Son verdades las heridas.

Son verdades las heridas.

«—¿Sabes cómo haría yo pa’que las gentes valiéramos más?
—¿Cómo?
—Pos si yo juera’l dueño de México, mandaría qu’en los abastos se mataran gentes, y que vendieran sus carnes ¡muncho caras!, como a cinco pesos la libra, hasta que nos gustara comernos.
—¿Y eso pa’qué? —preguntó el tata, mirándolo fijamente.
—Pos ansina ¿no se te afigura que ya no se desperdiciarían gentes? ¿A que en ninguna parte has mirao que se desperdicie un chivo?
—Hombre, pos no…».

Hombres en tempestad.

Jorge Ferretis.

Minientrada

El tren de los muñecos.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

🍸

¿Cuál fue el primer tren del mame? ¿Estuviste ahí? ¿Te unirías? Y luego está la cuestión… Creemos que ir a contracorriente nos hace especiales, y evitamos a toda costa el ola ke ace, como si aquello nos pusiera en un lugar aparte. ¿Cuál es la razón por la que evito estos trenes? No lo sé con certeza. Me gustaría decir que un poco por excentricidad, pero lo cierto es que no todo tiene que llamarnos la atención ni ser significativo. ¿Incluirme a una postura porque todos están ahí? Nah. (Bufido). Pero a veces uno tiene ganas de incluirse a lo que otros hacen, están los que lo hacen para pertenecer y están los que no lo hacen -aunque tengan ganas- justo para excluirse y creer que son mejores. Me gusta creer que estoy en medio. ¿Me estaré haciendo la Vístima?

Y es que la subida a este tren, no sólo te une al viaje (ve tú a saber toda la información que debieron sacarte en la aplicación), sino que además te dollyfica, «español, Ifigenia, español», te muñequea pues…

He aquí mi versión muñequeada:

Alfredo Beltrán León.

🍸

Minientrada

Obediencia Perfecta.

• MINIFICCIÓN •

Cosas de niños.

Cayetano Mingorance García

Déjala a ella que sea pájaro, dijo el padre para zanjar la situación entre hermanos. Mientras sonaba la alarma del horno, hubo tiempo suficiente para subirse al poyete de la ventana.
—¿Estás lista? —Preguntó a su hermana.
—¿Seguro que estas alas de cartón no son muy pequeñas?
—¡Salta! Antes de que vuelva papá.

Miedo y muerte.

Miedo y muerte.

«Un aliento fétido envuelve el rostro de Marie mientras la criatura que la estrangula le empuja la cabeza hasta pegarla a los barrotes.
¿Quién eres, asquerosa fisgona?…
Marie trata de articular una respuesta:
—M… Marie Parks.
—¿Esta cosa habla? ¡Oh, Señor, esta cosa habla!
La criatura empieza a gritar en las tinieblas:
—¡Hermas, he atrapado a Satanás y Satanás me ha hablado!
—¡Arránquele el cuello hermana, no lo deje escapar!
A Marie se le nubla la vista y sus rodillas fallan…»

-El evangelio del mal.

Patrick Graham.

Mátame suavemente.

Mátame suavemente.

«Las orquídeas del contrafuerte habían floreado y de algunas escurría un aroma excesivo, dulce, por un momento semejante al de la vainilla, pero detrás había otra gama casi ponzoñosa, levemente corrupta. Se distinguía el contorno de la ribera opuesta, por algunos manchones que la luna poniente dejaba flotar. Y arriba el puente hacía brillar sus luces mortecinas, y escuchó el silbato del sereno y el eco abovedado de sus pasos.
El miedo, fue un empujón violento del miedo el que lo hizo correr, subir la escalera a tropezones. Se detuvo jadeando en las tinieblas, sin oír mas que los puñetazos de su propio corazón. Al reanudar el paso creyó oír (¿oyó?) un llanto leve (¿o risita mal contenida?) que se mezclaba con la línea melódica constante y poco inventiva de las aguas.
Tardó mucho en dormirse. Cuando lo hizo, regresó el diablo a visitarlo, pero le dio más placer que miedo».

-Las visitaciones del diablo.

Emilio Carballido.

De menos me muero.

De menos me muero.

«Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aun que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.
Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa no se oía mas que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.
Alicia murió, por fin».

-El almohadón de plumas.

Horacio Quiroga.

Minientrada

Sobre vislumbres.

• DESCANSAMOS LOS MARTES •

🍸

Bizarro Colorido

No es fervor, es atracción, es deseo y es también pecado. Es lo trémulo en piel que agobia. La mirada que no vaga, influye y te construye. Atado por la influencia de su encanto, que emana, que quema, que colorea.

Colorido avanza, crea. Su imagen ilumina, sentella vacíos. Es su porte, es un hilo que no cesa ni de a poco. Es vislumbrar de todo su infinito.

Majestuoso palpita, decorando el iris en ti, de todo. El aura es eterna, aurora. No hay excusa ni tregua, es todo, y es mi vida.
Percibo calor, de amor vapor. Formas deconstruyen paraísos que conoce en mínimos espacios. Brilla y emana como a pausas, aunque seguro de si, de todo. De su aroma, de su color, de su encanto, de su alto colorido.

Marco Mendoza.

🍸