Minientrada

Shua.

• MINIFICCIÓN •

¡Arriad el foque!

Ana María Shua

¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entre tanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio.

Vitiis nemo sine nascitur.

Vitiis nemo sine nascitur.

«Mi madre procedió a odiarla casi de inmediato. Odió su belleza diferente y salvaje, la aristocracia no comprada de sus gestos y, lo supe con los años, la odió especialmente por ser quien era. Mónica era la consecuencia real de una abstracción cometida por mi padre tiempo atrás con una mujer de provincias».

El único privilegiado.

Rodrigo Fresán.

Edades Oscuras.

Edades Oscuras.

«Oscar cayó al suelo, con la damajuana abrazada a su cuerpo; no podía creer lo que observaba: el gas salió despedido y en forma de nube cubrió el sendero. Al disiparse apareció ante sus ojos una figura gigantesca: bastante más de dos metros de alto, piel negra, turbante en la cabeza, pequeña barba en la pera y un largo y fino bigote estilo Salvador Dalí; su torso desnudo, al igual que sus piernas, y un mawashi —cinturón utilizado por los luchadores japoneses de sumo— cubría su cintura. Sus pies se confundían con la niebla que salía del recipiente; parecía no necesitarlos, pues… ¡flotaba!».

El liberador.

Juan Luis Henares.

Dime la verdad.

Dime la verdad.

«A veces ella llora cuando está junto a él y le dice que lo que teme, que lo que más teme, es que esa historia de amor no acabe, que se interrumpa cuando él se marche, si es que algún día se marcha, y no se acabe como debería acabarse, cuando los dos mueran y con ellos muera su memoria de lo que hicieron y de lo que amaron».

La cosecha.

Patricio Pron.

Juegan con mi voluntad.

Juegan con mi voluntad.

«Una vez le habías dicho, cuando aún eras un niño: «¿No crees que debería haber una escuela para quienes son como yo?». «¿Quiénes?» preguntó ella, y tú respondiste: «Los desesperados, los aburridos, los que están enfermos, los que no tienen nada, los que no son comprendidos»».

Tu madre bajo la nevada sin mirar atrás.

Patricio Pron.

Minientrada

Salteamiento.

• MINIFICCIÓN •

Sólo una luz.

Rodo

Una luz muy fuerte me alumbra la cara.
¿Es un deja vu?
No puedo dejar de mirarla…
Sólo sé que es tarde y debo llegar al trabajo. Como todos los días, mi compañero se despide después de una larga jornada y me deja la posta para que continúe atendiendo pequeñas ventas. Controlo el dinero de la caja y miro vidas pasar. Un no cliente exige dinero. Corro y un fuerte sonido perfora mis tímpanos. Una luz muy fuerte me alumbra la cara. Y veo las sombras de mis antepasados que vinieron a recibirme.

¡A papá mono con bananas verdes!

¡A papá mono con bananas verdes!

«Le consiguió trabajo en un diario. «Vos querías escribir», le dijo. Él se ofendió, no quería trabajar, pero tampoco supo decir que no. Tres meses después dijo su madre que ya era tiempo de buscarse un lugar donde vivir. Una casa o un departamento. Esteban se ofendió un poco más».

Hogar de madre.

Mariano Quirós.