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Martajar.

• MINIFICCIÓN •

Ave tú.

Antonio Segovia

Hoy me he alimentado de plantas cercenadas y trozos de cadáveres de aves chamuscados y descuartizados, todo entremezclado con fluidos de mamíferos, puestos a pudrir en oscuras bodegas hasta solidificar, y de trozos endurecidos de masa de cereal horneados y cortados simétricamente. Salpicado a su vez por un jugo ácido y lechoso en el que las raíces y semillas de diferentes orígenes se mezclaban creando una película resbaladiza. Total: una ensalada César, muy rica.

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Salteamiento.

• MINIFICCIÓN •

Sólo una luz.

Rodo

Una luz muy fuerte me alumbra la cara.
¿Es un deja vu?
No puedo dejar de mirarla…
Sólo sé que es tarde y debo llegar al trabajo. Como todos los días, mi compañero se despide después de una larga jornada y me deja la posta para que continúe atendiendo pequeñas ventas. Controlo el dinero de la caja y miro vidas pasar. Un no cliente exige dinero. Corro y un fuerte sonido perfora mis tímpanos. Una luz muy fuerte me alumbra la cara. Y veo las sombras de mis antepasados que vinieron a recibirme.

De impiedad y sin sentido.

De impiedad y sin sentido.

«—Has hecho los deberes. Veo que no me he equivocado al elegirte. Y quieres saber qué es lo que me ha llevado a hacer lo que hice. Eso no va a ser tan fácil. Tendrás que poner de tu parte. Y leer entre líneas, Carlos, siempre hay que leer entre líneas.
Se colocó perpendicular a la mesa, con los dos brazos apoyados mirando hacia mí, y empezó a hablar como si me dictase —Comencemos.
—Solo un montón de imbéciles, oprimidos y débiles puede dejarse matar así. El mundo está dividido entre quienes matan y quienes se dejan matar, entre lobos y ovejas. Me repugna ver a toda esa gente que critica la fuerza, la capacidad y el orgullo mientras se convence de que sus limitaciones son virtudes. La caridad es la debilidad disfrazada de buena intención.
Somos depredadores y lo vamos a seguir siendo. Seguiré matando, ¿saben por qué? Porque ustedes van a permitírmelo gracias a unas normas que hemos hecho gente como yo para protegernos. Hice todo lo que hice porque sé que en unos años estaré fuera de la cárcel. ¿Diez? ¿Doce? Quizá alguno más. Pero después seguiré con mi vida y si, volveré a matar.
Aquello no iba dirigido a mi, o al menos, no sólo a mí. El hijo de puta hablaba en plural. Estaba intentando utilizarme. Quería mandar sus mensajes. Quería seguir haciendo daño y pretendía que yo le sirviese de ayuda. Había elegido a un novato para usarlo como una marioneta».

-Los lobos no piden perdón

Miguel Conde-Lobato.