animal que trisca es el viento. Y cómodo se encabrita a veces y derriba los pájaros que han venido a posarse tímidamente en su grupa. Y cómodo relincha. ¡Con qué libertad! ¡Con qué brío!
Ahora me doy cuenta de que la voz que estado escuchando desde que nací es ésta. Y ésta la compañía de todas mis horas. Lo había visto ya, en invierno, venir armado de largos y agudos cuchillos y traspasar nuestra carne acongojada de frío. Lo he visto en verano, perezoso, amarillo de polen, acercarse con un gusto de miel silvestre entre los labios. Y anochece dando alaridos de furia. Y se remansa al mediodía, cuando el reloj de Cabildo da las doce. Y toca las puertas y derriba los floreros y revuelve los papeles del escritorio y hace travesuras con los vestidos de las muchachas. Pero nunca, hasta hoy, había yo venido a la casa de su albedrío. Y me quedo aquí, con los ojos bajos porque (la nana me lo ha dicho) es así como el respeto mira lo que es grande.
—Pero qué tonta eres. Te distraes en el momento en que gana el papalote de tu hermano».

Balún Canán, Rosario Castellanos.

¹Tzeltal, para vivir en lo alto.

Kuxlejal.¹

Kuxlejal.¹

«Apiádate de sus ojos. Que no miren a su alrededor como miran los ojos del ave de rapiña.
Apiádate de sus manos. Que no las cierre como el tigre sobre su presa. Que las abra para dar lo que posee. Que las abra para recibir lo que necesita. Como si obedeciera tu ley.
Apiádate de su lengua. Que no suelte amenizada como suelta chispas el cuchillo cuando su filo choca contra otro filo.
Purifica sus entrañas para que de ellas broten los actos no como la hierba rastrera, sino como los árboles grandes que sombrean y dan fruto».

Balún Canán, Rosario Castellanos.

¹Tzeltal, oración de protección.

Sbuki’laltel sti’iki.¹

Sbuki’laltel sti’iki.¹

«—Mira lo que me están haciendo a mí.
Y alzándose el tzec, la nana muestra una llaga rosada, tierna, que le desfigura la rodilla.
Yo la miro con los ojos grandes de sorpresa.
—No digas nada, niña. Me vine de Chactajal para que no me siguieran. Pero su maleficio alcanza lejos.
¿Por qué te hacen daño?
—Porque he sido crianza de tu casa. Porque quiero a tus padres y a Mario y a ti.
—¿Es malo querernos?
—Es malo querer a los que mandan, a los que poseen.
Así dice la ley».

Balún Canán, Rosario Castellanos.

¹Tzeltal, el incisivo dolor que inflingen sus palabras.